Pujol en el desfiladero

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Noelia Conrado
Periodista

Cada silla del Cercle d’Economia está bautizada con un nombre. A mí me tocó ayer la de Isaak Andic, fundador y principal accionista de Mango. Expectante ambiente el de la presentación del último libro del President Pujol, El caminant davant del congost,  -que ha presentado varias veces desde que saliera a la venta el pasado mes de octubre-. El acto prometía. Sólo hacía falta ver la veintena de medios de comunicación que habían acudido a la cita.

El evento no tuvo desperdicio para los más de cien admiradores que se congregaron en el Cercle, pero sí para los periodistas, que no consiguieron sacarle ni una palabra a Jordi Pujol sobre la supuesta implicación de su familia con la fuga de capitales.

Aunque el President hizo un amago de someterse a alguna pregunta, o cómo mínimo eso creímos los allí presentes, nos confundió. “Nosotros (CiU) hemos cometido errores, luego en el turno de preguntas hablaremos sobre ello”, dijo Pujol. Las cámaras cambiaron sus cintas y todo el mundo esperó el turno de preguntas y el posterior petit comité con la prensa, pero acabó con todas las expectativas y zanjó la conversación diciendo: “Es tarde, tenemos que ir a dormir”. Dicho y hecho. Todo el mundo se fue.

En cambio, los admiradores que acudieron al acto –el 90% de los presentes hombres con una edad media de 70 años- salieron de lo más contento, exceptuando un par que se quedaron dormidos y otro par que estaban en las últimas filas y que entre dientes comentaban sobre CiU: “Estos no son trigo limpio”.  Al acabar la presentación del libro fueron muchos los que quisieron tomarse una copa y darle la mano a Jordi Pujol, que confesó que a pesar de no haber sido un independentista convencido ahora sí que votaría sí a la independencia en un referéndum.

En la presentación. Pujol repasó la historia reciente de España y Catalunya, leit motiv de su libro, donde explica las arduas batallas en defensa de los intereses catalanes. Apelando a una de sus frases más conocidas “És català qui viu i treballa a Catalunya” hizo mención a la Catalunya plural, la de todos, para salir del camino árido por el que ahora mismo atravesamos y así bordear el desfiladero (congost).

La crisis económica marcó el tono pesimista de la presentación. “Estamos a punto de caer en una gran desgracia económica y social”, señalo el President. Esto parece que le hizo reaccionar –que se dedujo por su insistentes golpes sobre la mesa- y empezó un seco discurso donde no dejó títere con cabeza; se acordó del Banco de España, del Tribunal Consitucional, de Mario Draghi, de Zapatero y del Tripartit, aunque eso sí, salvó a José Montilla, a quien excusó de no haber podido hacer nada por el modelo de gobierno a tres bandas, que el propio President Maragall llamó “artefacto inestable”.