Muerte de un poeta

Era alto y desgarbado. Fumaba en pipa, tenía sentido del humor y fue un excelente catedrático de literatura. Además, fue poeta. Eduardo Mendoza, hombre parco en elogios, le ha dedicado sentidas palabras de despedida: “Siento el desamparo de ver que con su muerte se borra todo lo que leyó, lo que sintió, lo que pensó durante tantas décadas”.

Yo, tuve en mis años jóvenes un subdirector, Manuel Ibáñez Escofet, que poco antes de morir escribió sus recuerdos y les puso un hermoso título: La memoria es un gran cementerio. A ese cementerio me lleva la muerte de Luis Izquierdo, memoria de mi tiempo. Han sido los suyos ochenta años vividos con lucidez y compromiso. Hombre decente, poeta sensible e irónico, de flequillo impecable al estilo de su amigo Ernest Lluch.

2 pensaments a “Muerte de un poeta”

  1. Fue mi profesor de literatura en la Escuela de Periodismo. Con él descubrí que leer era algo más que pasar las páginas de un libro. Finalizados mis estudios no volví a tratarle, me quedó el recuerdo de sus clases. Ha sido suficiente.

  2. La seva delicadesa d’esperit i d’intel.lecte com a professor van ser per mi un model imborrable. Un gran ferment en la vocació d’escriure. Thomas Mann, Hesse, Duras, Elliot, Joyce… Quant d’amor a la paraula de qualitat ens donava a cada classe! En temps foscos per la raó, el pensament i la paraula, reivindicar-lo és una exigència moral.,

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