Palomo Linares

Por José Martí Gómez

No me gustan las corridas de toros pero siempre me ha gustado ver al torero antes de la corrida, tumbado en la cama del hotel, rodeado de estampas y medallas de vírgenes y santos, la habitación en la penumbra, la ventana entreabierta, un enjambre de gentes esperando en la puerta del hotel la salida de los toreros para pedirles dinero. En una de esas habitaciones entrevisté a finales de los años sesenta a Palomo Linares,  que ahora ha  muerto.

Era muy joven. Tenía rostro de niño. Fue uno de los pocos maletillas que salió del hambre a través del toreo tras noches de capeas a la luz de la luna. Se le conocía como uno de los guerrilleros que había roto el modelo capitalista de las empresas que controlaban el mundo de las corridas. El otro guerrillero famoso fue El Cordobés. Sobre la mesilla de noche en la habitación de Palomo Linares, dos libros: La piel y Cien años de soledad.

-¿Lees mucho?

-Bastante, pese a que no he podido estudiar. Por eso ahora que tengo dinero trato de hacerme con una cultura que me permita ir por el mundo.

-¿Te gusta la política?

-Creo que la política no es otra cosa que buscar un mundo más justo.

-¿Y el mundo te parece injusto?

– Más que el mundo, la vida.

-¿Qué es la vida?

-La comparo a una rosa: sale capullo, se abre, se marchita, y se acabó.

-¿Y tu rosa cómo está?

-Se está abriendo ahora.

-¿Tienes amigos entre eso que se llama la izquierda?

-Creo que todos mis amigos políticos son de derechas. Mi única relación la izquierda es con la mano con la que toreo.

-¿Qué haces cuando no toreas?

-Escribo. Tonterías que tiro a la papelera. También me gusta mucho pintar. Voy de abstracto.

-¿Fue duro ser guerrillero?

-Mucho.