El nuevo Zoo de Barcelona

Sergi Garcia
Asgalanthus 

Todos los zoos y por supuesto el de Barcelona recuerdan un cuadro expuesto en una de las salas de la pinacoteca vaticana, se trata de Adán y Eva en la Paraíso terrenal de Wenzel Peter (1745-1829), pintor austriaco a quien se le daba muy bien pintar animales, era un pintor animalista. Representa a Adán y Eva en el jardín de las delicias, más selvático que placentero. La pareja está situada más o menos en el centro de la composición y centenares de especies animales alrededor.

Adan y Eva en el Paraíso Terrenal. Wenzel Peter (1745-1829)

En primer término animales domésticos y más alejados toda suerte de aves, mamíferos, reptiles y anfibios. Los animales están despojados de su condición natural en tanto que no hay antagonismos y sí una yuxtaposición de escenas biológicamente imposibles: un ungulado recostado junto a un tigre, un tejón mira con extraña fijación a ese tigre, un pavo junto a un mandril, dos enormes perros al lado de un gato. Da la sensación de que los animales están ahí para el ser humano, para su solaz, para hacer más placentera su estancia en el paraíso. Un zoo viene a ser eso en primera instancia, una modesta reproducción del paraíso. Un paraíso que, por cierto, estamos perdiendo cada vez que talan un bosque tropical para plantar palmeras del aceite o matan un lobo como venganza. De hecho nos estamos auto expulsando desde los tiempos de Adán y Eva.

En un zoo los animales están como en ese lienzo aunque confinados en compartimentos estancos, como no puede ser de otro modo, pues aunque la naturaleza es bella, no es amigable. Para muchos ese confinamiento es una injusticia. Habría que debatir en profundidad al respecto porque si bien es verdad que para los grandes animales las estrecheces parecen poco deseables (el zoo de Barcelona es de modestas dimensiones), para los pequeños seres la vida que llevan en el zoo es equiparable en muchos sentidos a la que tendrían en el medio natural, incluso mejorada por un dame pan y dime tonto al que se suma un donde ande yo caliente… en el medio natural su esperanza y calidad de vida es inferior, por diferentes causas, y allí dentro hacen lo mismo que harían fuera.

La condición edénica del zoo de Barcelona se acentúa al atardecer, cuando se cierra al público. Es cuando los animales hablan y se mezclan sus voces en un paisaje sonoro indescriptible: chillidos asiáticos, rugidos africanos, graznidos europeos… y es cuando los otros

Garza real en el Zoo de Barcelona. Fotos: Sergi Garcia

animales, los que no pertenecen a la colección pero son del zoo igualmente, aparecen. Escuadrones de murciélagos sobrevuelan los estanques artificiales, las ranas croan, las garzas reales y los martinetes, que forman en los grandes árboles una de las colonias de cría más importantes de Catalunya, regresan a sus nidos. Bandos de grajillas mezcladas con algún que otro cuervo, buscan esos mismos árboles para guarecerse. Los erizos, mamíferos especialmente simpáticos y concienzudamente constantes en su estrategia de defensa, salen de sus escondrijos a hacer sus correrías nocturnas, van y vienen de la Ciudadela al zoo y del zoo a la Ciudadela, aunque más allá de los muros de ese recinto para ellos tampoco hay nada, es su isla de Pascua. Se ha de tener presente que el zoo está enclavado en uno de los parques más antiguos de la ciudad cuya vegetación, en especial el arbolado, es lo suficientemente madura como para dar cobijo a buen puñado de especies, especialmente de aves, habiéndose inventariado 57 residentes más 36 migrantes habituales más otras muchas accidentales. El zoo es todo eso también.

Loba en el zoo. Foto: Sergi Garcia

La nueva dirección que ha de emprender el zoo en un futuro debería contemplar la necesidad de conservar y potenciar sus valores naturales intrínsecos como la colonia de garzas reales, la población de erizos, los anfibios, etc. y evaluar cómo no perder su atractivo (es uno de los lugares más visitados de la ciudad) en el caso de prescindir de determinadas especies de su colección. Quizá se debería potenciar la línea de educación ambiental, que los visitantes salieran de las instalaciones con una mayor conciencia ambiental. El paraíso terrenal es un lugar cargado de nostalgia y de inocencia, quizá sea por eso que los niños quieran volver siempre al zoo.

5 pensaments a “El nuevo Zoo de Barcelona”

  1. Hola Cristina
    No estoy de acuerdo en hacer un zoo fuera de Barcelona ya que consumiría un territorio natural que desgraciadamente no nos sobra. Nuestro patrimonio natural (los espacios abiertos no cuajados de infraestrucuturas, urbanizaciones, cemento, etc) es escaso. Se ha de tener eso presente.

  2. He ido a varios ”zoos” y considero que deberían reubicar el zoológico en un ambiente más apartado de la ciudad, con mayor espacio y ser un centro de recuperación. Un zoo libre de barrotes y con instalaciones más parecidas a su hábitat.

  3. També serà moment per a revaloritzar La Ciutadella com a parc tranquil i central, traient-ne festes i esdeveniments massius que es poden realitzar en espais més perifèrics i metropolitans, igualment ben comunicats.

  4. Una molt bona aportació en aquests temps de tendències fonamentalistes. Naturalment que cal repensar el Zoo barceloní i aprofundir en la seva funció conservacionista i pedagògica, però fugint de tota esmena a la totalitat amb la qual ens faríem un mal servei.
    Prenem-s’ho amb calma.

  5. La reconversión del Zoo de Barcelona, debería tener en cuenta la revalorización del parque como entorno naturalizado dentro del mismo ecosistema urbano, como ocurre con los grandes parques de las grandes ciudades.

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