Señor don Alfonso Guerra: Teatro. Lo suyo es puro teatro

alfonso_guerraAntología de sandeces políticas (25)
Ángel Sánchez de la Fuente
Periodista 

Aquel vicepresidente que decía estar “de oyente” en el Gobierno de Felipe González y que siempre tuvo la lengua muy larga, anda estos días dedicado a la promoción del tercero y último tomo de sus memorias. Alfonso Guerra, único diputado que sobrevive desde 1977, acaba de declarar a nuestra colega Núria Navarro: “El concepto que tengo de mí mismo es peor que el de mi peor enemigo. Yo soy un paria.” Teatro. Lo suyo es puro teatro. Parafraseando la obra de Edward Albee ¿Quién teme a Virginia Woolf?,  cabe preguntarse: ¿Quién temió a Alfonso Guerra? Porque no hay duda de que el número dos del Gobierno y del partido socialista en los años 80 era tan temible, que se le atribuyó la frase de “quien se mueva no sale en la foto,” que el propio Guerra ha negado que fuese suya.

 

juan guerra y alfonso guerra
Juan Guerra y Alfonso Guerra

Las fechorías del hermano Juan

Vista desde la perspectiva actual, en la balanza política de Guerra pesan más los errores que los aciertos, sobre todo desde que se supo que un hermano suyo –Juan, el número 11 de los 13 de una familia supernumerosa—pasó de ser un simple asalariado del PSOE a un negociante enriquecido a base de tejer una red de tráfico de influencias desde el despacho habilitado en Sevilla para el vicepresidente del Gobierno. Este tuvo que dar la cara en el Congreso de los Diputados el 1 de febrero de 1990: “Nunca he autorizado a nadie para que use mi nombre en actividad pública o privada. Mi representación la tengo yo.” Y añadió: “Nunca he pedido a mi familia que me informe de sus actividades.” Apenas un año después, Alfonso Guerra se fue del Gobierno (“Felipe me echó,” ha llegado a decir), sin admitir nunca que la principal razón fueran las fechorías de su hermano Juan, entre cafelito y cafelito en aquel despacho usurpado. ¿Por qué dimitió? Porque “la sintonía con el presidente no era la que debía ser.” Por supuesto que esa lejanía ideológica también se produjo. En 2002, manifestó en el diario El País: “A Felipe le dije: ‘No te pido que vayas por mi acera, pero tampoco por la de otros’.” Es decir, la acera de los Solchaga y compañía, que, según Guerra, era “el social-liberalismo con el que Felipe terminó coincidiendo.”

images“A España no la va a conocer ni la madre que la parió”

A raíz del escándalo del hermanísimo, ya nada fue igual. Si en la campaña de las elecciones de junio de 1986 había proclamado solemnemente que “con otros cuatro años más de Gobierno socialista, a España no la va a conocer ni la madre que la parió,” resultaba inevitable asociar la España de la parturienta madre con la España del hermano conseguidor. Y tanto los guerristas (los menos) como los antiguerristas (los más) recordaron algunas sentencias recientes del vicepresidente caído. Por ejemplo, esta pronunciada tan solo dos años antes de que estallara el escándalo de Juan: “Yo creo que entre los socialistas no hay tráfico de influencias. Y si existiera, se debería denunciar y extirparlo radicalmente.” Mientras el Alfonso invidente afirmaba aquello, su hermano iba recibiendo visitas (concretamente, el 27 de septiembre de 1988 fueron contabilizadas 50, y en año y medio, 600) de aspirantes a acceder al vicepresidente por un camino más fácil. ¿Qué pensaría el propio Guerra cuando recordara lo que había dicho en 1982, poco antes de llegar a la Moncloa: “Nos podrán acusar de meter la pata, pero jamás de meter la mano”? ¿Y de aquel exabrupto que soltó en junio de 1977, en vísperas de los primeros comicios? Sí, este: “Si ganásemos las elecciones, meteríamos en un barco a los capitostes del capitalismo, y no los mataríamos, pero en alta mar barrenaríamos la panza del barco. Sin derramamiento de sangre.” Perdieron y ganó la UCD de Suárez. Las siglas de UCD significaban, en palabras de Guerra, “Unión de Caciques Disfrazados”, y Suárez era “como un tahúr del Misisipi con el chaleco floreado.”

cnt475012_h348_w619_aNoChange_alfonso-guerra-presenta-sus-memorias-a-terraDel disléxico Abril Martorell al holgazán Rajoy
Si hay un político de este país que ha sobresalido por sus frases punzantes (algunas muy ingeniosas), sus flagrantes insultos y sus no pocas sandeces, ese es Alfonso Guerra. Además del material recogido hasta ahora, he aquí otra muestra:

“Yo creo que Abril Martorell tiene alguna dislexia en alguna parte del cerebro.” (Febrero de 1980)

“El ministro Arias-Salgado no puede aceptar un debate público conmigo sobre la autonomía andaluza hasta que se le pase la regla.” (Febrero de 1980)

