Petulancia de los gobiernos de España con las energías renovables

Pep Puig
Doctor ingeniero industrial

Recientemente, el gobierno español, según el diario El País, vuelve a abrirse al sector, tras cinco años de parón impuesto por los gobiernos socialista y popular que han colocado a España en una posición destacada de vulneración de la seguridad jurídica de las inversiones. Según este diario, una de las razones del parón fue “una gran instalación de renovables en un periodo en el que la tecnología no estaba madura y requería de grandes ayudas públicas, que se diseñaron mal”.

Veamos la gran dosis de desinformación que resume la frase citada.

Tanto la tecnología eólica como la solar fotovoltaica habían alcanzado su madurez tecnológica a principios de los años 80. Pero, como toda tecnología nueva, la generación de 1 kWh a partir del sol y del viento era más caro que generarlo con los sistemas sucios de generación de electricidad (térmicas de combustibles fósiles y nucleares), dominantes en aquellos tiempos, pues esos sistemas sucios nunca han contemplado en sus costes de generación los costes ecológicos y sociales que incurren por el simple hecho de quemar/fisionar combustibles fósiles/nucleares y hacerlo de forma muy ineficiente.

Por ello el Gobierno español de la época adoptó la Ley 82/1980, de 30 de diciembre, sobre conservación de energía, que no era otra cosa que la copia de la ley americana denominada PURPA (Public Utility Regulatory Policies Act) adoptada el 9 de noviembre de 1978, bajo la presidencia de Jimmy Carter, como respuesta a la primera crisis del petróleo. La principal novedad de esta ley fue que rompió el monopolio de las empresas eléctricas sobre la generación de electricidad, permitiendo la entrada de operadores independientes de los monopolios en el sistema de generación, sobre todo en la cogeneración (de calor y electricidad) y en las energías renovables, a las cuales otorgaba claras preferencias y beneficios.

El diseño de políticas a favor de las energías renovables empezó en España con la citada Ley, que ya en su artículo 1º decía que uno de los objetos de la ley era “Potenciar la adopción de fuentes de energía renovables, reduciendo en lo posible  el consumo de hidrocarburos y en general la dependencia exterior de combustibles”. En su artículo 2º decía: “Podrán acogerse  a  los beneficios que  se  contemplan  en la presente ley las personas físicas y  jurídicas  que acometan  actividades para . . . . promover  la investigación  y el desarrollo tecnológico  dirigidos a . . .   crear y desarrollar  la tecnología  nacional de sistemas que  utilicen fuentes de energía renovables”.

Las personas que ya estábamos entonces en empresas que desarrollaban tecnologías para el aprovechamiento de las energías renovables, podemos dar fe de la inoperatividad de la citada ley, pues entre 1980 y 1985 se instaló en España una muy pequeña potencia eólica y una ridícula potencia solar fotovoltaica. A pesar de ello, continuó el desarrollo tecnológico eólico y solar en España, a pesar del poco interés manifestado por los gobiernos del momento e incompetencia de los ministros del ramo.

Parque eólico en Vallbona de les Monges

Con la entrada en la Comunidad Europea, el Gobierno español se vio obligado a trasponer la Directiva 96/92/EC  sobre normas comunes para el mercado interior de la electricidad, que establecía las bases para la liberalización (o desregulación) del sistema eléctrico en los países de la UE. La trasposición se hizo con la Ley 54/1997, de 27 de noviembre, del sector eléctrico, la cual daba carta de existencia a las energías renovables mediante su calificación como Régimen Especial de generación de electricidad para diferenciarlo del denominado Régimen Ordinario.

La Ley 54/1997 fijaba las condiciones de retribución  de las instalaciones de producción de energía eléctrica en régimen especial, que adicionalmente al precio fijado por el mercado mayorista  recibían una prima, fijada por el Gobierno, de forma que el precio de la electricidad vendida por estas instalaciones se encontraba dentro de una banda porcentual comprendida entre el 80 y el 90% de un precio medio de la electricidad, que se calculaba dividiendo los ingresos derivados de la facturación por suministro de electricidad entre la energía suministrada.

