Un país de mierda

Códico-contra-la-corrupción-del-PPJuan Tallón
Periodista

Este país que tenemos, ¿es una mierda? Seguramente sí. No veo qué otra cosa podría ser con gente como nosotros. Pero está bien así. Quién sabe en qué nación acabaríamos convertidos si erradicásemos de golpe nuestra corrupción. Las cosas deben seguir siempre su curso. Josep Pla cuenta en Madrid, 1921 que una vez un campesino y su mujer paseaban por el campo y vieron colgado de un árbol a un ahorcado que todavía respiraba. Lo salvaron y lo llevaron a su casa. Al cabo de pocos días, advirtieron que el hombre no les gustaba. Había algo en él despreciable «Hay que dejar que las cosas sigan su curso», coincidió el matrimonio. Y cogieron al exahorcado y lo volvieron a ahorcar.

Nos conviene quitar hierro a la corrupción. En toda acción corrupta hay algo natural, inevitable. Importa una higa que estemos rodeados. Todo es poco. Cualquier maniobra asquerosa pasa, en el fondo, porque tiene que suceder. Existe podredumbre bajo la misma lógica que existe marina mercante, funcionariado, deportistas federados, novelas históricas. En según qué campos no hay accidentes, casualidades o mala suerte. Éste es uno de ellos. Hablamos de circunstancias ineluctables. Hay puertas que carecen de cerraduras; de hecho, hay puertas que no tienen puerta. Eso nos aboca a cruzarlas sin enterarnos. Caemos en la corrupción, digamos, porque es fácil caer, porque es cuesta abajo. Porque no hay un bedel que te salga al paso y te agarre.

En el instante de atravesar la frontera hacia la corrupción vamos relativamente ciegos, y cuando superamos la línea roja, ese salto definitivo pasa sin pena ni gloria. Justo en el instante posterior advertimos que no era para tanto. La degradación es un hallazgo hondamente humano. Ya tiene siglos. ¿Cuántos? Y a mí qué me pregunta. Calcule usted. La Historia no ha hecho más que contribuir al perfeccionamiento de la descomposición, y el individuo corrupto, hoy, es de una inmundicia impecable y muy exquisita. Alguien absolutamente respetable, bien conjuntado con la sociedad en la que se mueve. Me atrevo a decir que a los ciudadanos, en general, la corrupción nos resulta un asunto más o menos leve. En el peor caso, motivo de escándalo en una conversación. Pero incluso después de un escándalo hay que cenar, hacer pis, irse a la cama, olvidarse de todo. En el fondo, también somos muy educados, como Estanislao Figueras, presidente catalán de la I República, aquel día que en un Consejo de Ministros, dijo:«Señores, estoy hasta los cojones de todos nosotros». Pudo parecer malsonante, pero Josep Pla, en una crónica posterior, escribió que Figueras, al emplear aquel «nosotros», había demostrado precisamente su buena educación.

Un pensament a “Un país de mierda”

  1. Creo que la corrupción,no tiene justificación,por muy fácil que se nos ponga el ser corruptos.Creo y conozco personas muy honradas,a las que le ofrecieron entrar en la corrupción y lo rechazaron,me parece este mucho mejor ejemplo,que no él de que es tan fácil ser corruptos,que se entra sin darse cuenta,no estoy de acuerdo.
    Yo valoro aquellas personas que rechazaron forrarse de dinero y dedicaron sus esfuerzos a que los más desfavorecidos pasaran menos calamidades,esto para mi es un buen ejemplo y tiene un valor.

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