¡Sin insultar, señor Floriano!

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Los efectos de la consulta siguen colando. En la foto superior, Carlos Floriano, portavoz del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados

José María Mena
Jurista, ex Fiscal jefe de  Catalunya

La Fiscalía es una institución jerarquizada, pero colegial. Algunas decisiones importantes se deben discutir colegialmente en una junta, aunque finalmente prevalezca la opinión del jefe. La ley prevé un sistema de solución del conflicto cuando el jefe discrepa de la mayoría de la junta. La discrepancia, por lo tanto, no es una catástrofe, ni un motín, como se está diciendo con ocasión del debate interno de la Fiscalía en el asunto del 9N. La discrepancia es muestra de la normalidad de las previsiones legales. No debería generar mayores comentarios. Pero los ha generado. Los fiscales de Barcelona recibieron la orden del Fiscal General de interponer querella contra el President Mas por lo del 9N.

Reunidos en junta han tomado la decisión unánime de negarse a obedecer la orden, amparados en una previsión legal similar a una objeción de conciencia. La ley permite negarse a cumplir la orden cuando se considere que es “contraria a las leyes o que por cualquier otro motivo se estime improcedente”. Cuando ocurre esto el jefe puede insistir en su orden, descargando de responsabilidad al fiscal subordinado, o nombrar a otro para que siga con el asunto. Todo eso es la normalidad prevista en la ley.

Carlos Floriano, portavoz del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados, debe creer que no hay normalidad más allá de la voluntad del Gobierno. Acaba de decir que los fiscales de Barcelona han tomado su decisión porque están contaminados por el independentismo, y por presión de los poderes políticos de Cataluña.

El señor Floriano ofende gravemente a los fiscales y a las fiscales de la Fiscalía Superior de Cataluña. Al decir lo que ha dicho les está atribuyendo una gravísima conducta, les está diciendo que no han cumplido con su deber,   que no han actuado con objetividad e imparcialidad. Está afirmando que no han decidido ateniéndose exclusivamente a la legalidad. Les está acusando de sumisión, de cobardía ante el poder político. Les está acusando de prevaricación.

Como es diputado, y está actuando como tal, al ser portavoz de su Grupo parlamentario, no es posible replicarle con una querella por proferir tales ofensas. Goza de inviolabilidad por las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones, según el artículo 71 de la Constitución. Pero se ampara en su privilegio constitucional para lanzar una ofensa gravísima impunemente, lo cual tiene algo de prepotencia, algo más de cobardía y, además, un inmenso cúmulo de ignorancia.

Cuando se es ignorante en una materia, lo prudente es buscar un informador solvente. El señor Floriano no ha acertado, al parecer, en esta búsqueda. No es posible, por ahora, saber quien es el desdichado que informa al señor Floriano o a la señora Sánchez Camacho. Pero es seguro que o es un ignorante precipitado compulsivo, o es el peor de sus enemigos, que les pasa datos erróneos para confundirles y desacreditarles. O, aún contra su voluntad, es las dos cosas a la vez.

El caso es que el señor Floriano ha hablado de lo que no sabe, con datos que no conoce, y sin más propósito que defender la peregrina tesis del Gobierno, indefendible, sobre la base de salpicar a los fiscales de Barcelona imputándoles la comisión de un delito de prevaricación. Su torpe actuación no beneficia al prestigio de las instituciones, que tan necesitadas están de recuperarlo. No beneficia a la credibilidad de la Fiscalía, tradicionalmente salpicada de sospechas de subordinación al Gobierno de turno. No beneficia a su propio Gobierno, azuzando una línea inviable de solución punitiva de la cuestión catalana. Sólo beneficia al President Mas, al que pretende transportar en las andas de un proceso penal, desde la inoperancia política hasta la cumbre del heroísmo patriótico.

El señor Floriano miente a sabiendas. Ofende a sabiendas. Por eso debería retractarse, pedir perdón, y después callar, para que no fuera necesario tener que repetirle ¡sin insultar, señor Floriano!

Un pensament a “¡Sin insultar, señor Floriano!”

  1. Querido señor Mena.
    El tal Floriano (que tiene más de “florasno” que de otra cosa) sabe bien lo que dice, es asno, pero no tonto. En realidad lo que persigue es todo lo que usted dice: “defender la peregrina tesis del Gobierno”, “salpicar a los fiscales de Barcelona imputándoles la comisión de un delito de prevaricación”, desprestigiar las instituciones (principio fascista), desacreditar a la Fiscalía (ídem). Ahora bien, también pretende “beneficiar a su propio Gobierno” amenazando con el “espantajo” de la cuestión catalana. Y, finalmente, beneficiar al President Mas. No olvide que son lobos de la misma camada aunque, circunstancialmente, hablen idiomas diferentes. Uno y otro odian al pueblo y le masacran siempre que pueden.

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