Prohibido abortar… y pintar

La pintada que ha ‘desaparecido’ en Castelló

e-Mail del País Valencià
Javier Andrés Beltrán
Periodista

Si se acercan un día de estos por Castelló no la busquen, la han borrado. Me refiero al mural que ilustra este artículo y que estuvo un buen tiempo, mucho tiempo, en la pared hoy en blanco de un solar de la plaza Isabel la Católica, en el popular Raval de San Félix de Castelló. Hoy, como digo, ya no está y vete tú a saber si la han hecho desaparecer porque el mensaje que gritaba se ha revelado de rigurosa actualidad. Tal vez por eso molestaba en una plaza con nombre de mujer, que además fue reina y que según dicen fue católica.

Vamos, cómo Alberto Ruíz Gallardón. Porque el ministro de justicia del reino de España es también católico, y mucho. Mas difícil tiene lo de ser mujer y cada vez da más razones a quienes aseguran que le gustaría reinar sobre las vidas y los úteros de sus súbditas. Sólo así se explica su apuesta decidida por parir una nueva ley del aborto tan retrógrada como la que llevó al Consejo de Ministros, la más restrictiva de la democracia, que nos retrotrae a una situación en que las mujeres pierden derechos y libertades respecto a la ley de 1985.

Así lo piensa, por ejemplo, el escritor Juanjo Millás que hace días bautizó a Gallardón como el ‘emperador de los úteros’ en un artículo de obligada lectura en El País. No ha sido el único. Las críticas le han llegado incluso de prestigiosas cabeceras conservadoras como la londinense The Times que en un demoledor editorial acusa a Mariano Rajoy de ‘abuso de poder’: “Va a erosionar el pluralismo, restringir la libertad, hacer retroceder la posición de la mujer en la sociedad española, dañar la vida familiar e infligir daños psicológicos y físicos a mujeres que padecen en ocasiones circunstancias desesperadas. Es una ley mala que previsiblemente tendrá consecuencias lamentables.” Pero Gallardón no está sólo en Europa. Tiene el apoyo incondicional del ultraderechista Jean Marie Le Pen que se ha sumado eufórico a su cruzada antiaborto con un tuit que exalta “la mesura, inteligencia y preocupación por el respeto a la vida” que encierra la nueva ley Gallardón. Eso, mesura, sobre todo mesura.

Pero más allá de que nos acordemos de él los periodistas y sus colegas de la política, quienes deben valorar la nueva ley son las mujeres que la van a sufrir. Son ellas las que tardarán en olvidar al ministro que gestó una ley que las obligará de nuevo a abortar en condiciones que creíamos, y que teníamos, superadas. Nadie entiende la necesidad que tenía el Gallardón de meterse en este jardín. Bueno sí, tenía que contentar a los sectores más casposos de los suyos y, sobre todo, a él mismo. Ya lo dijo su padre según la anécdota que tanto gustaba contar al socialista Gregorio Peces Barba:

“¿Conservador yo?”, le respondió cuando en una charla informal le recordó su ideología conservadora.

“Pues tenías que conocer a mi hijo Alberto. Ese sí que es de derechas…”

Y acertó, una prueba más de que nadie conoce mejor a un hijo que su propio padre. Porque sí, realmente este Alberto es muy facha. Mucho, y por mucho que antes se vistiera –lo vistieran- de progre.

No sólo él. Otro Alberto, el presidente Fabra, se ha alineado con el ala más retrógrada del PP en la división que el anteproyecto de ley ha abierto en el seno de un partido donde no todos comulgan con dogmas anacrónicos como la defensa del concebido por encima incluso del derecho que asiste a una mujer a no parir una criatura con graves malformaciones. Ó a no parir cuando ella no lo quiera, que de eso se trata. Claro que si los ‘disidentes’ no comulgan harían bien en no decir ‘amén’, pero no. Al final votarán lo que les pongan: otra cosa es, después de ver la que les está cayendo, qué es lo que al final van a poner en la ley.

Volviendo a Fabra, será por convicción moral ó por la necesidad de hacer méritos en Génova, pero lo cierto es que ha sido uno de los barones más ardorosos en criticar a quienes, como el extremeño Monago, defienden una ley menos dura. ¡Ay, sí Alberto se pusiera tan bravo con otros compañeros como Montoro¡, mejor nos iría a los valencianos. Pero tampoco.

Total para que luego aquí, en casa, salga el presidente de la diputación de Valencia, Alfonso Rus, y como siempre le plante cara. Sí, también en esto del aborto. Menos mal que en la ciudad de la que fue alcalde parece que aún tiene mano. ¿Habrá sido la suya, su mano, la que ha borrado la pintada?.