Redes sociales

Por José Martí Gómez

Meses atrás el sociólogo Zygmunt Bauman alertó sobre el riesgo de las redes sociales que, pudiendo ser un útil medio de comunicación, se van convirtiendo en un estercolero desde el que se multiplican noticias falsas que en muchos casos hacen peligrar la convivencia y alterar el curso social y político.

El caso de la niña aquejada de una extraña enfermedad explotada por sus padres hasta conseguir 150.000 euros de donaciones privadas conmovidas por la dramática historia contada con todo lujo de detalles inventados por el padre es un caso que ejemplifica el alcance y el riesgo de las redes sociales, fáciles de manipular.

Reflexionando sobre terrorismo, Lawrence Durrell escribía en Limones amargos que la tenue cadena de confianza sobre la cual se basan  todas las relaciones humanas se rompe cuando surge la desconfianza. La reflexión va más allá del terrorismo porque la confianza es un pilar en el que se sustenta la sociedad. Ese es el riesgo que se corre en casos como el de Nadia: que para futuros casos en los que la solidaridad sea necesaria mucha gente desconfíe y cierre sus oídos a la llamada.

Y una cosa más: en este caso se han vulnerado las normas deontológicas del periodismo respecto a que no se debe publicar el rostro de una menor. Que sus padres sean unos sinvergüenzas no justifica que se muestre el rostro de una niña inocente.

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