Sandeces y teocracias

Cuentan que en la vieja Grecia un gran pintor (unos dicen que fue Polignoto, otros Zeuxis, otros Parrasio, otros Apeles… es igual, el que fuera…) estaba, ante un grupo de curiosos, pintando una dama. Un zapatero presenté le hizo notar que había un error en la disposición de las trabillas de las sandalias. El gran pintor lo corrigió. Al poco el zapatero, animado por el éxito, le hizo una observación sobre el perfil de la nariz. El artista se limitó a decir: zapatero, a tus zapatos.

Parece que desde entonces los zapateros son más discretos. No así otra gente, a la que le da por meterse en lo que, no siendo lo suyo, ni saben ni entienden.

Cuando un zapatero opina de retratos al óleo o un ciclista de teoría cuántica y meten la pata todo queda en eso: zapatero, a tus zapatos; ciclista a tus tours; y santas pascuas. Un poco de broma, señalar (algo tan español…) que ‘hacen el ridículo’, y a otro chupóptero, lepidóptero.

Pero cuando los que se meten en lo que, por no ser lo suyo, ni saben ni entienden, son gentes con más poder y con más capacidad de hacer destrozos, entonces la cosa es peligrosa. Baste recordar a los políticos del PP en general y valencianos y aragoneses en particular dando clases de lingüística y publicando sus sandeces en el boletín oficial, en forma de leyes, para ridículo patrio y  siendo objeto de mofa, befa, escarnio y vilipendio mundial. Eso empujaba a mucha gente a pensar: Yo, con esos, no quiero tener nada, que su mera proximidad me avergüenza.

Y mucho peor es cuando el Tribunal Constitucional, último garante, dicen, de la legalidad en el Estado, se lía la manta a la cabeza y, para defender a un boticario jurásico, decreta (verdad suprema) que un óvulo fecundado es una persona, y su eliminación, por tanto, un aborto generador del derecho de objeción de conciencia.

Lo que sea o no sea un óvulo fecundado es cosa de la ciencia. Los integristas, fundamentalistas, predicadores, catequistas y otras especies metafísicas pueden pensar lo que quieran, pero cuando el Tribunal Constitucional se apoya en las opiniones de esas gentes para dictar sentencias ya no estamos en eso del ridículo, mofa, befa, escarnio y vilipendio que nos avergüenza, es que estamos ante una situación que nos hace decir alto y claro que, si esa es la suma interpretación de la ley en este país, nosotros, y ese, y el otro, y yo, no queremos estar en semejante teocracia.

2 pensaments a “Sandeces y teocracias”

  1. Cuando allá por los sesenta estudié derecho civil me enteré, con sorpresa, que un ser nacido en España no era persona hasta que habían pasado creo que setenta y dos horas de que se hubiera cortado el cordón umbilical. La sacrosanta ley de los sacrosantos juristas decía que tampoco era cosa de tomarse trabajos innecesarios (papeleos, inscripciones…) por ‘algo’ que ves tú a saber si sobreviviría. En aquellos tiempos -muchos años- de la España de cerrado y sacristía ese argumento era considerado por los juristas como bueno, justo, equitativo y saludable.

    De un óvulo fecundado a un bebé de tres días va mucho camino para dejar esa categoría jurídica en manos de esa gente. Reclamo para los científicos esa definición.

  2. Los “zapatos” del Tribunal Constitucional son lo jurídico, y por lo tanto deben incluir las realidades en categorías jurídicas, y suelen ser gente de lo más capacitado para hacerlo. Por lo tanto cuando interpretan cuándo comienza la vida jurídicamente hablando, para aplicar la figura jurídica del aborto, están actuando absolutamente dentro de su campo.
    Un poco de respeto por especialistas en la materia es lo que el gran pintor de la Antigua Grecia intentaba enseñar.

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