Valores dudosamente valiosos

Josep Maria Cuenca
Escritor

21-5-2012 (17:50)
Días atrás el noticiario del mediodía de una televisión que carece de interés mencionar hacía saber que en una escuela pública del barrio de Sant Martí de Barcelona se estaba llevando a cabo una iniciativa singularmente llamativa. Por supuesto que de no haber sido llamativa no habría salido en el noticiario. En cualquier caso, lo que cada quisque debe decidir ahora es si la “llamatividad” del asunto es edificante o inquietante (o todo lo contrario de lo contrario). En un esfuerzo por ser más preciso, yo diría que el noticiario hablaba del caso dando a entender que se trataba de una iniciativa maravillosa y digna de emulación. De un valor social, en definitiva.

Por lo visto, en la escuela aludida hay equipamientos en mal estado o inservibles que en la situación actual de anorexización de los servicios públicos no van a ser reparados o repuestos hasta vaya usted a saber cuándo. Ante esta situación, los padres y las madres de los alumnos han decidido que todos ellos deben ponerse manos a la obra y rehabilitar lo que se pueda. Si, por ejemplo, hay alguna pequeña edificación o espacio cuyo estado clama al cielo, padres y madres buscan un albañil que les asesore y, tras un cursillo exprés, ellos mismos resuelven el problema. Y, de paso, también se lo resuelven a nuestros administradores, que de este modo pueden ocuparse, sin distraerse en pequeñeces, de asuntos más enjundiosos que nada tienen que ver con lo público, verbigracia: rescatar un banco en apuros, ver correr escuálidos cochecillos a trescientos km/h al pie del Montseny o facilitar la instalación de un parque temático para ludópatas y horteras en los últimos cuatro campos del Baix Llobregat que aún pueden dar alcachofas y melones.

Sin duda, la iniciativa de padres y madres de la escuela en cuestión ha sido inspirada por muy buenas intenciones. Sin embargo, resultaría de una candidez conmovedora entusiasmarse ante el fenómeno y limitarse a aplaudirlo. Por otra parte, nada hay de desinteresado en la decisión tomada por la AMPA, puesto que lo que están haciendo (y, según parece, van a seguir haciendo en el futuro) beneficia de manera directa, inmediata y exclusiva a sus hijos.

En nuestro disparatado mundo, que ha promocionado lo propio a la categoría de sagrado, los medios de formación de masas (por decirlo a lo García Calvo) y los poderosos no pierden ocasión de elogiar cualquier modalidad de activismo y de trabajo en equipo como actitudes loables en sí mismas. A condición, eso sí, de que dichas actitudes resulten ideológicamente dóciles y, por tanto, no cuestionen en la más mínima medida ninguna relación social y política existente y dominante. Se trata, en realidad, de una mera añagaza compensatoria que pretende “demostrar” positivamente que no es cierto que nuestra sociedad estimule la pasividad, la indiferencia ante los que sufren, la codicia y el sálvese-quien-pueda (es decir, que pretende “demostrar” que no pasa lo que pasa). Se trata, en fin, de un simulacro de movilización desinteresada, de un sucedáneo de resolución cooperativa de problemas que además alimenta la ilusoria creencia de que, poquito a poco, podemos ir mejorando lo que quienes deberían ocuparse de ello dimiten de su responsabilidad. El interés particular es perverso pero también muy hábil y se disfraza una y otra vez de bien común incontrovertible.

Toda inocencia de raíz sentimental, si pasa a la acción, puede resultar devastadora. Ya lo demostró Graham Greene en su excelente novela El americano impasible, y muy pronto lo vamos a volver a ver, precisamente en la televisión que dio la noticia de la escuela que he sacado a colación aquí. Ese canal televisivo celebra el próximo día 27 de mayo una así llamada Marató per la pobresa (la preposición, por cierto, parece inoportuna) que demostrará cuán activos, cooperativos y resolutivos somos los ciudadanos de este país y cuántos valores tenemos. Es una lástima que lo vayamos a olvidar tan pronto como nos pongamos a babear ante alguno de los eventos deportivos que emite esa televisión, los cuales cuestan diez veces más de lo que la Marató recaudará y mil veces más de lo que cuesta rehabilitar equipamientos escolares.

Ahora bien, yo también reivindico mi derecho a la inocencia y al sentimentalismo, así como a no sentirme un inadaptado social, un bicho raro, por lo que estoy dispuesto a cambiar mi opinión acerca del tinglado televisivo del día 27. Me basta con que sus promotores cambien el título de la cosa y la llamen, por ejemplo: Marató contra les causes i els responsables de la pobresa. O, dicho sea de un modo un pelín más largo pero muy clarito: Marató contra els crims econòmics contra la humanitat i contra els criminals que els duen a terme. ¿Pido demasiado?

2 pensaments a “Valores dudosamente valiosos”

  1. No crec que demani massa, clar que no. Ens estem tornant casposos per moments. A mi totes aquestes històries de pares exemplars que es comprometen amb l’escola dels seus fills i fan el que correspon fer a l’administració que és tenir-les en condicions, maratons “per” (i estic d’acord amb això de que la preposició és desafortunada totalment) la pobresa… doncs que sembla que hagin tornat les mongetes amb el Domund i las “cuestaciones para los pobres”, fent sortir al pobre nen o nena al davant de tota la classe per dir-nos que portava la bata foradada perquè a casa seva no tenien diners i elles, tan bones, el deixaven venir a l’escola gratis, mentre el pobret, vermell fins a les orelles i a punt de plorar, es volia fondre i no tornar més… ¡País!

  2. Sense estar en desacord amb el fons (és a dir, hi estic d’acord), penso que cal esperar a veure com està plantejada la jornada del dia 27 a TV3. Mentrestant recomanaria veure o reveure Plácido, de Berlanga. De vegades resulta fàcil criticar actituds passades i no adonar-nos que, simplement, les repetim, amb orgull, actualitzades.

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