Méndez, el policía que nació dos veces

Con Llámame Méndez, Victoria González, resucita y acaso mate para siempre a Méndez, el personaje literario creado por su padre. 

M. Eugenia Ibáñez
Periodista

Durante treinta años, el inspector Méndez fue para Victoria González Torralba algo así como un tío incorpóreo cuya presencia siempre iba acompañada por el monótono teclear de la máquina de escribir de su padre. Ese policía de ficción se integró con discreción en la familia en 1983 y desapareció en silencio en el 2013, fechas que fijan el principio y el fin de una serie de once novelas protagonizadas por la criatura literaria creada por Francisco González Ledesma, el escritor que marcó un hito en la novela negra de este país.

Ricardo Méndez, mejor Méndez a secas, quedó en estado de letargo el día que Paco murió, en marzo del 2015, para quedar reducido, primero, a una idea difuminada, más tarde en un proyecto de ida y vuelta y, dos años más tarde, convertido en protagonista de una nueva novela.

Victoria ha recuperado al viejo inspector pero no para dar continuidad a sus aventuras por la parte baja de Barcelona sino para explicar sus orígenes y justificar ante sus lectores el por qué de su forma de ser, de su comportamiento adusto y su relación personal con el barrio que le vio nacer. Llámame Méndez es la precuela de las once novelas protagonizadas por el inspector, el libro que explica la juventud nunca conocida de un policía imaginario y, probablemente, el último capítulo de una vida de ficción.

Méndez
José Martí Gómez, Victoria González y Paco Camarasa, durante la presentación del libro en la librería Malpaso. Foto: SALVADOR SANSUÁN

Victoria González Torralba tenía 17 años cuando su padre publicó Expediente Barcelona, en 1983. De aquel nacimiento literario no recuerda nada en especial, solo que el advenedizo de Méndez fue metiéndose en la familia hasta formar parte de ella con todo lo que eso implica, afectos, antipatías y alegrías vinculadas a los muchos premios que su padre obtuvo. González Ledesma tenía a su personaje interiorizado y no solía comentar los movimientos del policía por Poble Sec, la Rambla o el entonces llamado Barrio Chino. Méndez fue casi un secreto profesional solo compartido ocasionalmente con su mujer, Rosa Torralba, convertida en fiel seguidora del policía en el hogar, en encuentros de novela negra o las galas de los premios. Paco nunca renunció a su máquina de escribir y llegados los tiempos de Internet fue Victoria quien se ocupó de pasar los textos al ordenador para convertirlos en originales más cómodos para la editorial, así que, a partir de ese momento, se convirtió en el miembro de la familia más próximo a las aventuras y desventuras de Méndez y quizá también la más crítica con la forma de ser de ese peculiar policía al que tantas veces había calificado de “antipático y casposo”. Fue Victoria también quien ayudó a su padre a dar los retoques finales a Peores maneras de morir, la última novela que Paco concluyó tras sufrir un ictus.

Méndez
Francisco González Ledesma

González Ledesma había planteado en diversas ocasiones la posibilidad de escribir la precuela de Méndez e incluso se lo había comentado a su agente en Francia, pero nunca la afrontó en serio. Tras su muerte, el tema se recuperó en un encuentro familiar y fueron sus hermanos y su madre quienes propusieron a Victoria explicar cómo había sido la juventud de aquel policía. La primera respuesta fue un no rotundo, pero la idea caló y poco a poco fue tomando forma, fueron apareciendo escenarios, ambientes, amigos, padres y vínculos con los barrios que años más tarde pisaría el Méndez adulto. Victoria volvió a repasar las once novelas de su padre, se centró más en la esencia del personaje que en las tramas de los textos, y se exigió encontrar en el Méndez joven la explicación del por qué aquel inspector al servicio de un sistema político represor se comportaba en ocasiones como un hombre de izquierdas. El Méndez íntegro que daba más importancia a la justicia que a las leyes necesitaba una juventud con compañeros a su lado que formaran su carácter y modelaran su honestidad. Y esos personajes, un policía y un maestro, son los que acompañan al joven Ricardo por las calles de Poble Sec en Llámame Méndez. El primero legó al muchacho su forma de relacionarse con la gente, con esos vecinos que tantas veces le ayudarán a resolver sus casos. Del segundo, el maestro, captó el muchacho las pautas morales, su amor a los libros y el respeto a los débiles. Victoria González Torralba explica también el origen familiar del policía y se permite la licencia de convertir a Paco, su propio padre, en fugaz personaje de la novela al narrar el encuentro del joven Méndez con un periodista en una biblioteca.

MéndezLa autora ha intentado reproducir en Llámame Méndez el lenguaje utilizado en las once novelas de su padre y ha usado expresiones a las que, asegura, ella nunca recurre. Lo ha tenido más fácil con el sentido del humor paterno, “casi una cuestión familiar”, y dice que no es consciente de haber caído en la tentación de dar a la novela su propio registro literario. Eso sí, el Méndez adulto y los personajes creados por su padre le han hablado muchas veces a lo largo de los dos años que ha durado la redacción de la novela y gracias a ellos dice estar convencida de haber recreado el ambiente que hubiera tenido la precuela si la hubiera escrito González Ledesma.

El Méndez malherido que aparece en las últimas páginas de Peores maneras de morir no se recuperará de sus heridas para protagonizar más novelas. Victoria González Torralba ha dado vida al joven Ricardo pero no continuará con el Méndez adulto, lo que no implica que esa primera novela suya no marque el inicio de una carrera literaria, algo que no se plantea ni como obligación ni como necesidad. Licenciada en Ciencias de la Información, colaboradora en revistas culturales, dice que, de momento tiene una idea que se concreta en poco más de “un nombre, una característica física y una frase”. Si ese ligero material literario muta en armazón consistente lo convertirá en novela que, casi con toda seguridad no será policiaca. “Ya veremos.”

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