Medir la tolerancia

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Javier Andrés Beltrán

16/6/2012 (23:30) El presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, continúa esforzándose también en su ‘otro’ trabajo. Porque además de tener que gestionar el caos financiero y la rabia social por la herencia recibida –ésta de manos amigas y en cajones no escondidos-, Fabra sigue implacable en su cruzada contra aquellos compañeros de partido inmersos en casos de corrupción y, especialmente, los que han sido imputados en alguna causa judicial. Casi todas las semanas sabemos de algún cese nuevo. El viernes anterior fue el turno del ya ex director económico y financiero de RTVV, Ricardo Calatayud, tras su imputación por el saqueo de caudales públicos realizado desde la dirección de Canal 9 aprovechando como tapadera la cobertura de la visita el Papa a Valencia en 2006. Con él son ya cuatro los altos cargos de la radiotelevisión valenciana imputados.

Entre ellos el ex director general de RTVV, Pedro García, que antes fue jefe de gabinete de Eduardo Zaplana en la presidencia de la Generalitat. El juez les imputa por supuestos delitos de prevaricación y de malversación de fondos públicos. Delitos que, presuntamente, habrían realizado desde la misma empresa en la que, además de llevárselo crudo para la trama Gürtel, colocaron a centenares de los propios y de la que ahora quieren despedir a no menos de 1.200 trabajadores después de llevarla a la ruina económica, al descrédito profesional, y a la muerte social.

Eso fue la semana pasada, porque el protagonista del capítulo de afectados en esta que hoy acaba es uno de los pesos pesados de la política valenciana en las últimas década. Vamos, un histórico que dirían los clásicos y no sin razón. Porque si Rafa Nadal ha hecho historia al ganar su séptimo torneo de Roland Garros, otro Rafael, de apellido Blasco, ya la hizo antes al ser el único político capaz de acumular ese mismo número de consellerias, siete, en su dilatada vida de servidor de lo público.

Pero todo hace pensar que el tenista acabará superando al político. Porque parece probable que Nadal pueda ganar más títulos sobre la tierra batida de París y, sin embargo, todo parece indicar que Blasco empieza ya a batirse en retirada y a poner tierra de por medio en la actividad política de primera fila. De momento esta semana ha dado un clarificador paso atrás dejando de ser portavoz del grupo popular en el parlamento autonómico. Veremos si el devenir judicial del sumario abierto por el saqueo de parte del dinero público destinado a la cooperación internacional, presuntamente gestado en el seno de la consellería que él presidía, acaba finalmente con la carrera política de quien fue primero conseller socialista con Joan Lerma y que siguió siendo conceller después, aunque esta vez popular, con los gobiernos de Eduardo Zaplana, José Luis Olivas y Francisco Camps.
Gobiernos en los que, en los años de vino y rosas, se miró hacia otro lado y se tuvo la manga ancha y la mano abierta con los amiguitos del alma y el resto de tramas corruptas que salpican al PPCV. De la absoluta impunidad Fabra quiere pasar a la tolerancia cero. La oposición maneja otras cifras y habla de tolerancia ocho, refiriéndose al número de cargos que mantiene en su puesto pese a estar formalmente imputados. No sé quién tiene razón a la hora de medir la tolerancia. Como no sé tampoco si en esa cifra se incluye al presidente provincial del PP en Castelló, Carlos Fabra, quien sólo dejará el cargo este verano por voluntad propia.

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