“Yo también soy Nemtsov”

EEA35C09-3AEF-4AEB-AFC7-25E090820BDB_mw1024_s_n
El líder opositor y ex viceprimer ministro ruso Boris Nemtsov, asesinado en Moscú, reconoció en una entrevista reciente que “temía” al presidente ruso, Vladimir Putin, por su fuerte oposición al posicionamiento del Gobierno en el conflicto ucraniano, contra el que había convocado una manifestación

Santiago Vilanova
Periodista, presidente de la asociación Una Sola Terra

“Je suis Charlie”. Este eslogan globalizado, creado por el grafista francés Joachim Roncin a raíz del criminal atentado contra los dibujantes del semanario Charlie Hebdo, se ha empleado también para reivindicar la libertad de expresión en Rusia. Hacer política de oposición radical, practicar el periodismo de investigación y escribir de forma crítica contra el presidente Vladímir Putin comporta un grave peligro. En los últimos años hemos visto como periodistas valientes y tenaces como Anastasia Baburova y Anna Politkóvskaia eran víctimas de las mafias incontroladas que se relacionan con el Servicio Federal de Seguridad (FSB), estructura que sucedió a la temible KGB.

le-kgb-pouvoirEl poder de Putin es absoluto y omnipresente, y lo ejerce con interés sobre los medios de comunicación, los intelectuales y los escritores, especialmente sobre quienes denuncian la corrupción en los sectores estratégicos de la economía, como el energético. El historiador Thierry Wolton, especialista en el mundo comunista, autor de La KGB au pouvoir (Buchet/Chastel, París, 2008) analizó los principales motores de la economía rusa y constató que Putin había colocado a fieles agentes del KGB dirigiendo la mayoría de las empresas públicas: Gazprom (gas); Rosatom (holding de la energía nuclear al que se incluyen Atomenergoprom, Tvel y Tejsnabexport); Rosneft (petróleo); RAO-EES (electricidad); Alrosa (diamantes); Transnefteprodukt (oleoductos); Aeroflot (aviación) y Almaz-Anteï (armamentos), entre otras.

Borís Nemtsov, el copresidente del Partido Republicano (RPR-Parnas), asesinado por la espalda a tiros cuando se dirigía a su domicilio paseando acompañado de la modelo ucraniana Anna Duritskaia, era un político disidente muy bien informado y con buenos contactos en algunas de estas empresas. Era físico y crítico con el desarrollo de la energía atómica en su país y con los contratos de tecnología nuclear rusa que Putin había firmado con Irán, Egipto (recientemente) y con otros países árabes.

En 1986, tras el accidente de Chernóbil, lideró un movimiento que logró impedir la construcción de una central atómica en su ciudad NIjni Novgorod (Gorki). En 1997, después de ejercer como gobernador de su provincia,  Borís Yelsin le encargó la cartera de Energía. Sin embargo su meteórica carrera se truncó con la entrada en política de Putin, que había ejercido durante cinco años como agente del KGB en Alemania del Este.

En busca de un móvil que justifique el atentado se ha escrito en la prensa internacional que Nemtsov acumuló pruebas sobre la implicación de Rusia en la Guerra de Ucrania y que se disponía a publicarlas. Es una hipótesis. Pero Putin es aún muy popular para que le pudiese afectar esta denuncia. Yo más bien opino que sus esbirros provenían de alguna mafia vinculada al sector energético o al FSB.  Uno de los cinco presuntos detenidos, el checheno Zaur Dadayev, confesó ser el autor y que lo hizo a raíz de las manifestaciones efectuadas por el político a favor de Charlie Hebdo y por sus críticas al islamismo. Días después declaraba que lo había afirmado bajo amenazas y torturas.

9788490341049La forma que Nemtsov fue abatido, en una zona oscura de una avenida cerca del Kremlin, por unos disparos efectuados con una pistola makarov, me  transportan al inicio y final de mi última novela L´ull blau de Sibèria (Cossetània, 2013), en la que describo mi visión de la economía rusa, un “capitalismo de Estado” dirigido por ex agentes de los servicios secretos. El protagonista, un consultor ambiental ambicioso, que logra una información científica privilegiada relacionada con la biodiversidad del lago Baikal, es asesinado por la mafia rusa cerca del Kremlin. El académico ruso que ha colaborado con él aparece muerto en el río Moscova bajo el puente Borodinski, no lejos del lugar donde produjo el atentado a Nemtsov.

Mi novela fue traducida al ruso por encargo de una editorial siberiana pero finalmente fue rechazada por un comité de redacción y por un “ecólogo” (cuya identidad no se me facilitó) por considerarla llena de estereotipos y clichés “pseudorusos”. Se me negó la verosimilitud de la intriga expuesta y a la vez se me pidió que revelase los nombres del limnólogo y del ecólogo de Akademgorodok, la Ciudad de los Científicos cercana a Novosibirsk, con quienes me había entrevistado (acompañado de un periodista de la Novosti). Decirlo les hubiese comportado, tal vez, una represión política y académica. Decidí no responder a la “amable petición” de mis censores.

L´ull blau de Sibèria, dedicada a la defensa del Baikal, patrimonio de la Humanidad, probablemente no será publicada en Rusia mientras esta inmensa nación, de alma literaria, no sea democrática y no termine con la criminalidad contra la libertad política y de expresión. “Yo también soy Nemtsov”

 

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *