Quince años de plantas transgénicas

maiz transgénicoAntoni Seguí Parpal
Ingeniero agrónomo

Se cumplen quince años de la aparición y su expansión imparable de las plantas transgénicas. Se han generado muchas polémicas sobre su uso en alimentación humana y animal. En mi opinión debemos distinguir entre lo que es una investigación de lo que es una innovación. No siempre lo que se investiga se convierte en innovación. El problema de las polémicas surge cuando lo investigado se quiere extender a la sociedad sin solución de continuidad. Si la investigación está en manos de multinacionales, alejada de la independencia que debería garantizar el poder público, lo más normal es que se exija, por parte de la multinacional, el beneficio de la inversión realizada.

Una innovación es una idea, método u objeto que es percibido como novedad por un individuo. Innovación tiene como sinónimos el cambio, la novedad, e incluso la sustitución (Van de Ban y Hawkins, 1996). Es algo que, en el caso del agricultor, él realiza todo un proceso de adaptación, que pasa por las siguientes etapas: tiene un conocimiento de la idea, del método o del objeto, se muestra interesado en ello, evalúa si adaptarla o no, a continuación la va a probar, le sigue el proceso de adopción, que acabará en la confirmación de este idea, o de este método, en su explotación. En este proceso, idéntico para cualquier actividad, lo investigado acaba siendo innovado.

Con las plantas transgénicas –maíz, soja, entre otras muchas– se hacen dos tipos de razonamientos para justificar su uso, en uno se dice que la extensión de las plantas transgénicas es una forma de luchar contra el hambre en el mundo, el actual y el venidero que provocará el crecimiento exponencial de la población. El otro argumento, muy en boga, se basa en decir que el uso de plantas transgénicas no tiene efectos negativos sobre la salud y el medio.

Formalmente, creo que todo el mundo está de acuerdo en que luchar contra el hambre es fundamental y loable. Y esta posición no es ni de derechas ni de izquierdas, es de la especie en su conjunto.

Sin embargo, no hay que olvidar que existen otros métodos de luchar, no excluyentes, como la distribución de la riqueza, las campañas de planificación familiar, las campañas de capacitación y extensión agrarias, etc. En el caso de los transgénicos no deja de ser curioso que sean cuatro las empresas multinacionales que se rifan esta lucha.

Si un campesino de alguna zona deprimida pasa hambre, es normal que se convierta en defensor de la siembra de transgénicos, hecho que esgrimen muchas de las empresas de transgénicos. Para él lo primero es no pasar hambre. Sin embargo, no debe confundirse la limosna con la capacitación y el asesoramiento. Nunca se debe hipotecar su futuro de decidir libremente, y esto no siempre se cumple cuando se opta por los transgénicos. Innovar es poder elegir entre varias alternativas de adaptar y adoptar el invento, y hacerlo es competencia primordial del agricultor, no de la multinacional ni del investigador.

En cuanto a la segunda justificación, la falta de efectos negativos sobre la salud y el medio, no nos sirve para decantarnos a su favor. Debería ser un imperativo ético y legal, sin valor añadido, que cualquier modificación, genética o no, no pueda causar perjuicios ni el medio ni en la salud.

Para convencer de la bondad y los beneficios del uso de los transgénicos, su investigación debería ser independiente. Y la pregunta que nos hacemos es si, siendo tan cara esta investigación, puede ser, a su vez, independiente. No se trata de que los investigadores, los asesores y extensionistas, nos sintamos independientes, como personas, es necesario que lo sean las organizaciones en las que se trabaja.

Cuando en los años sesenta estudiaba en la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Valencia, la corriente oficial ridiculizaba algunas voces profesionales que cuestionaban el uso del DDT. En los años 80 se decía que el uso de anabolizantes en el engorde era normal en EEUU, y que aquí también debería serlo, pero aquí los bistecs en la sartén quedaban reducidos a la mitad. En los años 90 las harinas de carne eran inocuas. Y todo parecía bien investigado y bien atado. Hay que estudiar muy bien las causas y los efectos, no sólo sobre la salud y el medio, sino también sobre la libertad de este uso y los cambios sociales y económicos que origina. Nada es sino es multidisciplinar, ninguna disciplina tiene la razón. La razón debe ser compartida.

5 pensaments a “Quince años de plantas transgénicas”

  1. Excelente artículo,

    Los intereses que se enriquecen especulando con alimentos en la bolsa de Chicago, causando hambre y desesperación en todo el mundo, son los mismos que defensan los trangénicos como herramienta para erradicar el hambre.

    La concentración de los recursos de producción de alimentos es un proceso muy grave que ha llegado a niveles demasiado altos. Necesitamos invertir este fenómeno explorando ideas como la soberania alimentaria.

    La agroindústria es el principal problema ambiental y social a nivel mundial. Necesitamos recuperar la agriCULTURA como base de producción de alimentos.

  2. La llibertat en la presa de decisions per part de l’empresari agrícola, deu d’esser respectada ,tot oferint li un ventall de possibilitats ,com diu Antoni Segui en el seu article .Per això es necessita un procés de formació permanent del sector agrari i ramader .
    M’agradat l’article i que parli d’un tema tant punyent com aquest

  3. Si bé és cert que durant aquests anys de transgènics encara no s’ha detectat ningun perjudici sobre la salut, és igual de cert que a nivell global l’ús d’aquestos ha provocat un descens de la biodiversitat per la pèrdua de llavors tradicionals, perdent-se de la mateixa manera una font importantíssima de material genètic.

    Els països en vies de desenvolupament han subsistit i substitueixen gràcies a l’agricultura campesina i rural, en molts casos (i pot ser per necessitat i pocs recursos) ecològica. En el camí cap a la implantació mundial dels trangènics, multinacionals com Monsanto, han obligat per el mig de la por i la força a aquestes societats rurals al consum de les seves llavors transgèniques, causant la pèrdua de recursos propis i la depèndencia de les mateixes multinacionals per adquirir llavors cara a propers cultius.

    Per un altre costat, països desenvolupats com França són partidaris de la no utilització de transgènics. En aquestos casos no arribem a saber ben bé si és per una qüestió moral, o per una qüestió de mercat. Per exemple cal saber que a França no està permitit cultivar blat de moro transgènic, el blat de moro transgènic està dissenyat per a resistir al taladre, i a França no hi ha taladre. Aleshores el francesos no permeten el cultiu de transgènics per convicció o per garantir el seu mercat?

    Per tant, no crec que els transgènics siguen un problemea, el problema recau en els poders fàctics que els utilitzen en funció dels seus interessos.

  4. Algú deia que les “ciències no són neutres però la seva aplicació si”. El problema recau en qui domina la ciència i per a quina finalitat. Si la finalitat última és només fer diners, la ciència s’aplicarà esbiaixada.

    No estic a favor ni en contra dels transgènics, cada cas i situació en concret pot ser diferent. M’interessen les innovacions. Estic en contra dels monopolismes, especialment els econòmics, i les “modes” passatgeres, em resulten “lamentables”.

    Salut!

  5. El significado de la verdad abarca desde la honestidad, la buena fe y la sinceridad humana en general, hasta el acuerdo de los conceptos con las cosas, los hechos o la realidad en particular.

    Desgraciadamente la verdad …….. y sobretodo la absoluta ……….. está en manos de unos cuant@s.

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