El Teatro Principal, cerrado

Eladio Gutiérrez
Periodista

Las luces de la fachada del Teatro Principal de La Rambla barcelonesa (especifico porque hay teatros principales en tantas partes) encendidas llamaban la atención. Apagadas llaman muchísimo más la atención, por mucho que las primeras pudieran rivalizar sin complejos con las maisons de passe (1) extendidas a lo largo y ancho de las carreteras españolas (945 según datos de la Guardia Civil, benemérito cuerpo que, es de suponer, dejará pronto de estar dirigido por Arsenio Fernández de Mesa, personaje al que tuvimos ocasión de referirnos aquí para recordar fragmentos de su vida y milagros).

Sí, el Teatro Principal ha echado el cierre. Vacían a deshora los muebles de su interior por las puertas de detrás (muebles, no tramoya, que tramoya teatral había poca y apenas hacía falta en esa casa).

Antes de que empiecen a rodar en firme las acusaciones contra Ada Colau por su nefasta política teatral, aunque ya se escucha alguna matraca en ese sentido, porque no todo lo que va contra ella iba a quedarse en estatuas descabezadas de Franco puestas para derribarlas, o en las terrazas de los bares, que tantísimos puestos de trabajo estable y bien remunerado crean, o en su apoyo a la celebración del referéndum para que se sepa quién quiere la independencia de Catalunya y en quién no la quiere. En estas, incluso podremos ver en cualquier momento como la espada flamígera del exquisito Félix de Azúa (2) arrea un mandoblazo, eso parecen sus columnas en El País, a la alcaldesa mientras grita: ¡Ella es la culpable de que se hayan hundido las ruinas del Arnau y haya caído el telón del Principal!

Por eso es oportuno recordar que el Ayuntamiento de Ada Colau había advertido primero, y sancionado después, a los actuales gestores por haber convertido el teatro en discoteca sin contar con las licencias oportunas. Y no sé yo si también sin abonar las multas que se les impusieron.

¿Sólo se había convertido el teatro en tapadera de discoteca? Ja. En ese espacio del que se dijo iba a potenciar cultural y socialmente el sur de La Rambla (más ja) se ha vendido desde camisetas a precios de ganga (el low cost de los cosmopolitas que en su sencillez visten de baratillo) hasta botellas de champagne francés (subrayaban “francés” las cartas para que se supiera que champagne no está en Vitigudino) ofrecidas por skaters de inmejorable presencia e inaudita habilidad: portentoso su subir y bajar escaleras montadas en patines y con la bandeja a cuestas, su sortear clientes que esperaban turno de compra en cualquiera de las 13 barras distribuidas a lo largo de un espacio teatral que las musas en un pispás convertían en recinto tabernario.

Más aún. No hace mucho, pudo leerse en todos los periódicos, en esa “sala multidisciplinar y polivalente dedicada a la industria creativa y las artes escénicas”, que así se anunciaba el Teatro Principal, irrumpieron por sorpresa los Mossos d’Esquadra. Buscaban putas. En la redada (ser puta no es delito, es una profesión, aunque lamentablemente no es una profesión cualquiera, y en pocas ocasiones la prostitución se ejerce con libertad y por capricho; sin embargo, fomentar y lucrarse de la prostitución, si es delito, quede claro) se llevaron a tres agentes y a un cabo de la Guardia Urbana.

También llevaron a la cárcel (por unas horas, no se asusten, para algo sirven los abogados si se les paga) al principal responsable del establecimiento que, ¡oh!, mire Vd., cuando abrió puertas para que las artes escénicas barcelonesas contaran otra vez con el Teatro Principal estuvo rodeado por las autoridades municipales de aquel entonces (3), autoridades que le agradecían alborozadas su empeño en querer salvar La Rambla, autoridades que después poco se preocuparon de averiguar cómo iba salvando La Rambla este modelo de empresario.

Programando a Shakespeare, no. Seguro.

 

(1) Volumen de negocio estimado (en los puticlubs de carretera no hay cajas registradoras fiables, comentan voces autorizas de Hacienda): 27 millones de euros semanales.
(2) Se piden firmas y ya se han obtenido muchas.
(3) En cabeza de aquel jolgorio, Mercè Homs, que no todo en aquella época (alcalde Trías) se acababa para esta concejala en estimular la apertura de terrazas en los porches de La Boquería para que los salvadores del mercado salvaran el mercado (perdón por tanta salvación, pero hace falta que quede claro que los salvadores de La Boquería quieren salvar La Boquería y crear muchos puestos de trabajo). Señor, Señor, ¿qué haríamos sin tantos salvadores de la patria?

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