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Las elecciones de octubre

Comedor social en Girona. Foto de Samuel Aranda

Josep Fontana
Historiador

El triunfo del Partido Popular en Galicia ha provocado el entusiasmo del Gobierno, convencido de que esta victoria electoral significa una muestra de apoyo a la política de Rajoy: a sus recortes de los derechos sociales, con sus secuelas de paro y pobreza.

Es disparatado. Nadie puede creer seriamente que los votantes aprueben la desastrosa situación de la economía, cuyas repercusiones sobre la sociedad ha definido Caritas con estas palabras: la pobreza en España es “más extensa, más intensa y más crónica que nunca”. Una situación que va a durar mucho tiempo, puesto que según las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) la recuperación del producto interior bruto no llegará antes de 2018 y el paro se mantendrá por encima del 20% por lo menos hasta 2017. Lo cual significa que las cosas van a seguir empeorando. Continua la lectura de Las elecciones de octubre

El Nobel Stiglitz dice no a la austeridad

Por José Martí Gómez


Un día, mesándose la barba mientras se interrogaba sobre el valor de la palabra sensibilidad, el Nobel de Economía Joseph Stiglitz me dijo: “Cuando alguien tira bombas desde los diez mil metros de altitud lo hace a través de un ordenador. No ve a la gente que sufre el bombardeo. El que lanza las bombas está totalmente desconectado del horror y del dolor que sus bombas provocan. Es como si jugara a marcianitos. En gran medida, muy a menudo, los economistas sólo ven a la gente a través de las estadísticas: esto es lo que va a pasar con la tasa de desempleo, esto con la inflación… No piensan en la gente que al aplicarse una serie de medidas se quedará sin trabajo, ni en lo que le pasará a sus familias, ni en lo que ocurrirá con escuelas y hospitales si se toman medidas drásticas para reducir el déficit presupuestario. Todo se reduce a cifras macroeconómicas. No se introducen valoraciones sobre el coste humano”.
Cinco años después de que me dijese esas palabras en el curso de una larga entrevista he vuelto a encontrarme con mister Stiglitz, esta vez asistiendo como oyente de su conferencia en la sesión anual que el Cercle d’Economia celebra en Sitges. Y el Nobel ha estado contundente: ha dicho no a la austeridad después de formularse tres preguntas y ofrecer respuestas a las mismas:
1 ¿Dónde nos encontramos?
En una fase de preocupación en la que no es sorprendente que la gente proteste. Lo sorprendente es que hayan tardado tanto tiempo en protestar.
2 ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Previa a la crisis ya existía una economía global débil, ocultada por al burbuja que implicó que la gente consumiese por encima de sus posibilidades. Ello ha traído como consecuencia un aumento de la pobreza, unas clases medias cada vez más empobrecidas y la deuda era una economía no sostenible que tenía que acabar desmoronándose y eso es lo que sucedió. Se nos dice que los rescates son para salvar a los países al borde de la quiebra cuando en realidad son rescates en defensa de los bancos endeudados en esos países, confirmando que los bancos centrales no son fuentes de sabiduría.
3 ¿Qué opciones tenemos?
Las que se están tomando parecen erróneas. Con austeridad no habrá crecimiento suficiente como para crear empleo. La austeridad es una estrategia que nos conduce al estancamiento. Es necesaria un crecimiento con equidad, con un equilibrio entre mercados y gobiernos.
Mister Stiglitz, premio Nobel de Economía, asesor del gobierno de Clinton, ex vicepresidente del Banco Mundial y desde hace unos años martillo de las instituciones internacionales que dan ayuda a los países en vías de desarrollo, confirmó que tiene claro que la política económica actual no funciona, idea de la que ya dejó constancia en su libro Como hacer que funcione la globalización:
“Para una gran parte del mundo la globalización, al menos tal y como se ha gestionado, es como un pacto con el diablo. Unos pocos se hacen más ricos y aunque las estadísticas del PIB, son mejores, lo cierto es que las formas de vida y los valores básicos de millones de personas están amenazados porque la mayor integración en la economía global ha traído una mayor inestabilidad e inseguridad y más desigualdades. Y no tiene que ser así. La globalización ha de funcionar no solo para los ricos. También ha de funcionar, sobre todo, para los ciudadanos de los países más pobres”.
En Sitges acabó su conferencia con una frase para enmarcar: “Con la política económica actual socavamos nuestras economías y el tejido de nuestra sociedad”.