Músicos

Por M. Eugenia Ibáñez

En el amplio vestíbulo que comunica la conexión de las líneas 3 y 5 del metro, en la estación de Diagonal, se oía el otro día una música poco habitual en aquel subterráneo. Casi pegada a la pared, una mujer joven tocaba en un piano eléctrico el Rondo caprichoso de Felix Mendelssohn. Delante de ella, la funda abierta de un instrumento musical y unas cuantas monedas. Se llama Merx es estudiante de música clásica y desde hace dos años frecuenta los escenarios del metro barcelonés, auditorio en el que, asegura, no encuentra barreras y toca lo que le apetece.

Dice que el ir y venir de los viajeros es casi un silencio en el que se siente a gusto, que el público no la molesta, que resulta agradable comprobar como, de vez en cuando, alguien se detiene para escuchar un ratito y sigue su viaje. Merx  se dedica a la música clásica, especialidad de la que, asegura, es muy difícil vivir. Los auditorios y salas de conciertos son escasos, no hay oportunidades para los jóvenes que empiezan y el alto precio de las entradas y la falta de promoción impiden su conocimiento por parte de la mayor parte de la población. Todo eso, insiste, convierte la música clásica en privilegio para unos pocos.

–¿Cuánto dinero puedes conseguir en una mañana de audición en el metro?

–Unos días más y otros menos, depende, pero a  veces me considero bien pagada cuando alguien me dice que nunca había oído ese tipo de música, que suena bien y que le gusta mucho.

Pasillos del metro: un escenario para todos.

Un pensament a “Músicos”

  1. Pues se podría pasar por las empresas y amenizar entornos, en muchos casos grises o sin cultivo del alma … 🙂

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