Unidos por la resistencia

Ángel Sánchez de la Fuente
Periodista

Con el lema de ¡Aquí están los cantautores!, el próximo 9 de febrero se celebrará en Madrid un recital conmemorativo de los 50 años del primer festival de música popular (folk song) que fue el germen del Grupo Canción del Pueblo (GCP). Elisa Serna, Adolfo Celdrán, Pablo Guerrero, Julia León y compañía proclamarán la pervivencia de los cantautores castellanos y de la cultura de resistencia. Cuando a finales de los 60 nos llegaron a Cataluña (desde donde escribo estas líneas) los primeros ecos de aquello, ya había nacido el movimiento de la Nova Cançó impulsado por Els Setze Jutges desde su fundación en 1961.

El GCP fue como un soplo de aire fresco en aquel panorama semidesértico de la música popular en el idioma castellano, en el que, a mediados de los 60, apenas se divisaban algunos artistas aislados como el incomparable Luis Eduardo Aute, el voluntarioso Manolo Díaz y su Rufo el pescador, popularizado por la entonces combativa Massiel antes del eurovisivo La, la, la, y el muy valioso Nino Sánchez, surgido de provincias. “Yo nací con la posguerra/a la luz de un viejo sol,/ en un barrio salmantino/ de pizarras y latón,” cantaba Nino. Pero, por fin, aparecían unos cuantos jóvenes cantaurores agrupados en torno a la idea de tratar de concienciar al pueblo políticamente anestesiado bajo una dictadura inacabable. Los vínculos entre la meseta y la periferia no tardaron en llegar: unos en lengua castellana y otros en lengua catalana. Pero todos ellos unidos por la resistencia contra el opresor, conscientes de que contra Franco se cantaba mejor.

La premonición de Elisa Serna

La voz solidaria de Elisa Serna resonó en Barcelona como en Madrid, eso sí, a cambio de sufrir una durísima y contumaz represión (sin duda, la cantante más perseguida de la época) por parte del régimen fascista. En 1974, al mismo tiempo que el autodenominado Caudillo comenzaba a entrever su final aquejado de una tromboflebitis, la discográfica catalana Edigsa editó Este tiempo ha de acabar, nuevo título de su primer LP, Quejido, aparecido anteriormente con el sello francés Le Chant du Monde. Resultó premonitorio: el tiempo se le estaba acabando al tirano, aunque todavía quedaban los peores coletazos de las heces en forma de melena que fueron los fusilamientos de septiembre de 1975 plasmados en la canción Al alba por Aute, quien, a pesar de no formar parte del GPC, colaboró ardientemente.

Adolfo Celdrán, uno de los más grandes

Aquel mismo 1975, cinco años después de su estreno con Silencio, nos llegó el Adolfo Celdrán de 4.444 veces, por ejemplo, disco en el que, además de interpretar canciones propias, musicaba a Miguel Hernández, Nicolás Guillén, León Felipe e incluso un texto de mi querido colega periodista Antonio Gómez basado en la lorquiana Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores. El impacto fue tan grande en los círculos musicales que el prestigioso crítico catalán Jordi García-Soler consideró a Celdrán, en la revista Vibraciones, como uno de los más grandes cantautores del momento junto a Paco Ibáñez. Un año más tarde, Celdrán dedicaba un poema a Miguel Hernández en el que, entre otras cosas, decía: “Miguel, aquí nos tienes/ con tu viento y tu canto/ […] Nuestras manos crispadas/ de esperar tanto./ Ven a ocupar tu puesto./ Ven, Miguel, empezamos.”

El llover ‘a cántaros’ de Pablo Guerrero

¿Y qué decir del extremeño Pablo Guerrero y su A cántaros? En Cataluña, un joven de 20 años llamado Lluís Llach había irrumpido en 1968 con L’estaca, que acabaría siendo por antonomasia el himno de la resistencia antifranquista. Algo parecido quisimos ver en el A cántaros guerreriano cuando apareció en 1972. No se empleaba un lenguaje tan beligerante como el utilizado por Llach (“Si jo l’estiro fort per aquí/ i tu l’estires fort per allà,/ segur que tomba, tomba, tomba/ i ens podrem alliberar” ), pero, tal vez más sutilmente, Guerrero también apuntaba al horizonte de la democracia: “Pero tú y yo sabemos que hay señales que anuncian/ que la siesta se acaba/ y que una lluvia fuerte/ limpiará nuestra casa.” Pero para que eso pudiera ocurrir, esta era la condición esperanzada en clave de metáfora: “Hay que doler de la vida hasta creer/ que tiene que llover a cántaros.”

Las rompedoras Madres del Cordero 

Aunque no figuró entre los componentes del Grupo de Canción Popular, en 1969 surgió un invento rompedor llamado Las Madres del Cordero, conjunto capitaneado por el incombustible Moncho Alpuente, que hizo de la sátira y de la desmitificación sus señas de identidad. Aunque duró poco, fue suficiente para marcar un camino en el que la reivindicación política y social (A beneficio de los huérfanos y La niña tonta de papá rico son ilustrativas de ello) no estaba reñida con la ironía y el humor. En Cataluña acababa de hacer su aparición La Trinca, en un principio un playero trío informal que daría que hablar durante 20 años. A diferencia de los Alpuente’s boys, a los trincos les costó bastante ser tomados en serio por los prebostes de la Nova Cançó, quizá porque en un primer momento lo intrascendente de sus letras primaba sobre la trascendencia del difícil momento político (Franco estaba vivito y coleando, como hemos visto al aludir a los cinco fusilamientos de 1975).

Acerca de la aportación de Las Madres del Cordero y su éxito arrollador junto al grupo teatral Tábano y el espectáculo Castañuela 70, Elisa Serna advirtió en 1976, con tanta lucidez como amargura, que los miembros del GCP tenían “una tendencia incurable a trascendentalizar todo” lo que hacían. Y concluía: “Nos dimos cuenta de que Las Madres del Cordero decían lo mismo que nosotros, pero con sentido del humor, con planteamientos que quizá resultaban más adecuados.”

Pues bien, medio siglo después (se dice pronto) de aquel festival del que hemos hablado, tendrá lugar la conmemoración en un auditorio de Madrid que lleva el nombre de un resistente de la clase obrera llamado Marcelino Camacho. Toda una coincidencia plena de simbolismo.

Un pensament a “Unidos por la resistencia”

  1. Muy interesante el reportaje, pero en aquellos tiempos me falta Raimon con aquellos recitales que compartimos juntos en Barcelona.Saludos Teo

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