Sobre la vida y la dignidad de vivirla

Antoni Seguí Parpal
Ingeniero agrónomo

Seguramente un resumen de la causa que me lleva a escribir este artículo sería el siguiente: Un equipo médico de un hospital público logra que un paciente se mantenga 15 días en coma gracias a medidas de confort.
Haruki Murakami en Escucha la canción del viento, cree que, con independencia de si eres joven o viejo, si estás dispuesto a aprender algo de todo lo que te rodea, tienes vida y, a su vez, razona que encontrar sentido a la vida es mucho más fácil que vivirla; porque vivirla, según Ortega y Gasset, es una suerte de naufragio o, como dice Josep Pla en La vida amarga, una sucesión de experiencias casi todas fallidas, de imposible escamoteo e irreversibles.

En el fondo, Carmen Laforet en Nada abunda en esta visión al decir que la vida es una serie de “ingenuos recuerdos, sueños, luchas, mi propio presente vacilante, y luego, agudas alegrías, tristezas, desesperación, una crispación importante de la vida y un anegarse en la nada”. Para Ortega la vida solo tiene sentido cuando se la damos, y para Cioran la vida, con o sin sentido, sólo es soportable cuando puedes decidir terminarla. Para estos pensadores, sin duda, lo más difícil es vivir.

¿Y vivir la vejez? ¿Será lo que dicen los personajes de Chirbes? Para ellos, la vejez es la vida en un pellejo, y se dura una eternidad fastidiando a los demás, para sufrir más, porque nadie encuentra alivio en los últimos años, siempre amargos. O bien, ¿Será una etapa que Pedro IV el Ceremonioso (1336 – 1387) definió como «Leña vieja para quemar, viejos libros para leer, viejos amigos para charlar, y vino viejo para beber»?

Hay muchas circunstancias que definen la etapa de la vejez, y ciertamente que el entorno tiene que ver. Yo creo que la vida, y la vejez como parte de ella, o como resultado de ella, hay que vivirla con plenitud, sin dependencias que anulen a los que te rodean; que el vivir no comporte la falta de libertad de los demás. Y por esto, pienso yo, que no tiene sentido alargar una experiencia ya fallida, ya amortizada, a menos que se desee la vejez en el sentido que el poeta Marià Villangómez escribe: Ara no sé cap a on mirar; ara em molesta tot que em mira; ara m’assec a una cadira, a esperar l’hora de dinar.

Alargar la vida, nos recuerda Stevenson en Will el del molino no tiene más objetivo que el hombre se deje de interesar por la vida. Y a estos integristas de la vida les recomendaría este cuento de Stevenson, en el que encontrarán cosas tan interesantes como estas:

“Yo soy una ley de la naturaleza, y la gente me llama Muerte” y, viene a decir, que esta ley actúa en el momento en que se nos cae el timón de las manos. Y, por último, un personaje interroga a otro: ¿Es usted médico? El mejor que haya existido, porque curo la mente y el cuerpo con la misma receta.

Un pensament a “Sobre la vida y la dignidad de vivirla”

  1. Lucidez y tristeza. Eso desprende el articulo. Una profunda reflexión sobre el arte de vivir y el arte de aprender a morir. Poniendo unas gotas de humor, diria que mi deseo es envejecer y morir haciendo el menor ridículo posible, consciente de que mientras no se legalice la eutanasia (sea activa o pasiva aunque de esta ultima algo hay ya) eso no estará en mis manos. Resumiendo: gracias por el articulo, un tema hasta ahora no tratado en estas páginas.

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