Un ‘estim’ en Menorca

Antoni Seguí
Ingeniero agrónomo 

El 22 de julio de 2016 asistimos a un estim (justiprecio, acto de valorar) en una finca situada cerca de Mahón, carretera de Es Grau. El estim es un acto tradicional de valoración que se realiza cuando un agricultor deja una finca y entra otro para explotarla, dentro del sistema de aparcería amitges. Cada agricultor tiene su estimador, y el propietario de la finca está presente porque dentro del sistema de tenencia es, lógicamente, una parte principal. Al final los dos agricultores y el propietario acatan el veredicto del acuerdo al que deben llegar los dos estimadores, que son los que discuten al margen de los otros actores del estim.

Era y acebuche
Era y acebuche

Para entender el porqué del estim nos situamos en la Menorca agrícola e intentamos averiguar quién es quién en la estructura agraria. Las estructuras agrarias no han sido inmutables, y en la edad contemporánea es cuando se generalizó la medianería como sistema de tenencia. No viene, por tanto, de tan lejos como muchos piensan. La sociedad rural menorquina la componen dos grandes grupos: los propietarios y los agricultores (Casasnovas, 2006).

Hay diversas modalidades de propietarios –la mayoría absentistas, o sea que viven fuera de la finca–: a) Nobleza ciudadelana –consolidada en el XVII–, b) Descendientes de negociantes mahoneses –enriquecidos en el XVIII–, c) Burguesía agraria de Mahón (descendientes de antiguos payeses enfiteutas y d) Industriales, constructores, financieros, etc., que han invertido en fincas.

Igualmente, los payeses tienen una acusada diferenciación social: a) Propietarios que cultivan directamente la finca, b) Medianeros de las principales explotaciones agrarias, y son los que, en general, se llaman en Menorca los l’amos de las fincas; éstos, a su vez, emplean asalariados, c) Pequeños propietarios y pequeños aparceros, y que son, a la vez, jornaleros para completar el mantenimiento familiar, y, por último, d) Jornaleros y missatges (denominación menorquina del mozo de labranza).

Vacas de raza menorquina hacia el pastoreo del rastrojo
Vacas de raza menorquina hacia el pastoreo del rastrojo

El propietario aporta, además, una dotación mínima indispensable para la continuación de la explotación (paja, barreras, aparejos, motores y otros utillajes, y también vacas en caso de las explotaciones de leche); dotación que se denomina mota. En el contrato se establece como se repartirán los beneficios. El sistema de reparto más usual es aquel en que los ingresos del trabajo de la tierra y del ganado es por mitad entre los dos socios, pero no siempre es así, ni debería serlo, ni por ley ni por costumbre. Los gastos se hacen al 50%, con ciertas excepciones en algunos capítulos y variables según contratos. Teóricamente se trata de una actividad productiva en manos de dos socios. Por tanto, el estim es propio de las fincas explotadas agrícolamente y con un sistema de aparcería amitges. Hay un propietario, que en muchos casos se denomina senyor del lloc (señor de la finca), y un agricultor (medianero) que se conoce como l’amo. Entre ambos se ha establecido un contrato para la explotación del total o de una parte de la finca. Sin entrar demasiado en detalles, lo más principal es que el propietario pone a disposición de la explotación la finca y las casas rurales, así como las estabulaciones y otros edificios y construcciones necesarios para la actividad agrícola y ganadera, y el agricultor pone el trabajo y, en general, el de su familia. Todo con una serie de especificaciones según el tipo de contrato.

El contrato es por año agrícola (que empieza por san Miguel, el 29 de septiembre) renovándose si no hay voluntad de seguir por parte de uno de los socios, que lo comunicará al otro, antes del 19 de marzo. Este hecho se llama desdir (desdecirse), y ahí comenzaría el estim. Tras el acto de desdir, no se podrá vender, comprar, permutar o modificar ningún elemento de la explotación, a menos que haya acuerdo explícito. Todo aquello que no se haya establecido en el contrato se atiende a los usos y costumbres, si bien éstos varían en el tiempo y no hay constancia escrita. Por eso el pacto parece libre pero es discrecional (Quintana, JM. 1994).