— [Sobre la política de UCD en Andalucía] “Uno tiene dos alternativas: o hacer un gesto testimonial, como una huelga de hambre, o tomar las armas, como se hace en Euskadi.” (Febrero de 1980)

“Fraga se está convirtiendo en el psiquiatra de los golpistas.” (Octubre de 1982)

“Yo creo que España no debe estar en la OTAN.” (Julio de 1983)

“A mi izquierda, el abismo. El que se ponga a mi izquierda se cae, vamos.” (Dicembre de 1983)

“De la rosa [socialista] yo soy la espina y Felipe es el aroma.” (Diciembre de 1985)

— [Referido a Jordi Pujol] “No se puede ser Napoleón en el siglo XX y príncipe de Andorra sustituyendo a un obispo.” (Mayo de 1986)

“Suárez es peronista y machista; Gerardo Iglesias es poco sólido y parece que llega cargado a los mítines, y el líder del PRD ya no es Miquel ni Miguel, solo Roca, como los saneamientos.” (Junio de 1986)

“Cuando sonríe el señor Aznar con la sonrisa de hiena, el frío corre por las espaldas de una manera terrible […] La extrema derecha ha encontrado a su hombre en el señor Aznar.” (Mayo de 1993)

“Aznar me parece hoy lo mismo que ayer: un mediocre que se refugió en las formas autoritarias para esconder su falta de grandeza.” (Noviembre de 2002)

“Rajoy es el señor que lleva mucho tiempo tumbado en la hamaca con un puro en la boca; el indolente, perezoso, haragán y holgazán.” (Septiembre de 2010)

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Foto: EFE

“Nos cepillamos el Estatut como carpinteros”

El jacobinismo de Guerra cuenta con merecida fama, como puede observarse cuando afronta los problemas catalán y vasco. El exministro Jorge Semprún contaba, en una grabación televisiva difundida a raíz de su muerte, que cuando comentó con Pujol lo que podía quedarse en Cataluña del legado de Dalí, cedido todo al Estado, el vicepresidente Guerra le llamó para preguntarle si se había bajado los pantalones con los catalanes. Bastantes años más tarde, siendo Guerra presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, hubo de afrontar el nuevo texto del Estatut catalán. Esto fue lo que manifestó públicamente en Bilbao en abril de 2006: “El plan Ibarretxe nos lo cepillamos sin llegar a la comisión y [el Estatut] catalán nos lo cepillamos como carpinteros.” Ni que decir tiene que si el Congreso lo cepilló, el Tribunal Constitucional lo acabó triturando en 2010.

No obstante, es curioso el relativismo político. En los años de la transición, un Guerra fresco y desinhibido se atrevía a decir que España era para él “una nación de naciones” e incluso defendía textualmente “la aspiración de identidad nacional de los catalanes.” El giro copernicano queda claro con estas otras palabras suyas relativas al debate estatutario en 2005: “No entienden algunos que, para millones de españoles, si una comunidad se define como nación significa que no se siente dentro de la Nación.”

En la actualidad, a todo aquello que le produce urticaria en su piel de nacionalista español le niega la existencia: “El derecho a decidir no existe en ningún manual.” […] “El sobreesfuerzo fiscal es un concepto que no existe, no es real.” […] “El Estado federal asimétrico no existe, es una pura contradicción.” Con una posición tan cerril, ni siquiera parece creíble esta otra reflexión: “Voltaire decía que daría su vida porque los demás pudieran defender ideas contrarias. Yo mi vida no la doy. Doy media vida para que los nacionalistas puedan defender sus tesis. La otra media la necesito para que no lo consigan.” Teatro. Puro teatro. “En realidad, yo nunca he dejado del todo de hacer teatro,” dijo en una conferencia que ofreció en septiembre de 2005 en el barcelonés Teatre Romea, en donde evocó sus tiempos juveniles de director y actor del grupo Esperpento. Nombre profético este de Esperpento.

Un pensament a “Señor don Alfonso Guerra: Teatro. Lo suyo es puro teatro”

  1. Alfonso Guerra tiene la lucidez del resentido social y los defectos de sus virtudes, en eso último es como todos nosotros. Pero sus lecturas son locales y tópicas, no habla bien ninguna lengua, aun lo recuerdo presentando a Mitterrand como “Françoise”, qué vergüenza. Ha sido un político vacío, no ha legado ni una sola idea práctica a la humanidad y en eso se parece a los políticos catalanes posteriores a Prat de la Riba. Pero como todo resentido social detecta enseguida a quienes le pueden hacer sombra porque son como él. Ahí reconoció a Garzón, se encontraron en esa tendencia irrefrenable a la chulería y al exhibicionismo. Pertenecen a una generación y a un medio social que me recuerdan irresistiblemente a los “profesores” de formación del espíritu nacional.Y confirma esa triste regla de que nada se parece más a un español de derechas que un español de izquierdas. Salvo naturalmente D. Manuel Azaña, que por eso murió en Francia.

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