Una historia de urbanismo en tres capítulos

Una casita de la calle Flor de Neu, 21, del barrio de Prosperitat de Barcelona se derriba sin licencia. ¿Por qué?

M. Eugenia Ibáñez
Periodista

La segunda parte de esta historia nunca debería haberse escrito. Con la primera había más que suficiente. La tercera parte es el corolario de las dos anteriores. Y un lamento: los errores, propios y ajenos, deberían servir para algo, para no repetir historias de otros tiempos, pero si de la administración pública y de trámites urbanísticos se trata, que esos son los temas, la memoria se diluye y las recaídas se convierten en la pauta habitual de conducta. Vayamos por pasos.

Primera parte: La semana pasada La Lamentable publicó un texto titulado Errores informáticos contra el patrimonio de un barrio. El problema inicial fue una incidencia técnica en el acceso al buscador de la página del área municipal de Ecología, Urbanismo y Movilidad que impedía consultar el nivel de protección arquitectónico de los edificios de la ciudad. Pero la incidencia se convirtió en grave error cuando los técnicos dieron el visto bueno al derribo de una casita de la calle Flor de Neu, 21, del barrio de Prosperitat de Barcelona sin averiguar si merecía un trato especial o no. El caso es que esa construcción sí exigía una atención diferenciada que la excavadora no tuvo en cuenta al derribar todos los ladrillos que encontró por delante hasta dejar el solar arrasado y con un enorme socavón. En resumen, las exigencias vinculadas al nivel de protección de la casa de Flor de Neu no se cumplieron, bien por la “incidencia técnica” citada, bien por negligencia profesional.

Segunda parte: Cuatro entidades del distrito de Nou Barris, al que pertenece la calle Flor de Neu, expusieron su queja en la concejalía sobre lo allí ocurrido, lo que significa que responsables políticos y técnicos tenían conocimiento de lo que allí había ocurrido. ¿Propósito de enmienda? No exactamente. Días después de que la citada excavadora dejara raso el solar, alguien en el ayuntamiento descubrió que las tasas correspondientes a la licencia de derribo no se habían pagado y, con celeridad, suspendió dichas obras, paralizó un derribo que ya estaba hecho, dejó sin efecto unos trabajos ya finalizados que exigían formalismos no cumplidos. Dos interpretaciones de lo anterior, con elección libre sobre cuál de ellas es la verdadera:

Una: la licencia de derribo se tramitó indebidamente, sin el exigido y obligado pago de las tasas correspondientes, con lo cual alguien no hizo bien su trabajo.

Dos: Algún avispado promotor/constructor actuó como en los viejos y no tan lejanos tiempos y ordenó a la excavadora entrar en Flor de Neu, 21, sin encomendarse ni a dios ni al diablo, sin esperar a tener la licencia de derribo autorizada. En las dos versiones de lo ocurrido, los servicios de inspección municipales –en el caso de que aún existan esos servicios—no funcionaron.

Tercera parte:   Este tercer capítulo podría explicar el porqué de las prisas del primero y del segundo: por qué se prescindió por la vía rápida de la consulta del nivel de protección de la desaparecida casita, y por qué se derribó esa construcción sin esperar la preceptiva licencia.

Si se busca en internet por Flor de Neu, 21+pisos aparecen por lo menos cuatro entradas que anuncian la venta de pisos en esa dirección. Por el módico precio de 284.000 euros se puede comprar una vivienda de 90 metros cuadrados con tres habitaciones. Es slogan publicitario tiene gancho: Viviendas del barrio para el barrio. No se sabe bien a qué barrio se refiere el anuncio pero lo cierto es que el importe citado supera con creces el nivel económico medio de la zona. Y un dato final, la fecha de entrega de los flamantes pisos se anuncia para el próximo mes de diciembre.

Con un plazo de obras tan ajustado parece una tontería perder tiempo en protecciones arquitectónicas y en trámites legales de licencias de obras de derribo. Se avisa a la excavadora y adelante. Siempre se ha hecho así.

Foto de portada: Solar en la actualidad tras el derribo realizado sin licencia de obras.  Alberto Sanagustín

Un pensament a “Una historia de urbanismo en tres capítulos”

  1. O sea: la mafia del ladrillo sigue contando con la complicidad del político municipal, sea cual sea su “supuesta” ideología

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