‘La torera’, Josefa Carril

 

Viejas colegas. Fotógrafas pioneras nacidas en el siglo XIX

 

La fotógrafa Colita ha realizado una investigación durante cuatro años sobre mujeres fotógrafas pioneras en el mundo. Periódicamente ofrecemos algunas de las biografías realizadas, por su curiosidad e interés, en las que nos muestran a todo un abanico de mujeres que hicieron de la fotografía un medio de expresión tanto artística como documental en los inicios de esta nueva técnica y que muchas de ellas utilizaron para dejar constancia de sus vidas. En entregas anteriores, la Condesa de Castiglione, Abbot Verenice, Maynard Hannah y Josefa Carril (en la foto).

LA TORERA 2º
‘La Torera’, Josefa Carril

Colita
Fotógrafa

En Oviedo, España,  y en el Campo de San Francisco , se encuentra una escultura en bronce, de mas de 300 kilos de peso, dedicada a Josefa Carril, apodada “La Torera” por calzar siempre  manoletinas taurinas. Su sobrenombre pudo venir también  porque en una ocasión fue a la plaza de toros y pidió que le dieran las llaves de los toriles “para abrir al toro”.

Era una mujer corpulenta, llevaba una bata  larga y en invierno, una toquilla de lana. Era muy popular en Oviedo  y muy querida por los niños, porque  para fotografiarlos, los subía a un caballito de cartón. Incluso la nieta de General Franco, Carmencita, posó para la Torera, subida a su caballito.

La estatua del escultor Mauro, de estilo realista y tamaño natural, está instalada en el mismo lugar donde Josefa y su marido Antonio Hernández realizaban sus fotografías con  la cámara “minutera”,  y se instaló en Oviedo el año 2002.

Josefa, posa junto a un caballito, su cámara, el trípode y una silla, sonríe, y uno de sus brazos se introduce en la manga negra por donde se manipulaba en el mini-laboratorio. Un cubo de agua cuelga bajo el trípode.

Antonio, su marido, era hijo de una familia de comerciantes naturales del Escorial, que se instalaron en Oviedo donde abrieron un bazar.

No sabemos la fecha exacta de sus nacimientos,  solo que se produjeron a finales del siglo XIX. En todo caso, el minutero  fue un sorprendente invento para la época, y nació  con las mejoras técnicas de la copia sobre papel desde  un negativo de cristal.

Josefa y Antonio, se dedicaron al oficio de minuteros, fotógrafos ambulantes  cuyos clientes  pertenecían a la clase popular que no podía permitirse una fotografía de “fotógrafo de estudio”. Eran mucho mas baratos y además, más rápidos, de ahí su nombre de “minuteros”, porque al cabo de máximo 15 minutos, el cliente ya tenía la foto en sus manos. El usuario tenía que estar absolutamente quieto durante un minuto, no podía haber espontaneidad ni movimiento, la foto saldría  movida, de ahí el aire serio y solemne de sus poses.

Los “Minuteros” también llamados”  fotógrafos de manga” fueron desapareciendo con la llegada de la fotografía en color, aunque se mantuvieron hasta los años 70.

La mayoría de estos artesanos eran prácticamente analfabetos, y  su única pretensión era la de dar de comer a la familia, y los eruditos estudiosos de la fotografía nunca prestaron atención a esta rama del oficio. Por eso no se sabe cuando empezó, ni donde, ni quien fue el primera que salió a la calle con un cajón  que era cámara, ampliadora y laboratorio. No necesitaba electricidad, solo agua. Además se las construían ellos mismos, eran sus diseñadores, y  todos los cajones  eran piezas únicas. Esto requería conocimientos en óptica, química, carpintería, mecánica etc…

El papel “Afga” era de fácil adquisición, los productos químicos, los compraban a granel, y se hacían ellos mismos las mezclas. El equipo podía ser transportado por una sola persona, y los minuteros, a lomos de un burro, llegaron a los rincones más recónditos de España.

Para muchos, en una economía deprimida en las ciudades, en un medio rural, agrícola o ganadero, los minuteros con su cajón mágico  les ofrecían la posibilidad de  obtener imágenes de su familia; sus mejores clientes eran los niños, los soldados y los novios.

El fenómeno de los minuteros, es mundial, y a pesar de haber sido despreciados por su humildad y falta de ambición artística, han sido una parte importante del legado histórico y cultural de los pueblos, han sido artífices de importantes investigaciones antropológicas e históricas, y en muchos caso, sus fotos son lo único que se conserva de  gran cantidad de lugares y personas de este período.

Por  eso  resulta tan oportuno el homenaje a La Torera, que ahora volverá a tener cientos de clientes , que se sentarán en el caballito o en la silla, junto a ella, para llevarse un recuerdo de uno de los personajes mas populares de la ciudad de Oviedo, y de un monumento único en el mundo, que rinde homenaje  al  aspecto mas humilde de la fotografía.

Información obtenido de la Web del Ayuntamiento de Oviedo.

 

 

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