Ronda de Dalt

Por M. Eugenia Ibáñez

He pasado unos 35 años siendo testigo de las peticiones que los vecinos planteaban al Ayuntamiento de Barcelona pero hasta hoy nunca había escuchado que esos ciudadanos le rogaran encarecidamente a su gobierno municipal que no hiciera nada, que les dejen como están. El escenario de ese insólito ruego es el Vall d’Hebron, barrio cruzado por la Ronda de Dalt, por la que circularan unos 200.000 vehículos diarios con niveles de contaminación atmosférica y acústica que incumplen las ordenanzas municipales de medio ambiente y todas las recomendaciones europeas habidas y por haber. Un tramo de esa ronda queda la altura del segundo piso de varios bloques de viviendas. Tras más de 20 años pidiendo al ayuntamiento el soterramiento de esa autovía urbana, en febrero del 2015, técnicos municipales presentaron un estudio de viabilidad que permitía las obras solicitadas. No se descorchó cava en el barrio, pero casi.

Un año después el nuevo gobierno municipal anuncia a los vecinos que el anterior proyecto no se llevará a cabo, porque es muy caro, porque el ayuntamiento no dispone de tanto dinero, porque no quieren hacerlo por fases y en cómodos plazos. Como paliativo, presentan una propuesta que implica, entre otras variantes, levantar un edificio de dos plantas sobre la ronda a modo de muro pantalla que evitará a los vecinos más próximos, dicen, las molestias derivadas del continuo rodas de vehículos. Y ahí es cuando esos ciudadanos entonan el ¡¡ virgencita, virgencita que me quede como estoy ¡¡, con CO2, con decibelios a troche y moche, pero sin muro pantalla, sin cemento al abrir las ventanas. Pedían mejoras, no un castigo.

Un pensament a “Ronda de Dalt”

  1. Bona aportació, M Eugènia. M’imagino -i espero- que es puguin trobar solucions que rebaixin dràsticament el trànsit da totes les Rondes a mitjà termini. Aquest és el gran problema, la mare de totes les contaminacions. En el benentès que cal una solució concreta i a curt termini al problema dels veïns dels que vostè parla.

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