Perros

Por M.Eugenia Ibáñez

Los ayuntamientos deberían retirar las señales que, sistemáticamente, son ignoradas por los ciudadanos. Más fácil aún: que no las instalen. Con esta medida se conseguiría, por un lado, suprimir un costo inútil y, por el otro, evitar la pérdida de autoridad que supone el incumplimiento público de las disposiciones municipales. ¿Ejemplos? Hay muchos y variados, pero empecemos por los parques públicos.

En todos ellos, por lo menos en los de Barcelona, figuran señales con la exigencia de que los perros vayan atados, además, en la gran mayoría de esos espacios se han habilitado áreas para el uso libre de los animales. No hay pues error posible de interpretación; cada uno con su espacio para evitar molestias mutuas. Pero la realidad es muy distinta, porque es  habitual que en parques y jardines, por lo menos en los de Barcelona,  perros sin ataduras campen a sus anchas por zonas destinadas a las personas y marquen el territorio con deposiciones y micciones que sus propietarios no siempre retiran. Las ordenanzas municipales, por lo menos las de Barcelona, son claras al respecto: Los perritos deben ir atados salvo en los espacios para ellos destinados y, en caso contrario, los agentes de la autoridad municipal podrán requerir el cumplimiento de la ordenanza municipal.

Sugiero un paseo por los parques barceloneses, a la hora de asueto conjunto de perros y sus dueños. Jolgorio canino total. No hay ordenanza que valga. ¿Un ejemplo? Jardines de Rosa Luxemburg, barrio del Vall d’Hebron. A cien metros escasos de ese parque se encuentra una sede de la Guardia Urbana del distrito. Si a un vecino del barrio se le ocurre denunciar el uso indebido de ese espacio público el guardia de turno le dirá que la denuncia debe formularla marcando el 112 en su teléfono. Auténtica policía de proximidad.