Segways

Por M. Eugenia Ibáñez

El Ayuntamiento de Barcelona ha decidido regular el uso de esos  artilugios con ruedas que proliferan por aceras y espacios peatonales, en su mayoría utilizados por turistas que aún no han descubierto el inmenso placer de callejear por una ciudad. La medida me parece perfecta, aunque  tardía por lo que se refiere a la responsabilidad de anteriores alcaldes bajo cuyo mandado comenzó esa modalidad turística.

Dicho esto, y a la espera de que las buenas intenciones se conviertan en una ordenanza y que, por supuesto, se exija su cumplimiento, la normativa que ha trascendido parece un tanto tímida, como si los responsables de su redacción no estuvieran del todo convencidos de sus objetivos. Si nos atenemos a lo que hasta ahora ha trascendido, esos artefactos –segways, ruedas, patinetes y triciclos eléctricos y chismes varios– podrán utilizarse en calles peatonales y parques públicos. Con matices según tamaño y la velocidad que puedan adquirir, circularán por carriles-bici, parques públicos y ciertas calles. Es decir, peatones y vehículos seguirán compartiendo espacio.

¿Tan difícil resulta excluir vehículos con motor, por limitada que sea su potencia, de las zonas donde, se supone, el peatón tiene prioridad absoluta? ¿Es lógico que un artefacto eléctrico comparta espacio con los niños en un parque? ¿Quedará garantizada la seguridad de un ciclista en un carril-bici  que también utilizará un segway, por ejemplo?

Me pregunto si detrás de esas ambigüedades no hay cierto temor al descontento que la nueva ordenanza puede generar entre empresas y empresitas dispuestas a convertir Barcelona en un parque temático del turismo donde se puede hacer casi de todo. La nueva normativa debería apuntar con claridad hacia el modelo de movilidad que busca el gobierno municipal de Ada Colau. Las medias tintas no nos resuelven las dudas.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *