Que no sepa tu mano derecha…

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Ana Botella durante la manifestación

… lo que está haciendo tu otra mano derecha.

Ya me disculparán ustedes que la cosa quede rara, pero suponer que esos meapilas antiabortistas puedan tener algo izquierdo, ni que sea una mano, es inimaginable.

La alcaldesa de Madrid, a través de los prebostes de sus sectas, se ha montado una mani divina, a favor de sus ideas. Bueno, al parecer eso es un derecho de manifestación que tienen los de esas sectas en Madrid, no como otros, que según lo que manifiesten tienen a los rottweiler de la fiscalía encima. Pero la buena señora, o es muy simplona o es muy caótica, porque se ve que se olvidó de dar las instrucciones adecuadas a sus correveidiles.

Su portavoz en la mani ha declarado que, de la Glorieta de Ruiz Jiménez hasta la Plaza de Colón han reunido un millón cuatrocientas mil personas. Quizá algunos, echando mano del Google Maps, deduzcan, empleando la regla de tres, que en la V catalana hubo veinte millones de manifestantes, pero sería meternos en camisa de once varas. Demos por buena la palabra de esos católicos, apostólicos y madrileños que se supone que no levantan falsos testimonios ni los bajan: Un millón cuatrocientos mil.

Pero el jefe de los guardias de la porra, que así llamaban en los Madriles a los municipales cuando yo era crío, como no tenía instrucciones claras al respecto por parte de la señá alcaldesa, sacó el manifestómetro que heredó de la lideresa Aguirre, la cólera de Dios, y le salieron sesenta mil. Se ve que el mamporrero mayor de los de la porra se olvidó de poner el piringulillo del aparato en “son buenos” y lo dejó en la posición de “son malos”, un descuido que en otros tiempos le hubiera costado un sumarísimo con fusilamiento incluido, y ahora que lo envíen a descapullar monos al Valle de los Caídos.

Eso pasa por no dar instrucciones claras sobre lo que tienen que decir unos y otros. Más o menos como lo que pasa aquí con Alicia y el fiscal general, que todos son mu bien mandaos, pero que si no les dan instrucciones claras, hacen quedar de gilipollas para arriba a su señorita.

De todas formas, la cosa no tiene importancia, porque, aplicando los nuevos, flamantes y relucientes principios matemáticos sobre la opinión pública que han proclamado Rajoy, su ministro de policía (que lloriqueaba por que no le dejaron ir a la mani), su autoproclamada portavoz en Cataluña y otros cernícalos que no saben lo que son ni la lógica ni la vergüenza, obtenemos la conclusión de que entre cuarenta y tres y cuarenta y cuatro millones de españoles, que no estuvieron allá, son partidarios de la existencia de una razonable ley de aborto.

¡Qué cruz, Dios, que cruz!