Sobre el funcionamiento de la realidad (en Palamós, Chinchilla o Singapur)

Josep Maria Cuenca
Escritor

Descodificar algunas de las cosas que se vienen diciendo en el fenomenal simulacro de riña hispano-catalana iniciada el 12 de septiembre pasado exige en ocasiones un esfuerzo mucho mayor que el que invirtió Champollion para averiguar qué diantres se decía en la Piedra Rosetta. Nada puede extrañar que así sea cuando quien capitanea el negocio supuestamente soberanista es Artur Mas (alías Madelman, según la impagable adjetivación de Juan Marsé), el Gran Timonel de CiU, esa factoría de ambigüedad calculada que con tanta frecuencia y maestría recurre a las maniobras de distracción pública con más pericia que Napoléon en el campo de batalla. Pero tarde o temprano tenía que suceder y, albricias, ya ha sucedido: uno de los jerifaltes de CiU ha hablado y se le ha entendido todo sin que haya que recurrir al diccionario de esperanto, al código morse, al de Hammurabi o a Eduard Punset. Me refiero, por supuesto, a las declaraciones de Josep Antoni Duran i Lleida admitiendo sus dudas de que la mayoría de los catalanes estén por eso que algunos llaman “independencia” sin explicar lo más mínimo en qué consiste. De manera que al señor Duran i Lleida hay que reconocerle el mérito de haber sido el único integrante de CiU en decir algo sensato e inteligible en los dos últimos meses. Merece, como poco, un ministerio. Incluso el de Wert.

Tan poco acostumbrados están en CiU a incurrir en contradicciones públicas (eso lo dejan para las izquierdas) que con el asombro aún inscrito en sus ojos ha salido al quite de su empresa ese aprendiz de milhomes llamado Oriol Pujol Ferrusola, el cual ha intentado con dudosa eficacia restaurar la consuetudinaria, rentable y confortable ambigüedad de los suyos. Y lo ha hecho ejerciendo de arquitecto forense: según él, a pesar de lo dicho por Duran i Lleida, en la federación nacionalista “no hay ni una sola grieta”. Y a continuación ha venido a decir que hay que seguir trabajando en la ampliación del gremio soberanista.

Las palabras de Duran i Lleida deberían contribuir a redefenir al menos un poquito todo este lío iniciado con la manifestación del 11-S y culminado con las elecciones anticipadas del 25-N (aunque lo parezca, no estoy hablando de autopistas de peaje; de eso ya se ocupan otros). Dicha tarea redefinidora debería pasar por la realización de un cursillo acelerado sobre los mecanismos universales de funcionamiento de la realidad. Las ventajas de semejante ejercicio formativo aclararían no sólo la rabiosa (nunca mejor dicho) actualidad, sino también el pasado más reciente.

Cuando Pujol junior afirma que hay que incrementar el número de ciudadanos catalanes partidarios de un estado propio (o sea, de su propiedad: de los Pujol y compañía) está diciendo que para cambiar la realidad hay que intervenir en ella sin manías. Ya era hora que alguien lo reconociese aunque haya sido de un modo implícito y timorato. Los nacionalistas llevan lustros vendiendo como “naturales” sus motivaciones políticas y dictaminando que son “artificiales” los argumentos contrarios a su ideario (el prestigio ecologista no tiene límites y, en manos de según quién, invita incluso a sutiles paralelismos: ser catalán es sano y ser español es cancerígeno). Sin embargo, la supuestamente prístina e impoluta naturaleza nacionalista ha sido industriosamente manufacturada día a día sobre todo mediante TV3 y su casolana manera de difundir la visió catalana del món. No en vano alguien dijo no hace mucho que durante sus veintitrés años de virreinato Jordi Pujol había tenido la oportunidad de elegir entre hacer un país o una tele y optó por esto último. En tal decantación hay que buscar una de las principales claves explicativas del constante crecimiento del sentimiento (que no idea racionalmente concebida) independentista. Sólo así puede entenderse la indiferencia general ante las palabras de Artur Mas en un debate de las últimas elecciones emitido por TV3 durante el cual el inminente vencedor afirmaba tan ricamente que él y los suyos eran tan tolerantes que incluso permitían a Alicia Sánchez Camacho y a Albert Rivera que hablaran español en TV3 (y, para vergüenza de sí mismos, ningún representante de la izquierda allí presente dijo ni mú por temor a ser tildado de hereje lingüístico). Sólo así puede entenderse el penosísimo “mirar hacia otro lado” de casi todo quisque ante el trato dado en TV3 a la manifestación del pasado 11 de septiembre (aún me pregunto dónde estaban al día siguiente los periodistas comprometidos con la verdad). Sólo así puede entenderse que precisamente en el mejor y más estable momento institucional de toda la historia de Catalunya el odio irracional y generalizado a todo lo procedente del resto de España haya cuajado con tanto ahínco, tan raquíticos argumentos y (dicho sea de paso) tanta corrupción. Sólo así puede entenderse, en fin, la omertà de tanto progre, de tanto esteta del politiqueo y de tanto apologista de la corrección política aterrorizado ante la posibilidad de ser tildado de fatxa espanyolista a la mínima ocasión que esboce el más leve mohín de desacuerdo con la doctrina de la fe patriótica.

