¿Primavera republicana?

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e-Mail de Madrid
Lourdes Lancho
Periodista

Sábado, día espectacular, atardecer, Madrid… Pensaba que la manifestación sería multitudinaria; un ejemplo de madurez ciudadana reclamando que se les pregunte algo que en su momento se les impuso. La primera sorpresa,y reflexión, es que había miles de personas pero tampoco tantas. No cortaron el tráfico del tramo de Alcalá que va de la plaza de la Independencia a Cibeles, ni tan siquiera estaba cortado el tramo que enlaza con Gran Vía.

Segunda reflexión. La reclamación republicana se tiene que renovar y modernizar. Había mucha gente joven ayer, en la Puerta del Sol. Eso anima a pesar del olor a marihuana que flotaba sobre el kilómetro cero. Buen rollito. Pero, ¿en serio vamos a seguir reclamando la república, una república moderna, la de las nuevas tecnologías, las redes sociales, la inmediatez; con la caspa de los mensajes, canciones y lemas que se corean? Porque también en la izquierda hay caspa. Caspa republicana.

Está bien la épica de la II República, pero estamos hablando del siglo pasado. De los años 30 del siglo pasado.

Cada año me manifiesto el 14 de abril, cada año pienso lo mismo. La liturgia, los símbolos se tienen que renovar. Las canciones. Los gestos. Veo gente joven con banderas republicanas y luego escucho el “Ay, Carmela”. O “El Jarama”… Desfilan los jóvenes gritando “España, mañana, será republicana” y luego se desinflan, les da el bajón, cuando al finalizar en la Puerta del Sol sube alguien al escenario y se pone a declamar versos de Miguel Hernández. Que están muy bien, pero… todos ya han bajado las banderas y están whatsappeando o para quedar o para subir las fotos de la manifestación en las redes sociales.

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Desfilaban unos jóvenes, cabezas rapadas, brazos e imagino que el resto del cuerpo llenos de tatuajes. Las banderas republicanas en perfecta formación inclinadas hacia adelante como una vanguardia, una tropa de choque que daba un poco de miedo. Las tricolores llevaban una estrella roja en el centro. Son la juventud bolchevique que grita consignas al unísono al más puro estilo militar. Me pone la piel de gallina porque van nombrando a compañeros o detenidos o apaleados por la policía. Algún mártir incluso de la represión policial como el joven de Bilbao que murió por impacto de pelotas de goma. Cada vez que nombran a uno de ellos, la tropa rapada grita PRESENTE!!!! Otra liturgia antigua que pone los pelos de punta.

Carlos estudia “Agrícolas” como me dice al venderme un periódico “revolucionario”. Se lo voy a comprar, pero lo dejo hablar sobre la necesidad de contar la verdad de la revolución que no están contando los medios de comunicación -tampoco le digo que soy periodista y que me está doliendo mucho el alma estos días. Dice, con unos ojos como faros verdes, que la revolución va a llegar. Lo dice con una convicción que también parece de otros tiempos. Hay que tumbar este sistema capitalista, hay que militar. Me pregunta si yo lo hago, porque además de venderme el periódico quiere que entienda la necesidad de que todos militemos para cambiar las cosas. Carlos se lo cree, habla con una ingenuidad y una seguridad enternecedora. Quizás Carlos, es como su bisabuelo. Y otra vez vuelvo atrás.

Una mujer toca el Himno de Riego con una gaita. Y decido que ese será mi broche republicano de la tarde.

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Tercera reflexión. De Sol, me voy a tomar el Palacio de Oriente. Concretamente a tomar una caña en una de las maravillosas terrazas frente al palacio. Escuchó una conversación al lado: “el chico debería convocar el referéndum y se queda con todos. Lo ganaba de calle”. Les doy la razón. Quizás esa caspa republicana se quitaría sintonizando el proyecto con los nuevos tiempos de este país. Confiando en la gente. Saltándonos un poco el relato de que somos un país de golpes calientes y proclamas. Haciendo debates sobre qué tipo de estado queremos, y qué supone una cosa y otra. Y si llega la república que sea sin exaltación ni canciones de trincheras. Que llegue como algo lógico, como algo normal más en sintonía con los tiempos que vivimos. Quitando de en medio ese miedo a dejarnos reflexionar y decidir en paz que tienen los poderosos. Y en ese grupo incluyo a los directivos de las grandes empresas que parecen aliados para que ese debate no se produzca. Aquí están todas las empresas, incluso las que tienen como objeto reflejar la realidad de las calles. ¿De qué o de quién tienen miedo? ¿De que la gente salga tranquila y en paz a la calle a reclamar su voz? ¿O de que hayan encontrado una vía a través de la que canalizar sus ganas de cambio’. Qué casualidad que la abdicación llegue tras las elecciones europeas… ¿quién es el inmaduro en todo esto? El pueblo español, no.