Rubalcaba, a los puntos


José Martí Gómez
38 Congreso del PSOE. Sevilla

04-02-2012
Como viejo aficionado que soy al boxeo pensaba, mientas escuchaba los discursos de los dos candidatos, que en los plafones del PSOE que cuelgan de las paredes del hotel en el que se celebra su congreso se hubiesen podido colgar carteles imitando a los que anunciaban combates de grandes veladas de boxeo. Como teloneros, diría el anuncio, Griñán contra Chaves, dos pesos pesados andaluces que dicen que se quieren cuando en realidad se aborrecen. Como combate de fondo, el veterano y fino estilista Rubalcaba contra la joven y prometedora fajadora Chacón..

Como ocurre en el boxeo, también en la política el público está más por la joven promesa que llega que no por el veterano que sabe se enfrenta a su último gran combate, caso de perder. El público vibró con el discurso mitinero de Chacón y siguió sin entusiasmo el frío discurso académico de Rubalcaba. Ninguno de los dos demostró tener una pegada demoledora y el combate se vio que iba a decidirse a los puntos. Parecía que el público que seguía los discursos desde el ágora, público que no tenia derecho a votar se inclinaba, a juzgar por sus aplausos, por Chacón pero ese público no se metía en las cabinas para escoger su voto. Era otro público el que votaba. La mayoría de esos congresistas, según datos del propio PSOE, trabaja en organismo oficiales o en las sedes del propio partido.

Desde un rincón de un salón vi a Rubalcaba dirigirse a su habitación. Un grupo reducido de simpatizantes le aplaudió. Se le veía cansado. No expandía optimismo. Así vi llegar a los vestuarios a muchos campeones en el ocaso de sus carreras. La mayoría cayeron para no volverse a levantar. Los campeones de raza siguieron destrozando a jóvenes promesas. Había cabreo entre los partidarios de Chacón, que creían tener ganado el congreso. Con Moratinos, ex ministro de Asuntos Exteriores alineado con la joven promesa, he coincidido en el vestíbulo de hotel. Llevaba encima un cabreo de mil demonios que ha sintetizado con una frase. “Si no quieren el cambio, allá ellos”.

En el chaconismo nadie pareció contar con el hecho de que Rubalcaba es un político de raza. Ser político de raza es saber explotar muchas cosas, unas honorables y otras digamos que poco ortodoxas. El socialismo catalán ha vuelto a tener vista. Serán pasados por la piedra.