PROSTITUCIÓN

Rosa: “Yo no nací para ser prostituta”

Recorremos un retazo de la vida de cuatro de las muchas mujeres prostitutas que forman parte de las lucrativas redes de explotación sexual

Conchi Cejudo
Periodista de la Cadena Ser

Estos son los zapatos y el vestido que Rosa usó durante 5 meses en el club donde tuvo que prostituirse para pagar el pasaje de avión que le permitiría traer a su hija de Ecuador. Ha venido a la radio a relatar su historia, a contarnos como se disfrazaba con esa ropa, “como si fuera un payaso, pero eso se acabó”. Nos pide que los quememos.


Solo le traen malos recuerdos. Los de un club que parecía una jungla, “donde no tienes amigos y donde cada día te recuerdan lo que vales. Hoy 100, mañana 200, al día siguiente 50 euros”. Esta es una de las muchas mujeres en las que se ha cumplido la ecuación perfecta: más de 40 años y migrante sin papeles. El destino ha querido que termine vendiendo su cuerpo.

Hoy vive con su hija. Ya no tiene que dejarla sola por las noches, y ella, no sufrirá más porque alguno de los hombres que viven en el piso que comparten pueda hacerle daño mientras ella hace cálculos para pagar la luz. Hace 15 días que no va a ese club. Se está dando una oportunidad a sí misma y a su hija. “Somos un equipo. Ella es mi columna vertebral”, sin embargo, en su cuenta bancaria quedan apenas 500 euros y si no sale pronto un trabajo, terminará barajando de nuevo la peor de las opciones.

“La mujer que va cada día a Marconi no soy yo”

María ha tenido más suerte. Durante unos meses trabajó en el mismo club pero ahora limpia por horas y cuida a una pareja de ancianos. Es su mejor pasaporte y el que le permite no avergonzarse cuando regresa a casa y mira a la cara a su hijo. Él nunca supo qué hacía ella cuando no estaba por las noches. “La primera vez que fui a un club con mi amiga porque necesitaba dinero, el dueño me dijo que tenía que estar con los clientes para que tomaran copas. La mitad de lo que sacara sería para mí. Yo solo veía euros y el billete de metro que podría pagarme para ir cada noche a trabajar, el recibo de la luz, la comida de mi hijo…”. En el relato de Vanesa cambian los nombres y el escenario pero hay también muchos hilos conductores. “Cada mañana, cuando llego al polígono Marconi, hago un click en mi cabeza. De allí tengo que sacar dos sueldos, uno para mí y para mi hijo y otro para mi madre en Colombia, pero esa no soy yo. Me lo repito cada día cuando regreso a casa por la noche”.

“Era violada cada noche por 15 o 20 hombres”

Los clientes de Vanesa son empresarios y mileuristas, jóvenes y mayores. Los de Valeria también eran policías y no pagaban por el ‘servicio’. “Fui violada una y otra vez de todas las maneras posibles. Cada noche pasaban por mi habitación quince o veinte hombres”. Cuando salió de su país sabía qué haría en España pero lo que imaginó era muy distinto al infierno que encontró en un club de carretera de Zamora.

Allí estuvo encerrada meses, soportando los peores abusos y contemplando crímenes. “Un día una chica intentó escapar. La encontraron y la mataron delante de nosotras para que tuviéramos muy claro qué nos podía pasar si lo intentábamos. Nunca olvidaré a aquella joven”. Valeria consiguió vencer su miedo y con la ayuda de un camionero, un cliente, se escapó por una ventana. “Con él, con un poco de dinero en el bolsillo y el teléfono que me dio, llegamos a Madrid. “Pasé varios días en la calle, sin nada que comer”.

Esta joven que salió de su país con 22 años consiguió el teléfono de una amiga de su país y terminó de nuevo en un club, después en otro, más tarde en un piso… La historia es larga, comenzó hace 17 años pero el presente es esperanzador. Vive en un piso de acogida en Galicia con uno de sus hijos. La vida que le ha tocado vivir le ha pasado factura. Está enferma, pero solo piensa en curarse, cuidar de su pequeño y encontrar un trabajo.

Hoy tiene poco más de 40 años y toda la vida por delante. “Ser víctima de trata me dejará marcada para siempre. No quiero a ningún hombre en mi vida, solo a mis hijos a quienes intento inculcarles respeto por las mujeres”. Mientras, busca trabajo. El 25 de agosto vence su tarjeta de residencia y necesita un empleo para poder renovarla. Da igual lo que haga, “trabajo es trabajo”.

Cuerdas de salvación

Imaginamos lo lentas que han debido pasar las agujas del reloj para estas mujeres muchas noches y lo rápido que se deben mover cada vez que el dinero se agota y esperan que alguien les lance una cuerda de salvación. Aixa es Mediadora en Derechos Reproductivos y Género en Médicos del Mundo. Sus palabras están colmadas de la verdad de quien pisa mucho la calle. “A estas mujeres hay que preguntarles cómo están y qué necesitan. Hay que darles herramientas para que puedan salvarse a sí mismas y los recursos públicos no siempre son suficientes”.

Rosa dice que ella no nació para ser prostituta. Ni ella, ni Vanesa, ni María, ni Valeria, ni ninguna mujer, pero la explotación sexual se ha cruzado en sus vidas. Gracias a todas por recordarnos lo importante que es escuchar y no mirar hacia otro lado.

**Nota final: Hemos quemado los zapatos y el vestido de Rosa.

Un pensament a “Rosa: “Yo no nací para ser prostituta””

  1. Podriais iros con las Kellys o con las sirvientas del Sr Cebrian y preguntarles si nacieron para ser camareras de piso ganando 2€ por habitacion

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