PNV-PSE, alianza para gobernar

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Ander Gurrutxaga Abad
Catedrático de Sociología

Hay alianzas políticas que parecen convincentes. El PNV y el PSE acaban de anunciar y publicitar el Programa del  Acuerdo de Gobierno para la legislatura que da comienzo este mes de Noviembre con la elección de lehendakari. Reconozco que los gobiernos monocolores o los de mayoría absoluta no me convencen. El partido que gobierna en solitario tiende a desprenderse de la necesidad de convencer y acordar con los que no son como él, con el uso desorbitado del argumento tan poco convincente de: “es así porque representa al partido más votado o al que está en el gobierno”.

Es un gesto de autoridad que, a veces, se acerca al autoritarismo y a la falta de fundamentación de los actos políticos, si se atiene al carácter plural de nuestras sociedades. Cuando los gobiernos y los programas deben negociarse y pactar  la cultura democrática  funciona de otra manera, hay que ceder y conceder al que no está en el mismo rango político o adscripción ideológica.

La Comunidad Autónoma Vasca-Euskadi- está sostenida por una sociedad plural que pese a algunas quejas que se leen o escuchan tiene como seña de identidad básica el pluralismo estructural. Hay otro rasgo que debe tenerse en cuenta, la fragmentación electoral. Todos los partidos necesitan a una segunda e incluso a una tercera fuerza para construir gobiernos estables. Hay una tercera cuestión , los pactos PNV-PSE no son inusuales en la Comunidad Autónoma. Lo han sido o lo son en el Gobierno Vasco, en diversos ayuntamientos y en las diputaciones forales.

PNV y PSE firman su acuerdo de Gobierno
PNV y PSE firman su acuerdo de Gobierno

La conclusión es clara: hay una cultura del pacto entre diferentes que a lo largo de los últimos treinta años permea las relaciones políticas. Se aprende que en el arte de pactar está el sentido de la política, incluso cuando hay que exponer y pactar desacuerdos. La cultura del pacto es un proceso de aprendizaje que parte de la capacidad de experimentación y de la posibilidad de crear conocimiento compartido sobre cómo son los usos de la democracia parlamentaria. Entender los motivos del otro es la precondición para formalizar acuerdos y relaciones. Si el objetivo se alcanza, el acuerdo es más fácil y lo es más si la cultura del pacto está desarrollada y probada en otras instancias políticas.

Construir el acuerdo materializa las iniciativas que dan forma a los contenidos escritos en el programa, pero es también, y eso me parece relevante, invertir en el fondo de confianzas y ganar credibilidad entre diferentes. El acuerdo lo firman, además, dos fuerzas en situaciones y  trayectorias diferentes. El PNV consigue en las últimas elecciones buenos resultados, el PSE sufre, por el contrario, la crisis general de todo el socialismo español,  alcanzando resultados alejados de los que habían siendo los óptimos en otras épocas. La coalición que sostiene el programa firmado se queda a un escaño de la mayoría absoluta, pero vista la fragmentación del Parlamento Vasco los treinta y siete escaños parecen una suma suficiente para gobernar sin demasiados “quebraderos” de cabeza, a no ser que el PP pacte con Bildu y Podemos. Parece ésta una alianza improbable, pero no imposible. Las respuestas las ofrecerá el tiempo político y éste en algunos casos no equivale al cronológico.

El contenido del acuerdo es conocido. En sus setenta páginas no hay grandes novedades. Es, más bien, la suma de ciertos hallazgos-algunos ya en marcha-sobre todo, la parte socioeconómica y otros que se quieran desarrollar en la legislatura, pero también de muchas contenciones. Se insiste en aspectos claves del desarrollo económico, en la arquitectura institucional de las política sociales, se mira de cara al futuro haciendo una apuesta decidida por la industria 4.0, la inversión en I+D+i y la formación dual como eje de la cualificación socio profesional del personal laboral. Se compromete con la política de derechos humanos y se recogen en el programa muchas de las iniciativas que están en marcha, para terminar promoviendo un nuevo Estatuto Vasco de Autonomía.

Que ninguno de los “notarios” de la patria-España- se preocupe: no hay, o al menos, no se expresan,  ninguna ruptura anunciada ni tampoco el ataque sostenido a las “esencias” del Estado. Probablemente, eso disguste a algunos que han hecho de la sospecha la forma de enjuiciar, analizar y hacer política. Un acuerdo con “rupturas” siempre viene bien para garantizar la página de sucesos y el funcionamiento del ecosistema que tanto gusta reproducir a los artistas del “todo mal”. No parece encontrarse eso en las setenta páginas del acuerdo, aunque, como bien se sabe, la hermenéutica de la sospecha vale para “un roto y un descosido”, trasladando la impresión de que sin ella no se puede vivir. No parece coherente, por ejemplo, salir en tromba a sospechar de lo que o no se conoce o no está escrito. Ciertamente los contenidos del programa acordado no son los responsables de que el PP en Euskadi sea una fuerza política residual con una estrategia indefinida y dependiente de los sucesos y avatares del gobierno central o de que Bildu o Podemos necesiten tiempo, profundidad teórico-comprensiva y calma para resituarse en el panorama que se dibuja.

Digo esto porque dialogar y llegar acuerdos en un país como España donde se abusa tanto de los conceptos diálogo y acuerdo, pero donde tanto como se les cita se les evita, puede ser una fuente de hostilidades para aquellos que crucen el “Rubicón” y pacten de verdad. Llama la atención que todo lo que tiene que ver con Euskadi pueda ser visto con la vieja epifanía del conservadurismo español: “si se colabora y se llegan acuerdos mal, si no se alcanzan también mal, y en todo caso, todo mal”.

Son significativas otras miradas, como por ejemplo la de la gestora del PSOE, producto-recuerdo-de la incapacidad de este partido para alcanzar acuerdos internos y/o externos. Ahora, resulta que la sospecha se extiende a los que llegan a acuerdos. Efectivamente, malos momentos para socializarse en política socialista, pero igual de malos para  transformarse en notarios de la “estabilidad territorial”. Supongo que son paradojas de la política, una más y las que vendrán…… Igual resulta que lo que antes se valoraba, ahora hay que sospechar de ello.

Mientras tanto harán bien el PNV y el PSE en profundizar los acuerdos y en demostrar que esta cultura política es rentable. Lo es en términos políticos y, en términos sociales. La credibilidad, la confianza y el  buen hacer también importan en política porque no tienen precio en democracia, son intangibles de un valor incalculable. Quizá ésta sea la mayor aportación y la lección a la política española del acuerdo firmado por el PNV y el PSE.

Un pensament a “PNV-PSE, alianza para gobernar”

  1. Los pactos en Euskadi, muy deseables en si mismos, se sustentan en un cerrado y total apoyo al “Concierto”, no sólo por parte del PNV y del PSOE sino del todo arco parlamentario des de Bildu hasta el mismo PP. Si no, que se lo pregunten a los despistados neonacionalistas españoles, “Ciudadanos, nacidos para combatir el nacionalismo catalán, que se presentaron a las elecciones vascas cuestionando el famoso “Concierto” y obtuvieron cero patatero escaños.

    Así que menos lobos y a reconocer que sin el sistema financiero vasco, que tanta sangre y tanto sufrimiento ocasionó en los dos últimos siglos, pero que tantos beneficios proporciona actualmente a la sociedad vasca, la facilidad de establecer pactos en el País Vasco sería muy distinta o incluso muy remota.

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