Un tal Xarles

Era un hombre tranquilo, fumador compulsivo de cigarrillos de tabaco negro. Un hombre de orden que estuvo metido en todos lo fregados del tardofranquismo y la transición. “Persona de misa, ex monaguillo, padre de familia y cargo de rsponsabilidad en un banco oficial. Políticamente neutro”, decia la biografía de Josep Xarles que el Centre Social de Sants presentó en el Gobierno Civil para solictar que fuese legalizado con el tal Xarles como presidente. Ha muerto a los 84 años.

Xarles, a la izquierda, con el micro, en la inauguración de una residencia de personas mayores en la plaza de Málaga. Barcelona, 1990.

Le traté bastante y puedo decir que el perfil biográfico se corresponde con la realidad, con excepción de lo políticamente neutro salvo que haber militado en el Felipe y haber sido responsable de imprimir en ciclostil los documentos de la organización sea ser neutro.

Siempre le conocí con bigote. Ignoro si en el pasado no lo llevaba. Era un hombre cordial que reía recordando las artimañas del pasado para burlar la burocracia del viejo régimen. Cuando cumplidos los 66 años aceptó ser vicepresidente de la Federació d’Associacions de Veïns y Veïnes de Barcelona su amigo Miquel Botella, otro histórico metido en mil fregados, le dijo que estaba loco: “A tu edad, meterte en otro lio….”.

Era un hombre práctico. Su discurso se alejaba de las elucubraciones teóricas. Iba a la cosa concreta y le preocupaba el hoy y el futuro de la juventud, a la que veía con pocas esperanzas.

Con él y media docena de personas más almorcé hace un año, aproximadamente. Estaba pletórico, como siempre. O cuando menos lo parecía. El hombre de mil citas que nunca llevó una agenda seguía activo y fiel a su mundo: Sants, la calle Olzinelles, la parroquia de San Medir, el geriátrico para la gente del barrio…

Recuerdo como algo inolvidable la visión de las paredes del centro social con la propaganda clandestina de los años de censura y represión. Parecía que más que Sants estabamos en Petrogrado, 1917. Años con un mundo obrero combativo. Con mucha gente dedicando muchas horas del día a día a organizar actos en defensa de los barrios, de la libertad.

Al saber que ha muerto he sentido no haber podido hablar con él los últimos meses, cuando supongo que sabía que iba a morir.

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