Populismo, nacionalismo e impudicia

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Hoy hace treinta y nueve años de la muerte de Franco

El fiscal Mena ya ha desvelado con su precisión jurídica y elegancia de estilo habituales la impudicia de la indefendible argumentación y el impresentable comportamiento del vocero del PP señor Floriano.

Me van a permitir que repita las canalladas que dijo este señor. Ya se que las recuerdan, pero es sólo para no quedarme fuera de la cadena de miles y miles de menciones que van a hacerse de ellas de aquí a que las ranas críen pelo: “Los fiscales de Cataluña no han hecho lo que tenían que hacer por el ambiente nacionalista radical… están contaminados por el ambiente nacionalista… El problema es que el ambiente que ha generado la Generalitat y los poderes oligárquicos fácticos en Cataluña han hecho todo lo posible para que no interpongan la correspondiente querella…”.

El fiscal Mena y otros inteligentes en activo han dicho muchas cosas bien dichas. Yo sólo quiero hacer un pequeño comentario un tanto marginal.

En esta España podrida desde hace siglos por los nacionalismos más radicales, más patrioteros y que están entre los que más muertos han aportado a la Historia de la Humanidad, que el portavoz de los herederos de esos nacionales cutres y sanguinarios hable de la influencia local del ‘nacionalismo radical’ puede que le sirva para hacer salivar a sus jaurías mesetarias, pero aquí simplemente da más asco que pena o vergüenza.

El profesor Jordi Nadal explicaba, con gran júbilo de los alumnos, que, en las repúblicas bananeras y otros espacios donde jamás brilló la democracia, cuanto más derechista y controlado por “los poderes oligárquicos fácticos” era un partido, más cargaba su nombre con atributos robados al pueblo. E improvisaba un ejemplo: “Partido Popular Radical Revolucionario de los Obreros …”. Y, añadía: Siempre hay ignorantes irredentos y hambrientos mendicantes que pican. Hoy, 20-N, treinta y nueve años después del otro 20-N, aquí les tenemos. Y llamando a los demás, ‘populistas’.

Que los nacionalistas más nacionalistas insulten a los demás llamándoles ‘nacionalistas’, que los populistas más populistas denigren a los demás llamándoles ‘populistas’, es un ejemplo químicamente puro de la impudicia de esa gente.

Que millones de españoles sigan votándoles es y será la prueba de que España no tiene remedio.