¿Qué vale esa palabra?

La candidata del PSOE a presidir la Junta de Andalucía, salerosa y dicharachera ella, ha aportado un argumento definitivo a los que se suponía indignados de Podemos y a los nuevos arribaespaña de Ciudadanos: Les da su palabra de honor de que gobernará por acuerdo.

Desde luego que, si gobierna, lo hará por acuerdos. ¿O es que cree que sin mayoría en el Parlamento va a sacar algo adelante ella sola?

Pero no es esa tontería lo que me ha parecido digno de estas líneas.

Cuando el franquismo se disolvía y se sentaban las bases de los gobiernos postfranquistas que hubieran debido traer la democracia, el joven y flamante líder del PSOE, arropado por su equipo, no ya prometió, sino que incorporó con toda solemnidad a los principios de su partido, como banderín de enganche para vascos y catalanes en su nueva andadura, el derecho de autodeterminación para los pueblos del España.

En cuanto empezó a tocar poder, empezó a desdecirse. En cuanto lo conquistó, abjuró de sus promesas. Era andaluz, como buena parte de su camarilla. Como esa líder que ahora va ofreciendo palabras de honor.

Algunos opinarán que esas gracias van con la sangre: andaluces sandungueros, que hoy se olvidan de lo que dijeron ayer y encima esperan que se les ría el salero. No sé… quizá es que los sevillanos sean así… En todo caso mis no escasos genes andaluces se revuelven de asco. Quizá porque provienen de Jaén, y en las ásperas sierras de la tierra del ronquío eso parece, como mucho, gracias de señoritos. Y en otras tierras que se tienen por gente más seria, ni te cuento.

Palabra de honor… dice la lideresa andaluza. ¿Y qué vale la palabra de un dirigente del PSOE?