Además, la Ley 54/1997 tenía una disposición transitoria (la 16ª) relativa al Plan de Fomento del Régimen Especial para las Energías Renovables, que rezaba así: “A fin de que para el año 2010 las fuentes de energía renovable cubran, como mínimo, el 12% del total de la demanda energética de España, se establecerá un Plan de Fomento de las Energías Renovables, cuyos objetivos serán tenidos en cuenta en la fijación de las primas”.  Se puede decir, de paso, que en 2010, España no llego al 12% previsto (copiada esta cifra del objetivo europeo fijado entonces), con lo cual se incumplió la ley. Y no pasó nada, como suele pasar en España.

Fachada fotovoltaica en el edificio MNACTEC (Tarrasa, Barcelona)

Esta ley y los decretos que la desarrollaron permitieron la eclosión de las tecnologías eólica y solar fotovoltaica especialmente, pero también la solar termo-eléctrica, pues  obligaba a las empresas distribuidoras a aceptar electricidad renovable generada por instalaciones de terceras partes, y determinaba un precio conocido para los kWh generados por instalaciones renovables. Estas condiciones eran la base de las políticas FIT – Feed-in-Tariff, que se crearon en Alemania y que copió el gobierno popular de José María Aznar en su afán de figurar en algún lugar.

Las políticas FIT son un modelo de políticas de desarrollo tecnológico, pues permiten que el sector privado invierta en desarrollo tecnológico, teniendo garantizado un retorno razonable de las inversiones realizadas. Y permite que la sociedad se implique en la generación de electricidad, recibiendo a cambio una remuneración razonable.

Pero gestionar eficazmente las políticas FIT requiere diligencia y sensatez, pues a medida que se desarrolla la tecnología renovable, sus costes disminuyen y, por tanto, debe reducirse, consecuentemente, la remuneración a la generación renovable.

Lo que ha pasado en España con las renovables es una bien clara demostración de la falta de diligencia y de sensatez en sus gobiernos y  ministerios. Ellos y solo ellos han sido los únicos causantes del desastre al cual se ha sometido al sector industrial que hizo posible el desarrollo de tecnología para la generación de electricidad limpia y sin emisiones de ningún tipo y al cual se le han achacado todas las culpas, mientras los verdaderos responsables del desastre campan a sus anchas, sin, ni tan solo, haber sido inhabilitado por su manifiesta incompetencia política.

El diario El País debería saber que el desarrollo de las renovables en España no se ha hecho en base a ayudas públicas, sino en base a una política FIT. Antes de escribir lo que han escrito deberían haber leído algunas sentencias de la justicia europea al respecto. Yo mismo he escrito abundantemente sobre ello en diversas ocasiones.

Los periodistas que redactaron la citada información de El País deberían saber que las políticas de desarrollo y promoción de las renovables no se diseñaron mal. Fueron la copia de la misma política que en Alemania y Dinamarca ha dado resultados excelentes, de forma que hoy estos dos países son líderes tecnológicos. Antes de escribir lo que han escrito deberían haber investigado al respecto, pues la realidad nos muestra una pésima gestión política y una incompetencia manifiesta. ¿Quién o quiénes han sido los responsables de la aplicación y gestión de las políticas? Por descontado, no ha sido el sector de las renovables, a pesar de que se le han achacado todas las culpas.

No me extenderé sobre las subastas que según el diario El País van a impulsar las renovables en España. Si alguna cosa ha demostrado el mecanismo de subastas es que son menos eficientes que las políticas FIT para la implementación rápida de las tecnologías degeneración renovable. Y ello es precisamente lo que se necesita para cumplir los acuerdos del clima de París.

3 pensaments a “Petulancia de los gobiernos de España con las energías renovables”

  1. Gràcies Pep pels teus sempre aclaridors articles sobre polítiques d’energies renovables i per donar-nos arguments als defensors de les renovables enfront de preguntes difícils de respondre, fins avui.

  2. Ha quedat molt clar el que exposes, i el nivell professional dels mitjans quan cal que un ciutadà ha d’esmenar la desinformació que publiquen.
    Quim Corominas

  3. Un article molt bó, Pep.
    A veure quants periodistes i politics el llegiran i entendran aquest tema que tu fa tants anys que domines i defenses.
    A veure quan es plantejarà un futur energètic correcte en aquest país tant dominat pels interessos dels oligopolis… Quan t’escoltaran i faran quelcom de ben fet pensant en els seus fills.
    Segueix Pep, com sempre, tossut en la defensa d’una imprescindible transició energètica cap a 100% renovables!
    Ramon Sans

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