Salvador Pániker

 

Mi primer encuentro con él fue un topetazo. Yo era muy joven cuando le pedí una entrevista y su respuesta, dada en un tono displicente, fue que le enviase un currículo para que él pudiese ver si yo estaba capacitado para entrevistarle. No se lo envié porque era un joven sin currículo. Ha muerto a los 90 años.

Impulsor y presidente de la Asociación pro derecho a morir dignamente, Pániker reflexionó a lo largo de treinta y dos páginas sobre la vida, la bioética, la eutanasia, la actitud de la clase médica y lo que definía como desfachatez de los integristas, apartado en el que incluía a la jerarquía católica,  en su libro Asimetrías, publicado el 2008. Eran temas que le obsesionaban. Conversamos varias veces sobre esos temas.

Ante el mensaje católico de que el dolor sublima, Pániker respondía que más que sublimar provoca angustia y sobre todo perplejidad por lo que tiene de absurdo, y ante la cobardía política que no se decide a dar un paso adelante en el tema de la muerte digna (que desea un 70% de españoles) me dijo:

“La clase política sigue teniendo miedo a la Iglesia, que siempre ha querido tener el monopolio sobre las postrimerías del ser humano, pero en el futuro inmediato la Iglesia tendrá que rendirse a la evidencia de que el final de la persona no lo programará la religión sino el avance científico, y el 50% de los grandes científicos de hoy se declaran ateos o agnósticos”.

Tenía un hermano religioso (con el que durante muchos años no hubo relación fluida, por decirlo de forma amable). Discrepaban sobre muchas cosas. No sé si también sobre el debate contraponiemdo eutanasia y cristianismo: afirmaba  Salvador que si la Iglesia dice que el mal que se le hace a una persona se le hace a Dios, hay que preguntarse si la tortura que se le hace a un moribundo entubado y que pide su derecho a morir sin más sufrimiento no es un daño que se le está haciendo a Dios desde el punto de vista cristiano.

Era un hombre que elevaba el tono de la conversación, tanto cuando entrevistaba él –marcaron una época sus conversaciones con gentes de Barcelona y de Madrid– como cuando era entrevistado. Cuando le entrevisté al publicar su Cuaderno amarillo me habló de política a través del pensamiento del filósofo Jürgen Habermas, que propugnaba, me dijo, más movimientos sociales y redefinir la democracia visto que la participación política  concedida a los ciudadanos en el capitalismo avanzado es ficticia.

Ingeniero, escritor, editor, filósofo, amante de la paradoja y la dialéctica, era hombre relativista y creía que los valores absolutos conducen a los crímenes. En uno de nuestros encuentros en su torre en la parte alta de Barcelona en el que ya hacia años que había dejado de vivir su esposa, Nuria Pompeia, me dijo que los  nuevos mitos en los que podemos creer se llaman física cuántica, teoría de la evolución o biología molecular y los textos sagrados, desde Aristóteles a Béla Bartók.

Tenía un toque de soberbia elitista pero cuando le conocías y se te abría veías que todo era un poco de pose. Era tierno, emocionalmente frágil, como somos casi todos.

Recuerdo el día que coincidimos en el acto de presentación de un libro. La librería estaba llena y nos quedamos cerca de la puerta. Junto a nosotros una señora ojeaba un libro de Pániker que acababa de publicarse y cogió de la mesa sin saber que tenía al autor al lado.

–Lo ha ojeado con fruición–le dije al terminar el acto.

–Pero no lo ha comprado– se dolió.

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Foto superior de Yolanda Cardo

Un pensament a “Salvador Pániker”

  1. Muchas gracias, Martí, por este recuerdo. Confieso que no he leído a Paniker con detenimiento, pero de inmediato me vinieron a la memoria sus Variaciones Goldberg, que tanto disfrutaba.
    (Incluso prescindiendo del Dios de Hegel) albergaba Paniker algo de hegeliano cuando hablaba de ellas. Desde entonces, si en algún momento escuchaba las Variaciones, no podía evitar escudriñar sobre esa suerte de “Espiritu Absoluto” que Paniker reivindicaba. Remontarme a Bach, contemplar el tiempo, todas las vidas que disfrutaron de dicha armonía desde entonces, sentir las tesis, las contradicciones y las síntesis de la humanidad; contemplar “la divinidad” desde su coartada, contemplar con indulgencia la humanidad tras detestarla, abrazar el pensamiento de Paniker, abrazar al hombre, abrazar la historia…
    “El misticismo es el último espasmo de la razón crítica cuando llega a afrontar sus limitaciones”, “Para amar al prójimo no se precisa religiosidad alguna”, el (divino) orden del mundo asemeja una teología del caos”, “el asombro de existir (…) ya no trata del más allá sino del más acá” decía en un “La Clave” de los años 80.
    Desde su orientalismo, el espiritualismo de Paniker era, a ojos de los fundamentos del Libro, un espiritualismo ateo, pero no por ello menos poderoso o menos pujante. ¿Cómo no encontrarse con una filosofía verdaderamente filosófica y desinteresada (no adulterada me atrevería a decir)? ¿Como disentir con el relativismo? ¿con el libre y dispar pensamiento? ¿con la digna razón?
    Afectuosos saludos

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