De hecho, recurrir, en caso de litigio, al uso y costumbre de buen cultivador, puede interpretarse de diversas formas, no excluyentes entre sí: a) una indicación general de carácter agronómico, b) una representación de derechos a favor de la propiedad, y c) una declaración de estatus a favor de los colonos, aunque supeditado este último a los intereses de los propietarios. En cualquier caso, tiene una grave dificultad probatoria, y es fuente de inseguridad jurídica (Morey y Carreras, 2011). No obstante, el paso del tiempo va dejando atrás ese recurso, y no he visto que en contratos actuales se haga ninguna referencia a los usos y costumbres. Los usos cambian, las costumbres también, la gente que firma un contrato sabe para qué sirve, y no es un sistema obligatorio en sentido estricto, si bien el propietario, por el hecho de serlo, podría estar en mejores condiciones de elegir el tipo de contrato para la explotación de su finca. Si bien, a veces la realidad demuestra que elegir es difícil para ambos.

A finales del siglo XVII en Menorca sólo se cultivaba en la zona central (medianía), ya que era peligroso vivir cerca de la costa a causa de los piratas berberiscos (Mir y Mir, 1898). A partir del tratado de Utrecht, 1713 (un año antes del famoso 1714 en Cataluña) Menorca pasó a dominación inglesa, con la consecuente paz con los estados berberiscos, y el cultivo del campo menorquín se extendió hacia el sur y hacia tramontana. A partir de ese momento muchos propietarios se trasladan a vivir a los pueblos, dando en aparcería las tierras a los hijos y otros familiares, comenzando así el sistema de aparcería amitges.

Antes de volver al estim presenciado, conviene saber que, tanto el agricultor que deja la finca como el propietario, tienen derecho a cobrar el valor de los bienes que cada uno tiene en la explotación. El agricultor se llevará el valor pero no la cosa en sí, ya que la explotación debe continuar a manos del nuevo, el cual, el mismo día del estim,  se hará cargo de todo. El propietario no lo cobra ya que se da continuidad a la actividad.

Por parte del agricultor saliente el estimador fue el señor Manolo Palliser (estimador desde hace 40 años, de familia de estimadores, actualmente realiza entre 9 y 10 valoraciones al año, y su trabajo principal es tratante de ganado) y del agricultor entrante el señor Diego Pons (comercial de piensos, y ha seguido la tradición de estimador por parte del suegro; actualmente, él y el señor Palliser son los únicos estimadores en Menorca).

El encuentro comenzó alrededor de las 10 y terminó pasadas las 3 de la tarde, si bien todo el proceso de la valoración acabará en el mes de noviembre, una vez completada la contabilidad. La parte más vistosa es la valoración del ganado, que es la que presenciamos, y en la que los dos estimadores presentan la valoración final, una vez hecha la deliberación conjunta. Los dos estimadores se colocan detrás de las vacas, en este caso sólo eran vacas y terneros, de leche y de carne.

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Vacas en la estabulación
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Ternero en la estabulación
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Los estimadores deliberando sobre las vacas de raza menorquina para carne

Después pasaron a valorar las vacas de leche.

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Vacas agrupadas para pasar la valoración; al fondo, los estimadores con los agricultores (entrante y saliente)

Alrededor de las dos de la tarde, los estimadores, aparte de los agricultores e invitados, deliberan y ponen en común sus valoraciones. El resto de asistentes pasamos al comedor y a la cocina de las casas, para comer y beber lo que la familia del agricultor saliente ha preparado para celebrar el estim, que todo el mundo espera sea satisfactorio para ambos (entrante y saliente), y que los estimadores ponen empeño en que así sea.

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Estimadores a punto de concretar
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Todo preparado para el resto de invitados, y a cuyo ágape se incorporaran los estimadores
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Uno de los estimadores toma un gin y, a continuación, un vasito de agua. Fue la señal de que se había llegado a un acuerdo
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Estimadores, campesinos, propietario, todos a punto de conocer la valoración conjunta de los estimadores

Un apunte final

Después de la celebración, cuando entré en el coche, el termómetro marcaba 36ºC. Después de la siesta me puse a repasar las fotos y a ordenar los apuntes para hacer un reportaje para la página web de remugants y me di cuenta de que de la Menorca agrícola y ganadera de mi infancia solo quedaban unos nombres y no tenían el mismo significado. Le comenté a una joven y amiga que había asistido a un estim y no supo de qué le hablaba, pero eso siempre ha sido así. El campo y la ciudad. Y dentro de cada ámbito se desconoce al otro.

