The king of Rock’n Roll

1362095020-mobile-world-congress-2013-comes-to-a-close-in-barcelona_1835162Aquí hay tema
Marta Solé
Periodista

Por razones que ahora no vienen al caso he asistido al mítico y épico congreso conocido como Mobile World Congress. Creo que fui a una de sus primeras ediciones. Dejó tal impronta en mi ser que no les puedo trasladar ni una simple pincelada de ese remoto evento. Sí les puedo contar que en este 2014, tercer año glorioso de la victoria, lo moderno me parece antiguo. Me explico. Si ustedes imaginan que con unas New Balance y una camiseta van a triunfar en tal magno acontecimiento, es mi obligación romper sus ilusiones. Guárdense dicho atuendo para sus sesiones de running, si es que sus miserables tendones han cedido a dicha tortura contra la que nada tengo.

Los congresistas de la feria más ‘moderna’ del mundo son perfectamente intercambiables con los de la más rancia, si es que el calendario ferial está sujeto a dichas clasificaciones. Mucho señor con corbata y traje. Poca mujer. Mucha chiquilla haciendo de azafata. ¿Les suena? No caen en los desmadres estéticos de Fitur, eso sí, porque lo que se la pone tiesa es otra cosa –aunque no le hagan un asco a un buen escote.- Desengáñense, de nuevo, esa masa de población a los que algunos todavía llaman freaks y otros ya conocen como geeks no sólo desplazan los dedos por el teclado. Son seres humanos. Normales. O no.

Hace mucho, mucho tiempo, quien cortaba el bacalao eran los músicos ¿Se acuerdan? Yo he visto naves volando más allá de Orión y a un pobre tipo sentado en un pasillo abrazado a su tablet para escuchar a Mark Zuckerberg –sin auriculares-. He visto a señores venerables babeando en plena calle atendiendo al Mesías con la mirada perdida en una macropantalla en una calle de Hospitalet.

Niñatos, dirán. No. Son los nuevos reyes del rock & roll. Los nuevos mitos.

Yo fui al congreso. A trabajar. Me puse la americana de los días de entrar en sitio serio. Como contrapartida, un tipo me preguntó que si sabía dónde estaba el lavabo. Le contesté que no era una azafata y que estaba trabajando. Me contestó que él también. Tuve que hacerle saber que no había pisado el excusado desde las 7 de la mañana. Y eran las 11. Se largó ofendido. Encima.

Ya ven que en el templo de la modernidad subcontratada –no olviden que Barcelona no organiza, sólo pone el local- las cosas siguen exactamente igual que siempre.

La próxima vez iré con una camiseta de los Prefab Sprout.

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