Venezuela, entre dos modelos (III)

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Paco Vera 
Cooperante en Venezuela

El proceso socio-político que con pericia se enrumba en Venezuela, navega entre aguas turbulentas. La oposición interna apoyada por EE.UU. (quien busca recuperar el control sobre el petróleo venezolano) son poderosos enemigos de la Revolución Bolivariana. La información parcializada de los medios de comunicación privados; el saboteo empresarial a la producción; el acaparamiento de productos; el sabotaje a instalaciones petroquímicas y eléctricas; la dilación en préstamos por la banca privada; los retrasos de navieras en importaciones básicas; la siembra del factor “miedo” anunciando expropiación de vivienda, vehículo o pequeño negocio, etc., dan lugar a un ambiente de confusión en la población que, a su vez, sabe de objetivos cumplidos por el Gobierno Bolivariano.

Algunos analistas hablan de ambiente psicológico de guerra, y en ese contexto, el gobierno venezolano expulsa hace unas semanas a tres altos cargos de la embajada de EE.UU. acusados, con pruebas, por mantener reuniones con grupos venezolanos en torno de estrategias desestabilizadoras en el país.

La legitimidad de la palabra honrada y del proyecto cumplido

La rebelión popular conocida como El Caracazo, en 1989, fue el detonante que marcó etapa y límite, y que diez años después, en 1999, tomó forma con la llegada al poder de una nueva generación cívico-militar encabezada por Hugo Chávez, que lideró la política y los grandes cambios en Venezuela, forjando el carácter a la Revolución Bolivariana.

La razón de fondo por la que el mensaje de la oposición política en Venezuela no cuela en este pueblo indígena, criollo, mestizo y zambo, históricamente sufrido y explotado en su humanidad y en sus recursos, hay que buscarla más allá de los discursos, en la efectividad de los cambios políticos y sociales que, de manera intensiva, se han sucedido en los últimos años en Venezuela, sobre todo en los sectores más empobrecidos de la población. “Al fin un gobierno hace lo que dice, defiende valores éticos, potencia expectativas que el pueblo aspira y facilita recursos para la participación de la gente en planes, proyectos y políticas”, me comentó Doris, vecina y trabajadora de hogar.

Este modo de gobernar no es entendido por la oposición, quizás sea porque no puede, por formación, por antilogía o por intereses creados. Mientras, los cambios avanzan en Venezuela, imparables, con cambios palmarios, evidenciado en la multiplicidad de los servicios y en su eficiencia. Cada vez más, la gente tiene criterio, los debate, hace opinión y la quiere expresar, participa de la nueva economía en proyectos productivos, construye viviendas, se organiza en cooperativas, accede a su formación y al trabajo.

La invasión de los ausentes hasta ahora excluídos

Los “invisibilizados” de la IV República con la democracia representativa durante 40 años en Venezuela: 1958/1998, ahora son reconocidos, se han “visibilizado” y se hacen sentir. Son millones. En las comunidades se organizan, se saben oídos y respetados y asumen protagonismos antes negados, de muestran en la movilización social y en la intervención en decisiones culturales, de salud, deportivas, productivas, educativas, de vivienda,etc.

Acaso por eso es que la oposición adversa esta revolución democrática. “Es una democracia demasiado permisiva”, dicen algunos. Siendo fiel a su antropología clasista y a su filosofía de élite, tiene lógica que la derecha no acepte la revolución democrática bolivariana, de hacerlo ¿estaría negando su propia ideosicracia?.

En esa turbulencia la derecha política se mueve, dentro y fuera del país, exhibiendo a la Revolución Bolivariana como un falso, un fraude, un peligro. No le reconoce ningún logro, ni siquiera aquel que la benefician en tanto que empresarios y burguesía, por ejemplo, la reactivación económica o la recuperación de la banca o el rédito petrolero para el país. Con su pensamiento único, esta derecha pudiera estar consiguiendo lo inversamente deseado: que la población se identifique en los logros de las políticas del Gobierno Bolivariano.

La razón de fuerza, es de clase

En el fondo, la causa mayor de la disensión entre oficialismo y oposición radica en un asunto de clases sociales. A la oposición organizada, compuesta sustancialmente por clase media y clase alta del país (bancariamente hablando), acostumbrada por centurias a dirigir y controlar la economía y todo lo que se mueve, le resulta demasiado cuesta arriba digerir que los trabajadores, la gente de barrio, del campo y los indígenas asuman protagonismo político y de gobierno en la economía, la cultura y en las relaciones internacionales.

