Somorrostro

Por M.Eugenia Ibáñez

En 1966, la visita de Francisco Franco a Barcelona para asistir a un acto militar, la Primer Semana Naval, puso fin a más de seis décadas de existencia de uno de los núcleos más duros del barraquismo barcelonés: Somorrostro.

 

Unas 15.000 personas, ocupantes de más de 2.400 chabolas, habían malvivido durante casi seis décadas junto a una playa insalubre y residuos industriales, en una zona situada en el límite del Poblenou, junto al hoy Hospital del Mar, entonces Hospital de Infecciosos. Eran emigrantes huidos de otras miserias, de otras represiones, a los que la ciudad no había sabido acoger con dignidad. La exhibición de los barquitos del dictador  fue la excusa para que, sin aviso previo, aquellos seres humanos fueran trasladados en camiones al polígono de Sant Roc, en Badalona, a un conjunto de barracones provisionales y edificios aún en obras, sin equipamientos, apenas sin servicios. Seis días después de aquel rápido traslado, la marina española escenificó un desembarco en la Barceloneta. La playa estaba limpia de barracas, de gente, así que se supone que los militares tomaron su objetivo sin resistencia alguna.

Y el recuerdo del Somorrostro lentamente empezó a diluirse en la memoria de Barcelona, como si aquellas barracas nunca hubieran existido. Hasta que en el 2008 el Museo d’Historia de la Ciutat montó la exposición Barraques. La ciutat informal. Y siguieron estudios sobre lo que aquel pasado había significado, y libros y apareció el orgullo escondido de los vecinos de aquellos barrios. El próximo martes, día 22, a las 18,45 horas, el Born, se cerrará un ciclo de la recuperación de aquella historia olvidada, un encuentro para recordar el 50 aniversario de la desaparición del barrio del Somorrostro. Mercè Tatjer, Marti Marín Corbera, Jordi Borja, Salvador Carrasco, Julia Aceituno y antiguos ocupantes de aquellas barracas nos hablarán de lo que Somorrostro fue y significó. Para que la historia, en sus múltiples variantes, no vuelva a repetirse.

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