Vandalismo

Por M. Eugenia Ibáñez

Es cierto, primero fue un acto incívico, o incluso varios, continuados todos ellos en el uso cotidiano y masivo del metro barcelonés. También acepto que el transporte público es víctima fácil del vandalismo y de la falta de educación y que no es posible colocar a un vigilante en cada vagón ni evitar que los descerebrados de turno la tomen con los espacios comunes que, por el mero hecho de serlo, deberían ser respetados. Ninguna objeción a todo lo anterior, completamente de acuerdo. Pero dicho esto, la persistencia en los vagones de metro de pintadas mal borradas, asientos rayados y garabatos cuya deficiente limpieza no hace otra cosa que dispersar la suciedad, todo eso es desidia, es negligencia por parte de quienes tienen la obligación de ofrecer una imagen correcta del transporte público y hacerlo atractivo y sugerente para todos los usuarios.

Las fotos que acompañan este texto corresponden a vagones de la línea 3 del metro y a lo largo de semanas, quizá meses, han sido el entorno cotidiano de millares de usuarios que no tienen la culpa ni del vandalismo de unos ni de la falta de rigor de quienes debieran corregir el uso incívico de un servicio público. Si el abandono genera más abandono no parece una medida adecuada mantener restos de barbaridades anteriores. Conservar la imagen adecuada del metro es hacer más atractivo el transporte público, es inducir al usuario a utilizarlo, es lanzarle al gamberro el claro mensaje de que no tiene posibilidad alguna de deteriorar una propiedad pública.

Transports Metropolitans de Barcelona debería limpiar y conservar con mayor entusiasmo y eficacia.

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