Paco Griéguez, un deportado murciano

Murcia rinde homenaje a Paco Griéguez, uno de esos murcianos deportados a los campos de exterminio nazis que aún sobrevive

e-mail de Murcia
Diego Jiménez
Miembro de la Asociación Memoria Histórica de Murcia

Una de las deudas pendientes de la democracia, para restaurar la Memoria y la compensación a las víctimas del fascismo, es el homenaje a los miles de españoles que, desde territorio francés, fueron deportados a los campos de exterminio nazis. Para darnos una idea de lo que supuso aquel infierno para muchos republicanos, cabe decir que de las 10.000 personas deportadas a esos campos de la muerte, sobrevivieron menos de la mitad. La Región de Murcia aportó 520, y sólo sobrevivieron 235, entre ellas, 32 de Murcia capital.

Paco Griéguez y su mujer, con el autor de la crónica

El pasado día 29 de junio, el pleno del Ayuntamiento de Murcia, a instancias de la Asociación de Memoria Histórica de la ciudad, aprobó por unanimidad de todos los grupos políticos una declaración institucional en homenaje y recuerdo a los 85 murcianos de la capital deportados a esos campos de exterminio nazis, desde 1941 hasta la liberación de los mismos, en mayo de 1945. El acuerdo municipal incluye la colocación de un monolito, en un lugar por determinar, y el homenaje a uno de esos murcianos que aún sobrevive: Francisco Griéguez Pina (Paco, para los amigos), que junto a su mujer, Juana, vive en una pequeña localidad del sureste francés, Gardanne, cercana a Marsella.

Aprovechando mi viaje por tierras francesas, decidí acercarme para conocerle personalmente. Paco nos esperaba. Al llegar, una sorpresa: la placa honorífica que la Asociación de Memoria Histórica de Murcia le había remitido, que incluía una leyenda en reconocimiento a la resistencia y lucha de este superviviente del genocidio nazi contra el fascismo, se encontraba allí, sobre la mesa del salón de la casa. Tras el saludo, el intercambio de regalos fue mutuo: en el transcurso de la conversación, Paco me obsequió con libros personales sobre ese campo del horror que quería que yo custodiase. Uno de ellos, Histoire de Mauthausen, del deportado José Borrás, una edición especial para él de junio de 1989. Nuestro regalo fue una simbólica bolsa de limones de la huerta murciana.

Al estallar la Guerra, y con apenas 18 años, Paco se alista voluntario en el Ejército republicano, en la compañía Ángel Pestaña, donde, según me cuenta, coincidió con varios jóvenes de Bullas. Luchó en la batalla del Jarama, que, según él, fue un infierno en el invierno, por el barro y el frío.

Tras la caída de Barcelona en febrero de 1939, comienza el éxodo imparable de civiles y militares republicanos a territorio francés. Más de medio millón de personas (entre ellas, el poeta Antonio Machado y su madre) son recluidos, más que alojados, en campos de triste recuerdo, inicialmente sin barracones, al aire libre, en Argèles sur Mer (foto superior), en Saint Cyprien, en Le Barcarès, y otros.

Paco estuvo en estos dos últimos. Pronto, sin embargo, se enrolaría en el Ejército francés. Tras la ocupación nazi de Francia, fue hecho prisionero, pero, en castigo a su condición de republicano, es conducido, como muchos otros, al campo de Mauthausen, donde permaneció cuatro años, hasta su liberación en mayo de 1945.

La conversación transcurre en el salón de su casa, con Paco sentado sobre el sillón, porque, me dijo, “me fallan las piernas, aunque no la cabeza”. Va a cumplir los 99 años el próximo octubre, pero conserva gran lucidez mental, una memoria envidiable y hace gala de un contagioso buen humor. Sus vivencias de ese campo del horror se entremezclan con otras más gratas, como cuando recordaba, con un halo de nostalgia, su trabajo de joven en aquella juguetería de la calle de la Aurora, de Murcia, o su traslado al Ranero, desde Fortuna, tras la muerte de su padre, guardia civil.

“Hoy, a más de setenta años de aquella experiencia, aún tengo pesadillas. Sueño con ese campo”, confiesa con la voz entrecortada por la emoción. Califica de ‘animales’ a los jóvenes miembros de las SS. Un día estuvo a poco más de dos metros de Heinrich Himmler, líder nazi que, junto a Ramón Serrano Súñer, colaboró en el acercamiento diplomático de Alemania y la España de Franco.

Prisioneros en Mauthausen

Según Paco, el paso que mediaba entre la muerte en Mauthausen o la supervivencia tenía que ver con la fortaleza física y mental, un destino afortunado, fuera de la horrible cantera que tantas víctimas ocasionó, o la suerte de no ser uno de los elegidos para la tortura en público y el ajusticiamiento delante de los demás. Recuerda varias cosas más: que, al abandonar Mauthausen su peso era de 35 kilos; la triste suerte que le cupo a un oficial ruso, asesinado como muchos otros, con un método infalible: a veinte grados bajo cero, se le roció con agua tibia y allí, inmovilizado, apareció convertido en una estatua de hielo al día siguiente…junto con otros recuerdos más agradables, como la buena comida en el hotel de París, donde fueron conducidos tras su liberación, en contraste con la escasez del pueblo parisino, por lo que no dudaron en ofrecer bocadillos a esos hambrientos habitantes; la exigencia de una ración de tabaco bueno, pues el que les ofrecían era de picadura; su destino casual, sin conocer francés, como encargado en una fábrica de Marsella…

Imposible relatar dentro de los límites de un artículo como éste todas sus experiencias, pero sí destacar las dos cosas le emocionaron especialmente: recibir la placa honorífica de la Asociación de Memoria Histórica y nuestra visita. También dejó constancia de la satisfacción que le produjo la llamada del alcalde de su ciudad de origen, Murcia. Pero hay mucho que hacer todavía.

Tras mi encuentro con Paco, visité el recientemente inaugurado Memorial del Campo de Argèles sur Mer. Olga, la responsable de la exposición, comentó detalles de la iniciativa de ese pequeño municipio francés para que la Memoria de tantos y tantos deportados republicanos no quede en el olvido. El Ayuntamiento de Murcia, como otros del resto de España, ha empezado a dar pasos en ese sentido. Pero queda pendiente que el Estado se digne, algún día, homenajear a las víctimas del fascismo.

2 pensaments a “Paco Griéguez, un deportado murciano”

  1. Así es, amigo José, la emoción del encuentro aún me dura. Paco es un testimonio vivo del horror y un alegato contra la ingnominia, el olvido y el desprecio de las clases dominantes hacia todo lo que suponga el evitar enterrar la Memoria.

  2. Relato necesario para mantener la memoria de lo que nunca hubiera tenido que pasar. Gracias Paco por tu testimonio, tu generacion que sufristeis lo indecible se va extinguiendo por ley de vida, pero la memoria nos queda para continuar la lucha por la vida. Gracias

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *