Memoria u olvido

Por José Martí Gómez

El decimotercer aniversario del atentado del 11-M en Madrid ha sido  tema central de varios medios de comunicación durante el fin de semana. Ignoro mediático el motivo de ese recuerdo concretamente en una fecha tan neutra como los trece años de la masacre. Algún motivo debe haber,  supongo.

Recordar u olvidar. El gran dilema. Hace treinta, más o menos, un escritor chileno, Ariel Dorfman, triunfó con una novela que se adaptó a obra teatral, La muerte y la doncella, y fue llevada también al cine. Contaba la historia de una mujer torturada por la dictadura que, un día, reinstaurada la democracia, se ve cara a cara con el hombre que la torturó.

La obra triunfó  porque el tema de la memoria o el olvido, la venganza o el perdón, se podía situar en Chile pero también en Argentina, en Brasil, en Uruguay, en España… En cualquier país que hubiese sido castigado con una dictadura.

La tesis de Ariel Dorfman era que tratar de silenciar la memoria de lo que ocurrió es devastador para una sociedad. La memoria siempre resurge en un momento de la historia de una persona, de un país. Nunca hay olvido, por adormecido que pueda estar el recuerdo de lo que pasó: “Hay cosas que ocurrieron y uno no puede olvidar y con eso no quiero decir que no crea  en la historia debe haber un lugar para el perdón y el olvido”, me dijo Ariel Dorfman cuando le entrevisté.

Ahora se acaba de publicar un libro, Elogio del olvido, de David Rieff, que sustenta lo contrario: “Buena parte de la historia que pudo haber ocurrido ha sido ya olvidada por todos, salvo por los historiadores”.

Libro polémico, como lo fue también la obra de Dorfman. Defendiendo su tesis, David Rieff dedica algunas páginas a la transición española: “En gran medida, la transición democrática española  llegó sobre las alas de la reescritura y del olvido”.

 

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