Paisaje roto

Por M. Eugenia Ibáñez

Pocos barceloneses conocen la existencia de esa calle, un viejo sendero que probablemente durante siglos comunicó las muchas masías que salpicaban lo que es hoy el barrio del Vall d’Hebron y que figura en el callejero actual como Camino de Sant Genís a Horta, porque esos fueron sus extremos, el antiguo municipio de Horta y la iglesia de Sant Genís. Hasta hace unos meses, parte de ese camino fue para mí la calle más hermosa de Barcelona, una de las pocas que mantenía el aire de un pasado que han arrasado las nuevas construcciones y la falta de respeto hacia una arquitectura sencilla y representativa de la actividad rural perdida.

El camino de Sant Genís antes de que se iniciaran las obras

 

El estrecho tramo situado entre las avenidas de Cardenal Vidal  Barraquer y Martí Codolar discurre entre los muros del convento de clausura de las monjas Mínimas, a un lado, y los de una institución Salesiana al otro, con la recoleta masía  de Can Peronet al final del camino. Gruesas paredes de tapial superadas por una vegetación que alejan al visitante de la ciudad y sus ruidos y le trasladan al silencio y la tranquilidad. Si quien esto lea no conoce ese rincón de Barcelona, sugiero que se lo visite lo antes posible porque ya nada será igual.

En lo que fuera huerto de las monjas Mínimas ha ido creciendo una construcción de cuatro plantas que supera el muro de tapial, rompe el perfil de la calle, mata el silencio, se levanta amenazadora sobre la hermosa masía de Can Peronet y devuelve el viejo camino a su condición de parte de una Barcelona de la que quería esconderse. Dicen en el distrito de Horta-Guinardó que el edificio, posiblemente destinado a geriátrico, cumple todas las exigencias urbanísticas aplicables a la zona. No lo sé, lo dudo, porque no hay nada tan manipulable como una normativa urbanística, pero, en cualquier caso, lo que no se ha aplicado ha sido el sentido común ni el respeto a un patrimonio histórico ya irrecuperable. Cuesta creer que quienes concedieron la licencia de obras de ese dichoso geriátrico, o lo que sea, paseara alguna vez por el viejo camino de Sant Genís a Horta. Si lo hubiera hecho con un mínimo de sensibilidad, su firma, seguro, no hubiera roto un paisaje.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *