“Techitos” y la degradación del periodismo

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Salvador Sostres

Josep Maria Cuenca
Escritor

El pasado 3 de marzo el exabrupto de la naturaleza así llamado Salvador Sostres -a quien tengo por costumbre llamar “Techitos”- ejerció una vez más de sí mismo y escribió en el diario El Mundo un vergonzoso artículo sobre Ana María Moix en el que escupía odio ciego sobre la obra de la escritora recién fallecida. Dicho artículo se comenta por sí mismo pero no por ello debe ser ignorado, puesto que la indiferencia siempre es un mal prólogo a una monstruosidad mayor.

De Ana María Moix sólo puedo decir, en lo personal, que la traté poco pero que cuando lo hice descubrí en ella a una persona generosa y sensible como pocas; y, en lo literario, que a pesar de no gozar de un reconocimiento amplio ejerció toda su vida el oficio de las letras con una honestidad intelectual y moral indiscutibles fácilmente perceptible en su obra, por lo demás olímpicamente ignorada por “Techitos”, el sujeto que más veces ha invocado la palabra “misterio” sin tener ni idea de lo que significa.

Pero no es de la tan temprano añorada Ana ni del pringoso texto de  “Techitos” de lo que prioritariamente quiero hablar aquí. Lo que me mueve a escribir estas líneas tiene que ver con la preocupación que me produce que “Techitos” goce de patente de corso y por ello pueda difundir sin ningún tipo de problema su miserable visión del mundo. El buen periodismo -ese que cada día que pasa más escasea entre nosotros- no es únicamente asunto de autores y lectores, sino también de editores. De manera que si algo degradante y degradado se difunde, tan responsable es quien lo escribe y quien lo aplaude como quien lo publica.

“Techitos” lleva demasiado tiempo expresando en diarios y en platós televisivos sus excitaciones nerviosas xenófobas, sexistas y clasistas mientras la inmensa mayoría del gremio suele mirar hacia otro lado. Así nos va. Por razones de autoprotección elemental, los grandes valores de la vida moral de los seres humanos -la libertad de expresión entre ellos- deben tener un límite claro y preciso, y cualquiera que no quiera que acabemos como en la URSS de Stalin, en la Alemania nazi o en cualquier andurrial fundamentalista, así debería entenderlo. Pero no sólo entenderlo: también denunciarlo, también actuar de un modo u otro.

La venenosas palabras de “Techitos” dirigidas a Moix me hieren mucho, pero no más que el silencio predominante entre tantos supuestos profesionales de la información que prefieren callar a hacer algo por la dignificación del oficio, tan tocado en esta demencial hora del mundo.

 

 

4 pensaments a ““Techitos” y la degradación del periodismo”

  1. Querido Juan, lamento haberte “obligado” a leer a un idota. Sin embargo, es imprescindible leer a los idiotas. Sólo así es posible conocerlos e impugnarlos mejor, con total conocimiento de causa.

    En cuanto a la curiosidad, en mi opinión debe ser un impulso de la vida en general, no exclusivamente del periodismo. El motor esencial del periodismo debe ser la voluntad de llegar al fondo de los asuntos tratados sin servidumbres ideológicas y sin prejuicios, es decir, con objetividad, término que hay que rescatar del secuestro que padece en estos tiempos de apoteosis subjetivas y de egotismos varios. Y asimismo el periodismo, en última instancia, debe negarse con rebeldía, como decía Orwell, a ser una mera modalidad de relaciones públicas.

    Y, por último, respecto a por qué llamó “Techitos” al demente en cuestión, me sorprende que me lo preguntes, si bien no descarto que se trate de una saludable maniobra irónica por tu parte. Para no dejar en blanco la pregunta me limitaré a decir que llamo a Sostres “Techitos” por las mismas razones que Terenci Moix llamaba “Rigoletto” a Joan Rigol, según me explicó un día precisamente su querida y añorada hermana.

    Saludos cordiales.

  2. Joder, yo no leo a los idiotas, y ahora tendre que hacerlo picado por la curisidad. La curiosidad es lo que mueve a tu gremio periodístico, no? Pues me muero por saber por qué llamas “Techitos” a ese animal.

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