Ruiz Gallardón: defiendo la vida

Eladio Gutiérrez

2/2/2012 – 9:10
Antes de que se enfríe la cosa (o se caliente de una puta vez, lo pide incluso Pérez Reverte preguntándonos si somos idiotas) bueno será advertir que el ministro de Justicia Ruiz Gallardón, como era de prever (ahora ya tiene descabalgada de su grupa la esperanza), pronto enseña la patita, enharinada, eso sí, para que no le tengamos por el lobo feroz. Hablando de las medidas que tomará sobre el aborto Gallardón dice sin pestañear: defiendo la vida, esa es la decisión más progresista que adoptaré en mi vida. Y para que cuele mejor el progresismo que representa su “defiendo la vida” ante los que considera que estamos defendiendo la muerte, únicamente falta que nos enseñe fotos rodeándose de obispos y de damas directivas de los roperos de beneficencia, señoras que como él seguro que refrendan volver a la España en la que no abortaba ni Dios (por lo menos no lo hacían las mujeres que tenían posibles para coger el trole hacia Londres o hacia París, ciudades de por sí pecaminosas).

Ante esta situación, la ministra de sanidad, de momento, sólo se atreve a balbucear que no se trata de entrar en el túnel del tiempo sino de establecer medidas disuasorias puesto que, asegura Ana Mato, todo el mundo sabe que hay métodos anticonceptivos que están al alcance de todo el mundo (¿se referirá la ministra a los condones que se expenden sin permiso papal o a la abstinencia?). Mientras tanto, enfrente, la oposición parlamentaria, capitidisminuida por su mala cabeza, clama al cielo al ver que se va a modificar una ley que únicamente pretende que no haya interrupciones de embarazo  sin las condiciones clínicas debidas. Pero la suerte, salvo que dejemos de ser los idiotas que parece ver a su alrededor el académico Pérez Reverte, ya está echada en ese campo.

Ruiz Gallardón cuece, sí, reformas en el aparato de Justicia que nos van a dejar doblados a los contribuyentes por el peso de su carácter progresista. Convendrá analizarlas a medida que las vaya dando a conocer. De momento, con la del aborto y con el copago que se va a aplicar a los que recurran a los tribunales (¿quién coño podrá recurrir?), ya se intuye qué podemos esperar de la andadura de un hombre que el día del traspaso oficial de poderes, registrado en la Casa de los Siete Jardines entre él y su antecesor en el cargo, Francisco Camaño, pidió, compungido por la impertinente necesidad que le acuciaba, retrasar unos momentos el inicio del acto protocolario porque tenía que soltar aguas menores. Mientras el flamante ministro estaba en el baño echando la meadita de rigor (culpa de los nervios, decían los entendidos) algunos salientes entretenían el rato de la espera musitando por lo bajini lindezas del estiloahora te vas a joder, amigo, este es el ministerio más puñetero. Lidiar con jueces y fiscales es la tarea más ingrata y triste que le puede corresponder a alguien con ambiciones.

En el interín de esperauno de los asistentes a la ceremonia (poco amigo de la judicatura, seguro) dejó caer ilusionado: sería hermoso ver la fusión de Interior con Justicia para que así Justicia se convirtiera en Secretaría de Estado. ¡Menuda leche se pegarían algunos viéndose degradados! Otro, se encargaba de poner las cosas en orden: tú estás loco si crees que jueces y fiscales, y los órganos de gobierno de los jueces y los órganos de gobierno de los fiscales iban a consentirlo. Ya viste cómo se pusieron en tiempos de Belloch.

Gallardón, en ese entretanto, meaba. Luego soltaría el discurso de salutación y, a renglón seguido, se metería, con carácter de urgencia, a defender la vida. Y en esas estamos.

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