Arxiu d'etiquetes: Adolfo Suárez

El milagro de Santa Teresa

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Adolfo Suárez

El Rey encargó el desmantelamiento de la dictadura a un joven neofranquista bien visto por el régimen, pero al que después el búnker repudió por traidor

Ángel Sánchez de la Fuente
Periodista

Cuando aquel 3 de julio de 1976 Adolfo Suárez (Cebreros, Ávila, 1932) fue nombrado presidente del Gobierno por el Rey, la opinión pública politizada superó la perplejidad reaccionando muy desfavorablemente. El notable periodista del régimen Emilio Romero, enemigo personal de Suárez y abulense como él y como Teresa de Jesús, dictó sentencia con esta bufonada: “Santa Teresa ha hecho otro milagro.” No fue lo más hiriente que se dijo en una época en que los que anhelaban un cambio político apostaban por el liberal Areilza, cuya candidatura no pasó el filtro preceptivo del Consejo del Reino, institución franquista que tenía como misión principal escoger una terna de presidenciables.

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Montoro no es fascista, pero sí es faccioso

montoro-ríe-EFEAntología de sandeces políticas (29)
Ángel Sánchez de la Fuente
Periodista

Si alguien con sus palabras o con sus hechos perturba la quietud pública y mira más por el bien de su pandilla o de su facción que por el bien general, ese alguien es un faccioso. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha dado más de una muestra en este sentido. Basta recurrir al testimonio de la diputada de Coalición Canaria Ana Oramas, quien, en una sesión del Congreso en junio de 2012, reveló lo que dos años antes le había manifestado Montoro cuando el presidente Zapatero intentaba evitar el rescate de la Unión Europea: “Me dijo que caiga España, que ya la levantaremos nosotros.”

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Señor don Alfonso Guerra: Teatro. Lo suyo es puro teatro

alfonso_guerraAntología de sandeces políticas (25)
Ángel Sánchez de la Fuente
Periodista 

Aquel vicepresidente que decía estar “de oyente” en el Gobierno de Felipe González y que siempre tuvo la lengua muy larga, anda estos días dedicado a la promoción del tercero y último tomo de sus memorias. Alfonso Guerra, único diputado que sobrevive desde 1977, acaba de declarar a nuestra colega Núria Navarro: “El concepto que tengo de mí mismo es peor que el de mi peor enemigo. Yo soy un paria.” Teatro. Lo suyo es puro teatro. Parafraseando la obra de Edward Albee ¿Quién teme a Virginia Woolf?,  cabe preguntarse: ¿Quién temió a Alfonso Guerra? Porque no hay duda de que el número dos del Gobierno y del partido socialista en los años 80 era tan temible, que se le atribuyó la frase de “quien se mueva no sale en la foto,” que el propio Guerra ha negado que fuese suya.

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El cardenal Tarancón

El saloncito del palacio arzobispal de Madrid estaba en la penumbra. Era un día de finales de enero de 1.978. Vicente Enrique Tarancón, presidente de la Conferencia Episcopal Española, rememoraba ante una copa de coñac los momentos más difíciles que le había tocado vivir los últimos años al tiempo de liar calmosamente un “caldo de gallina”, “tabaco de hombres y no mariconadas”, que me dijo un día Camilo José  cuando todavía ejercía, poderoso, como Cela. Las palabras del cardenal  Tarancón las recuerdo exentas de dramatismo pese a la intensidad de las experiencias que narraba.

He vivido momentos difíciles, sobre todo durante los últimos cinco años del régimen anterior, porque los hombres del gobierno, que se creían católicos – y lo eran sinceramente pero no habían digerido el Concilio Vaticano II – miraban a la Iglesia con recelo y sin entender toda la renovación que  ésta había emprendido. Ello les llevó a hacerse beligerantes y a apoyar, sin   darse cuenta del daño que hacían, a una ultraderecha que se oponía a la reforma del Vaticano II. Así se creó una situación conflictiva permanente,  tanto en las relaciones con la Santa Sede como en las relaciones con la Conferencia Episcopal Española. Podría decirse que desde el momento en que asumí la presidencia  en funciones de la Conferencia Episcopal Española, por enfermedad de don Casimiro Morcillo, el gobierno ignoró prácticamente a la Conferencia. Antes, no. Antes la Conferencia lo era todo. Pero desde mi llegada no era nada para el gobierno, que la ignoraba precisamente porque la Conferencia quería aplicar las orientaciones del Concilio, orientaciones que el gobierno no entendía o no quería entender. Era un mal vivir. Un conflicto permanente. Continua la lectura de El cardenal Tarancón

Que cada Rato aguante su vela

Ramon J. Moles
Director del Centro de Investigación en Gobernanza del Riesgo (UAB)

Recientes opiniones publicadas se refieren a la responsabilidad colectiva en la gestión de la crisis económica en un recorrido que va desde el diagnóstico afinado hasta el disparo a bulto. Mientras alguna mente lúcida apunta un discurso propositivo para sacarnos del atolladero, por ejemplo, Vidal Folch plantea cómo pactar la austeridad   otro, el filósofo Innerarity, dispara fuego a discreción, equiparándonos a todos por igual en “la construcción social de la estupidez”

La estupidez no es una construcción social, cómo no lo es la ignorancia. Es un atributo individual, hasta cierto punto transmisible, pero individual al fin y al cabo. No cabe de este modo atribuir al colectivo responsabilidades generalizadas predicables sólo de unos cuantos. Las torpezas no son colectivas, son grupales: no son del colectivo, sino de un grupo de decisores, los que en verdad deciden, que no somos todos, y que con sus actos, erróneos interesada o desinteresadamente, nos han metido en este lío. Continua la lectura de Que cada Rato aguante su vela