Pasado el huracanillo provocado con un ventilador tras las palabras del ministro Wert, ya va siendo hora de que admitamos sin tapujos que en ninguna sociedad hay vida sin condicionamientos y coerciones de todo tipo; que si unos quieren españolizar, otros quieren catalanizar y otros hacen todo lo posible para que ingresemos en los Hare Krishna o nos compremos una enciclopedia de numismática; que no hay neutralidad, ni inocencia, ni naturalezas virginales allí donde habiten y se relacionen más de cuatro individuos humanos. La realidad se construye en mitad de una perpetua y múltiple tensión y al final siempre gana el que más puede, le asista o no la razón. Y a eso, a construir la realitat catalana sin razones (pero con muchos intereses disfrazados de pureza sentimental), se vienen dedicando desde hace décadas Oriolet Pujol y los suyos. Y si hasta ahora la han ido construyendo con una eficacia inusitada ha sido, en no poca medida, gracias a la fabulosa pasividad de la ciudadanía que no forma parte de su clientela y en ningún caso porque sean verificables ni el cruento expolio fiscal de Pedralbes o Sant Cugat ni la colonización de las segundas residencias del Empordà o la Cerdanya. Puestos a explicar chistes malos, los nacionalistas deberían proponerse la creación de un club de fans de Calimero.

Al margen de la consideración que merezca a cada cual el personaje, las palabras de Duran i Lleida deberían ser tomadas en cuenta por quienes afectados por la decepción política aún no se resignan a entregar Catalunya a su élite política y, a pesar de los tiempos sombríos, aún no han abandonado del todo la esperanza de algún día poder adecentar un poquitín nuestro actual marco político. A sabiendas de que, si es posible adecentarlo, sólo lo será desde la aspiración a una mayor igualdad social y económica entre todos los ciudadanos y no desde el color de las banderas. Porque todas las banderas sin excepción, como dijo Gustave Flaubert a George Sand, están llenas de sangre y de mierda. Más o menos como la realidad y sus ingratos mecanismos universales de funcionamiento.

6 pensaments a “Sobre el funcionamiento de la realidad (en Palamós, Chinchilla o Singapur)”

  1. Sobre la etapa de privatizaciones, hay un artículo, y comentarios muy interesantes, en la revista “Constelación”, de la que anoto aquí el link. Habla del asunto de la privatización del agua, y los comentarios al artículo dan pié a la reflexión sobre lo que sucede.
    http://konstelacio.blogspot.com.es/

  2. Por alguna razón que desconozco, no se ha publicado una entrada que escribí como comentario al artículo. Lo intento de nuevo.

    En el comentario llamaba la atención de los lectores hacia el programa que el domingo pasado emitió tv3, la televisión de todos, titulado “La intependència pas a pas”, y les decía que no hubo nada de inocencia en su emisión. La Junta Electoral había pedido retirar la publicidad institucional, pagada por lo tanto por todos los catalanes, en la que se utilizaban imágenes del 11-S, e inmediatamente se contraataca emitiendo un programa publicitario sobre la independencia. De nuevo esa falta de respeto hacia aquellos ciudadanos que no somos nacionalistas.

    No es una cuestión de la “libertad de expresión y programación del ente público”, ya sabemos a quién responde ese ente público que se ha convertido en el peor telemadrid de la estapa Esperanza, así que volvemos el rostro hacia quienes nos gobiernan y les hacemos la pregunta ¿conocen lo que es respeto a la pluralidad?

    Tv3 se convirtió en el vocero de CiU, y lo peor es que, al igual que se pregunta Josep María Cuenca, estan desaparecidos los periodistas comprometidos con la verdad, si es que queda alguien al que podamos calificar de ese modo. Hoy parece que siguen cuatro años de carrera para poder hacer esta pregunta: ¿Cree que Rajoy tiene miedo de lo que pueda suceder? Cuatro años para esto. Y mientras 500 desahucios al día.

  3. Absolutamente convincente.Me permito añadir una frase de León Tolstoy “las banderas son telas y palos”.cordialmente mateo.

  4. Amen !!! Suscriba cada una de sus palabras de la primera a la ultima, llega el momento de parar los pies a esta gente antes de que ellos nos acaben botando a todos.

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