Al tiempo que, esa misma clase social, haciendo uso de una evidente contradicción, acude en cada comicio electoral -municipal, regional o nacional- a ese pueblo trabajador a pedir su voto, haciéndole, a la vieja usanza, promesas y ofertas. Queda evindenciado, una vez más, que la derecha se quedó en el pasado y que no ha aprendido de la nueva Venezuela.

En general, el pueblo venezolano es usuario consecuente de los servicios y también apoyo vigilante del sistema nacional de salud, educación, vivienda, alimentación, convivencia ciudadana y seguridad, dejando atrás aquel estigma, ideológicamente imbuido, de ser un pueblo pasivo, analfabeta, sumiso al “destino” y naturalmente dependiente.

venezolanosCualquier discurso ya no sirve en Venezuela

Amplias capas de los sectores populares en Venezuela se saben dignificadas, han vencido al analfabetismo, tienen acceso a la educación, han llevado a la mínima expresión la pobreza extrema y siguen combatiéndola, se come tres veces al día y el desempleo que ronda el 7% sigue bajando, conocen la Carta Magna (antes “improcedente”) con sus deberes y derechos.

Hoy es difícil manipular al pueblo venezolano, como se hacía en el pasado. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela es “nuestra Constitución” dicen y la tienen en casa, la sienten propia, los escolares la estudian. Una constitución donde cada mujer y hombre venezolano que quiso aportó su propuesta durante su elaboración. A la población venezolana no le sirve hoy cualquier discurso. Conoce el truco de la promesa. Lo que cuenta son los hechos, la coherencia. La gente tiene memoria, reconoce y discrimina en la perspectiva de un futuro posible. El que dilinque en sus funciones hoy es procesado.

La condición de gente ignorada de una parte sustancial de la ciudadanía venezolana en tiempos pasados -pobladora de cerros, campos y comunidades indígenas-, comparada con la condición protagónica que hoy es Ley, explica la presencia masiva de mujeres y hombres de todas las clases sociales en los Consejos Comunales, en los Consejos Obreros, en los Programas Productivos, en las Misiones Sociales, en las Universidades, en los debates de interés general, donde cada quien encuentra espacio y puede hacer su aporte. Esta dinámica pone marca al modelo: Democracia Participativa y Protagónica.

La democracia gana espacio, aún siendo acechada

La democracia participativa en Venezuela comparada con aquella representativa de años ha, poco tienen en común, las diferencias son contundentes. Por eso resulta fácil captar el rechazo popular a sectores fácticos que pretenden con su discurso reincidir en aquel modelo discriminatorio. Aunque la oposición tenga el apoyo de poderosos grupos empresariales, financieros y de la comunicación, nacionales e internacionales, y golpee flancos sensibles del Gobierno Bolivariano y de la Población, difícilmente hoy por hoy conseguirá desplazar al proceso iniciado ni doblegar la convicción de sus actores. De procurarlo subresticiamente como se ha intentado -fracasando- las consecuencias han de ser demoledoras ¿para quién?.

Por eso mismo, analistas de variopinta ideología dicen, claramente unos y entre susurros otros, que la oposición lo tiene difícil, que por lo menos es muy intrincado lograr el retroceso del proyecto político que hoy distingue a Venezuela, y que quizás por eso es que esa oposición, además de desconocer a los órganos constitucionales del país, se ve señalada en intentos criminales de sabotaje y acude a los caminos grises de la consulta y el apoyo en EE.UU., Colombia, Chile o España, por ejemplo, expresiones contemporáneas de gobiernos con la derecha menos democrática.

La historia se alimenta de hechos y se inscribe en el avance de las sociedades y en las luchas de los pueblos, con sus movimientos sociales y su bagaje de cultura e ideales, y en ese quehacer se encuentra Venezuela, con la mayoría de su pueblo dispuesto a seguir con su revolución y para nada ganado a regresar al pasado oscuro, negador de valores y racista, que propicia el capitalismo y la cultura neoliberal que hoy lo controla.

 

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