Vuelve la guerra del tranvía

El paso del tranvía por la Diagonal de Barcelona no es una cuestión técnica, sino política. 

M. Eugenia Ibáñez
Periodista

Dejemos las cosas claras. La polémica en torno a la prolongación del tranvía por la Diagonal no es una cuestión técnica. No lo ha sido nunca y tampoco lo será en la nueva etapa abierta tras la presentación del estudio informativo redactado por la Autoritat del Transport Metropolità (ATM).

La guerra del tranvíaIngenieros y arquitectos se pueden poner de acuerdo con cierta rapidez sobre la mejor de las cuatro alternativas presentadas, que podrían ser seis o tres, tanto da, porque ese no es el tema. El único problema que a lo largo de más de veinte años ha mantenido ese incomprensible trazado del tranvía, cortado en el tronco central de la Diagonal, justo donde es más necesario, ha sido el miedo.

Miedo a limitar los sacrosantos privilegios del coche privado, temor a la presión mediática, sumisión ante el lobby de la industria automovilística e incapacidad de cuatro alcaldes, hasta ahora, para convencer a la sociedad de que el futuro de Barcelona merece algo mejor que tener su eje central convertido en una dura autopista urbana. Esos han sido los motivos que han convertido el trazado del tranvía de la Diagonal en un proyecto incompleto, sumados, además, al hecho de que media docena de consistorios barceloneses olvidaron que habían sido elegidos para tomar decisiones destinadas al bien general de los barceloneses.

Ada Colau y su equipo de gobierno se van a encontrar de nuevo con las mismas barreras, con el lobby de coches y motos encabezado por el RACC, con la presión mediática, con estudios que intentarán demostrar que el tranvía es un atraso, con técnicos que descalificarán a otros técnicos y con un consistorio que va a poner muy difícil sacar adelante esa prolongación del tranvía. Pero los concejales que voten en contra deberán explicar también qué debe hacer esta ciudad para poner freno a la contaminación, al CO2, en episodios críticos medioambientales; cómo Barcelona tiene que iniciar el proceso para liberarse de la presión del vehículo privado y cómo el tráfico rodado deja de convertirse en un peligro para la salud pública. Y esos concejales, después de explicar todo lo anterior, que voten.

La prolongación del tranvía no será la solución a todos los problemas, por supuesto, no somos incautos, pero sí puede convertirse en el punto de partida de políticas de movilidad y medio ambiente más ambiciosas y eficaces que las que Barcelona ha tenido en los últimos años. No será fácil, pero eso ya lo sabemos.

 


Si la lectora o lector quiere saber más sobre el asunto, puede leer Barcelona y su tranvía interruptus, de la misma autora, publicado anteriormente en La Lamentable

5 pensaments a “Vuelve la guerra del tranvía”

  1. Es especialmente lamentable el papel de la oposición en este caso en el que para ser consecuentes con su postura y en el probable caso de que lleguen a la alcaldia un dia, tendrán hipotecada su actuación en este tema. Nada bueno para Barcelona.

  2. Completament en desacord, el tranvía es una inversio faraónica que es pot substituir per autobusos electrics, sense despeses de infraestructura i d’igual o menor consum. Algu sap el que pesa un tranvía i la energía que es necessita per a moure’l? Compareu amb un autobús i veureu que contamina mes. És curios que es demonifiqui el lobby de cotxes i en canvi ni s’anomena als dels fabricants de tranvies ni als que exploten les xarxes

  3. Completament d’acord M.Eugenia el tramvia per a la Diagonal es politic.
    Amb el tramvia es posen les bases per un canvi de paradigma de mobilitat on el cotxe privat de combustió deixara de ser anfitrió per a pasar a ser invitat

  4. Estoy completamente de acuerdo con la afirmación de la articulista de que el paso del tranvía por el tramo central de la Diagonal siempre ha sido un problema político, no técnico. ¿Quién puede dudar, además, de la necesidad de unir los dos ramales del tranvía para favorecer la movilidad de la ciudadanía? Ahora o nunca.

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