Una visión ecologista del transporte

Pep Puig
Doctor ingeniero industrial

Para avanzar en el camino hacia una sociedad sostenible es básico dejar clara la diferencia entre los dos conceptos: ‘movilidad’ y ‘accesibilidad’. El primero es un parámetro que mide la cantidad de desplazamientos que las personas o las mercancías realizan en una sociedad. El segundo es una variable más cualitativa que indica la facilidad con que las personas de una comunidad pueden salvar la distancia que los separa de los lugares donde pueden satisfacer sus necesidades o sus deseos.

Hay dos formas contrapuestas para mejorar la accesibilidad. Una primera que identifica accesibilidad con facilidad de desplazamiento y una segunda que lo identifica con proximidad. Según esta segunda forma de entender la accesibilidad, una necesidad o un deseo están tanto o más al alcance cuanto más pequeño y más autónomo pueda ser el desplazamiento que se debe hacer para satisfacerlos. Este enfoque es justamente lo que corresponde a la visión ecologista del transporte. Por tanto, según esta interpretación, la movilidad deja de ser un valor positivo en sí mismo y pasa a ser contemplada como un tributo que la naturaleza y la sociedad deben afrontar para satisfacer las necesidades y los deseos de las personas.

Por tanto, el objetivo central de cualquier política de transporte que quiera basarse en criterios de sostenibilidad deberá ser la ‘creación de proximidad’, que no quiere decir otra cosa que reducir la movilidad motorizada. Toda política y toda actuación (personal o colectiva) que cree proximidad se traducen en una reducción de la pesada carga que los modernos sistemas de transporte tienen sobre el entorno, y al mismo tiempo mejorar la accesibilidad a los lugares donde las personas satisfacen sus necesidades o sus deseos.

moviLa creación de proximidad no es sólo un conjunto de técnicas de planeamiento territorial sino que es a la vez una concepción global de la organización de las relaciones humanas, y también un criterio que puede regir la conducta individual de las personas. Es la primera prioridad de cualquier política de sostenibilidad para encarar la problemática de transporte.

Una vez dejadas claras las diferencias entre ‘movilidad’ y ‘accesibilidad’, se puede entrar a analizar y a debatir cuáles son las técnicas y las tecnologías que hoy la sociedad moderna tiene al alcance para acceder a los lugares donde puede satisfacer sus necesidades y sus deseos, reduciendo la carga que sobre los sistemas naturales tienen los medios de transporte utilizados por las sociedades modernas. Hay una amplia gama de posibilidades: desde acceder a pie o en bicicleta (la máquina más eficiente nunca inventada por la humanidad) hasta disponer de sistemas de transporte públicos eficientes, movidos a base de quemar carburantes limpios y renovables o a base de electricidad obtenida mediante la captación de la energía contenida en los flujos biosféricos (sol, viento, agua).

Moto-electrica-Yamaha-CE-O3

Hoy, las bicicletas modernas permiten acceder a casi todas partes, y con las nuevas bicicletas asistidas con motores eléctricos, incluso lo pueden hacer aquellas personas que se resisten a utilizarlas en lugares de orografía compleja. Y también hay en el mercado motocicletas y scooters con accionamiento eléctrico, que prácticamente no hacen ruido (aspecto relevante en entornos urbanos) y que, al ofrecer la posibilidad de utilización de electricidad ‘verde’ o ‘limpia’, se convierten de hecho en artefactos sin emisiones contaminantes, de la misma manera que lo son todos los vehículos motorizados eléctricamente siempre que la electricidad que utilicen sea producida en sistemas de generación (individuales o colectivos, públicos o privados) basados ​​en fuentes de energía limpias y renovables (solar, eólica, hidráulica, biomasa, etc.).

Otro aspecto importante cuando se tiene que utilizar un vehículo equipado con motor que quema algún tipo de carburante, es el tipo de carburante elegido y la eficiencia de la conversión. Hoy, incluso los vehículos convencionales equipados con motores de combustión, pueden utilizar biocarburantes líquidos o gaseosos con pequeñas modificaciones del motor. Es bien conocido el caso de la empresa Volvo, que ya en los años 70 diseñó y construyó unos pocos prototipos del vehículo motorizado (el modelo LC2000), que consumían sólo dos litros de carburante por 100 km. Y no sólo eso, sino que el motor podía quemar cualquier tipo de carburante y cualquier mezcla de carburantes (tanto de origen fósil, como biológico, incluso aceite crudo, como el que se utiliza para cocinar). Hoy, muchas empresas de coches tienen en catálogo vehículos equipados con sistemas de bi-carburación (gasolina-gas natural) o que directamente queman gas comprimido o licuado, lo que permite la utilización de gas natural de origen biológico (el biogás) que se produce siempre que la materia orgánica (basura, excrementos) se descompone en ausencia de aire (digestión anaerobia). Esto abre la vía a recuperar el biogás que se produce en los vertederos, en las depuradoras, en las granjas, etc. algo que ya se hace en algunos lugares del mundo. Por otra parte, los vehículos equipados con motores diesel, con muy pequeñas modificaciones pueden quemar aceites vegetales crudos o esterificados. El caso del Folkecenter for Renewable Energy en Dinamarca es conocido, entre otros aspectos, porque sus vehículos hace años que funcionan con aceite crudo de colza.

Hoy, conocidas empresas automovilísticas tienen en el mercado coches de accionamiento híbrido (motor de combustión y motor eléctrico), que hacen que se puedan reducir las emisiones contaminantes de forma considerable.

Otra tecnología es el motor de hidrógeno. Ya en los años 80, escasas y pioneras familias del norte de Europa generaban hidrógeno (hidrolizando agua con electricidad eólica o solar) y lo quemaban en vehículos motorizados convencionales debidamente adaptados. Hoy, conocidas empresas alemanas ya comercializan coches y autobuses con motor de combustión que utilizan como carburante del hidrógeno. Igualmente, los coches de accionamiento eléctrico con electricidad generada en el mismo coche con una pila de combustible (que combina electroquímicamente el hidrógeno y el oxígeno, produciendo electricidad y calor) ya han demostrado su viabilidad técnica y varias marcas ya han mostrado prototipos y trabajan en su comercialización. Islandia anunció, en 2002, su proyecto de conversión en una economía basada en el hidrógeno obtenido a partir del agua mediante electricidad limpia y renovable (geotermia). En estos casos se puede hablar de tecnologías limpias siempre que el hidrógeno se haya obtenido a partir del agua y mediante electricidad limpia renovable, convirtiendo el coche en un vehículo sin emisiones contaminantes.

Pero, por más tecnologías que tengamos al alcance, sólo las políticas que incorporen de manera sabía la creación de proximidad y fomenten la autolimitación y los comportamientos sensatos en el uso de vehículos motorizados, harán que algún día podemos manifestar que las sociedades tienen sistemas de accesibilidad, que no movilidad, sostenibles.

Hablar de ‘movilidad sostenible’ es un despropósito, pues en nada ayuda a la necesaria tarea de reducir los desplazamientos de personas y mercancías.

 

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