En España en los años setenta y ochenta (siglo XX) se crearon sindicatos agrarios, unos defendían la reforma agraria, otros la tradición, ninguno al jornalero. Con los años todos defendían el precio justo para sus productos y los tractores salieron a las calles.

Hubo, décadas atrás, en Menorca debates sobre el contrato de aparcería, para unos un anacronismo, para otros la panacea. Algún político de Cataluña dio conferencias en Mahón para explicar el atraso en que, según él, se hallaba el agricultor menorquín al aceptar ese contrato ancestral. Eran tiempos, como ahora, en que el desconocimiento de la realidad era meridiano.

El tiempo ha cambiado el paisaje y a éste lo hacen los paisanos. En el estim al que asistí, el que actuaba en nombre de la propiedad era un ingeniero agrónomo culto y buen profesional, el agricultor entrante tiene por compañera a una ingeniera técnica, y su padre es de un sindicato de izquierdas, había jóvenes y gente madura, y nadie se planteó la  esencia del contrato.

La tenencia de las fincas va cambiando de manos, gente rica se hace dueña de ellas, algunos señores (propietarios) esperan cambiar el uso de la finca, el payés de Menorca tiene, en la mayoría de los casos, oficio y profesionalidad, y es plenamente consciente de que para poder poner en marcha y ser titular de una explotación de vacas de leche, hace falta un elevado capital. Y ser agricultor con un contrato como el referido para él es una oportunidad.

El reportaje y la revisión bibliográfica sobre el estim lo podéis encontrar en la web de remugants, en catalán y en castellano.

2 pensaments a “Un ‘estim’ en Menorca”

  1. Mientras en Menorca se acepta el sistema de “Estim”, a nivel nacional, conviven si no recuerdo mal, hasta cinco normativas o disposiciones aplicables a arrendamientos rústicos, que afortunadamente para los que a veces nos enfrentamos con estos temas, tienen un único punto de confluencia:

    “Los arrendamientos vigentes a la entrada en vigor de cada ley, se regirán por la normativa aplicable al tiempo de su celebración”

    Es decir, todo se basa en la fecha/año en que se inició el contrato de arrendamiento, y supone un fantástico caldo de “negocio” para técnicos, abogados y tribunales cuando el bien arrendado pasa de manos.

    La paz que trajo el tratado de Utrecht, supuso el principio del fin de la hegemonía de la Monarquía Española en favor de la Inglesa, que vio en Menorca y Gibraltar dos enclaves estratégicos en su expansión sobre el control marítimo. Está claro que el paso de los ingleses por la isla, influyó en las costumbres y mentalidades de sus habitantes.

    Sería buena idea patentar el “Método de Estim” y exportarlo a los descendientes de los que no quedaron bajo el paraguas de los ingleses a partir de 1713. Quizás encontraríamos solución a la problemática que existe en lo referente al “intercambio” de lo que muchos consideran “sus propiedades”.

    Salut, Euros y … Paciencia.

  2. Des de fora, desconeixent l’illa, la seva història i peculiaritats, el contracte amitges, plantejat l’any 2016, semblaria fora de lloc. Però penso que, avui en dia, tothom és conscient del que suposen les coses, és a dir, del que signa (o almenys té la possibilitat d’informar-se correctament). A Catalunya, la gran majoria dels pagesos són propietaris, la història i evolució va ser diferent, però avui en dia molts ramaders de llet estan condicionats pels contractes de lliurament de llet, endeutaments amb el banc, etc. És a dir, tothom fa el pot per tirar endavant, donades les circumstàncies. Com bé diu el meu company i amic Joan, i ho comparteixo, és millor ser pagès i tenir un contracte amitges a Menorca que no pas anar jornal i ser un assalariat… De la mateixa manera que a Catalunya és millor està poc condicionat per l’exterior… Els tòpics i les comparacions sempre són odioses, ja que, ni el pagès de Menorca està tan supeditat al “senyor” ni el ramader de Catalunya és tan lliure… Salut!

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