Ser obrero no es ninguna ganga

LAMENTABLE DIA 8[2]
Obreros en una obra. Foto: PILAR AYMERICH
Santi Vinyals
Periodista

El día 1 de mayo del año 1890 en muchas ciudades del mundo los obreros celebraron por primera vez como jornada conmemorativa el Primero de Mayo. Había sido instituida el año anterior por la Segunda Internacional para recordar la condena a muerte de cinco dirigentes obreros de Chicago en un proceso falseado. Fueron colgados el 11 de noviembre de 1887 (uno de ellos se suicidó la víspera de la ejecución). Una revisión posterior del proceso demostró en 1893 su inocencia. Se les había acusado de ser los responsables de la manifestación del 4 de mayo de 1886 en la que, al disparar la policía contra los huelguistas, hubo muertos tanto entre los obreros como entre las fuerzas del orden. La manifestación, de miles de obreros, se había organizado para apoyar una huelga que había empezado el 1 de mayo anterior en demanda de las ocho horas de trabajo.

Barcelona y otras ciudades de la península celebraron también por primera vez el Primero de Mayo aquel mismo 1890. La dictadura de Primo de Rivera prohibió las celebraciones, que pudieron regresar el 1930 y duraron hasta 1938 en Barcelona. Después, una fiesta sustituida por el día de San José Artesano y por el Dos de Mayo, fiesta de la independencia (no la de Cataluña, claro). Cuarenta años de prohibiciones, intentos de manifestación y detenciones. En Barcelona, la que más huella dejó fue la del Primero de Mayo de 1967, cuando 52 persona fueron detenidas en una celebración clandestina en la Font dels Eucaliptus, del barrio de Torre Baró. Hasta que en 1978 el Primero de Mayo volvió a ser legal.

Francisco Candel recuerda que su libro Ser obrero no es ninguna ganga, que la editorial Ariel intentó publicar para el Primero de Mayo de 1969, fue secuestrado por orden de Carlos Robles Piquer, director general de Cultura Popular y responsable del mundo editorial, martillo de herejes y cuñado de Manuel Fraga, entonces ministro de Información y Turismo. Como explicó el mismo autor en un artículo, “a veces los cabrones aguardaban justo a un cuarto de hora antes de finalizar el plazo de presentación del libro para secuestrarlo.” Ser obrero no es ninguna ganga, que pudo publicarse años más tarde, es una lectura o relectura obligada en este Primero de Mayo donde los cabrones vuelven a campar a sus anchas. Una lectura que se puede hacer, por ejemplo, en los jardines del Primero de Mayo, que están en el barrio barcelonés de Vallbona, o en la plaza del Primero de Mayo, de Sabadell.

En el libro, Candel explica las consecuencias que tuvo para la clase trabajadora española el Plan de Estabilización de 1959, unas consecuencias no muy diferentes a las que se vuelven a vivir desde hace un lustro en la península, ahora con el nombre de planes de austeridad, pero igualmente bajo las directrices del FMI y el BM, a los que se ha sumado entusiasta un sector de la UE. Los “mercados” se carcajean ahora de un siglo y cuarto de sufrimiento, de ir poniendo poco a poco una piedrecita encima de la otra, de pequeñas victorias y grandes retrocesos. Ahora la clase obrera no puede ni dar dos pasos adelante y uno atrás, siguiendo el consejo de Lenin. Ha de conformarse con ver como otros dan dos pasos atrás cuando ellos intentan dar uno hacia adelante. Pero sin perder jamás la esperanza.